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16/05/2013 08:12 CEST | Actualizado 14/10/2013 12:33 CEST

Socialistas de derechas

Tienen la creencia inoculada por la derecha de que todo lo que venga de la izquierda es totalmente inviable y utópico. Por eso siempre IU tiene mejores resultados en las encuestas que en la realidad. Y por eso, movimientos cívicos como los liderados por Julio Anguita o el 15M, no serán nunca más que un brindis al sol.

Aunque en principio pueda parecer contradictorio, no es nada extraño que haya trabajadores de derechas. Por una parte puede ocurrir que sus valores católicos estén por encima de cualquier otra consideración y esto les acerque a partidos democristianos. Por otra parte, puede que compartan las políticas económicas liberales porque consideren que de esta manera se fomenta la iniciativa privada la cual terminará por convertirse en nuevos puestos de trabajo. Es de suponer que las dos militantes del PP que hace poco fueron desahuciadas pero mostraron su fidelidad al partido se sienten próximas a alguna de estas corrientes internas del PP.

No es ese tipo de persona el que debería extrañarnos porque al fin y al cabo son coherentes con sus convicciones. En realidad hay otro tipo de votante con el que a veces tropiezo y que me produce cierta desazón. Son los trabajadores, quienes, a pesar de considerarse de izquierdas, no tienen inconveniente en afirmar que los políticos de derechas están más preparados.

La del político preparado es una imagen que la derecha ha cultivado siempre y que la izquierda ha descuidado en muchas ocasiones, especialmente en el caso de Izquierda Unida. Los políticos de izquierda en su intento de aproximación a la clase trabajadora, siempre han intentado desmarcarse de imágenes que les asociaran a los políticos de derechas, no que les acercaran a los trabajadores. Porque no es lo mismo una cosa que la otra. El no llevar corbata en una intervención parlamentaria sino un adhesivo no te acerca a los trabajadores sino que, aunque parezca superficial, resta seriedad y credibilidad. Al final, muchos votantes, incluso inconscientemente, sienten rechazo por alguien que se parece más a un delegado sindical piquetero que a un experto en economía y terminan por afirmar que los políticos de derechas están más preparados, aunque ésta no sea una realidad sino una falsa percepción de ésta. Y lo digo yo, que no tengo ni una corbata en el armario.

Pero todavía hay otro tipo peor de simpatizante de izquierdas: es el que se llena la boca con frases grandilocuentes sobre la paz mundial, la tolerancia y el respeto por todo y por todos, el que aboga por la regeneración de la clase política, el que rechaza acumular dinero y bienes como objetivo vital por encima de cualquier otra cosa y siempre dice lo mucho que le gustaría cambiar la realidad. Pero que luego, a la hora de la verdad, se rige por el más vale malo conocido y le invade el miedo cuando un partido propone políticas alternativas a las que ya se sabe que han fracasado.

Muchos de estos son socialistas que en las encuestas se decantan por Izquierda Unida pero que en la realidad sienten temblores en las piernas cuando están ante las urnas y terminan por votar al PSOE o, en todo caso, abstenerse. Y es que en el fondo tienen la creencia inoculada por la derecha de que todo lo que venga de la izquierda es totalmente inviable y utópico. Por eso siempre Izquierda Unida tiene mejores resultados en las encuestas que en la realidad. Y por eso, movimientos cívicos como los liderados por Julio Anguita o el 15M, no serán nunca más que un brindis al sol en una sociedad que en su mayoría considera que desde el centro tan solo se puede dar un pasito a la derecha o a la izquierda y que más allá no hay vida posible, cuando a lo mejor la sensatez no está en el centro sino en la izquierda.