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31/05/2013 08:17 CEST | Actualizado 30/07/2013 11:12 CEST

Europa, a las puertas de un motín democrático

La nave llamada UE exige un cambio de rumbo, de mando y hacer reparaciones radicales en la estructura. Para todo esto necesitamos, ya, un motín democrático. Ha llegado la hora de ocupar el puente de mando, hacer las reparaciones de emergencia, cambiar el rumbo y encarar un puerto seguro.

La UE es como una nave altamente deteriorada que navega con el rumbo equivocado, en medio de una terrible tormenta, gobernada desde un puente opaco (con cristales ahumados) por un/unos patrones que tienen cada uno la mirada más pendiente de su particular bote salvavidas que en cómo salvar el barco, y con una tripulación cada vez más desmotivada, cuando no ya harta e indignada, y a punto del amotinamiento.

UN BARCO PLAGADO DE VÍAS DE AGUA

En primer lugar, una economía en depresión, como las que tenemos en el sur de Europa, no genera suficientes ingresos públicos para reducir el déficit, esta situación conlleva que se cree una espiral de deuda pública, de modo que crece también la dependencia del sector público respecto a los mercados financieros. Por tanto, la austeridad no sólo no ayuda a los gobiernos a recuperar la llamada "confianza de los mercados" sino que, además, los debilita (entregándoles la soberanía y socavando la capacidad de los ciudadanos para tomar decisiones sobre su economía).

¿Y cómo afecta esto al resto, a los llamados motores de la economía europea, como Alemania? Pues como era de esperar: la actividad manufacturera en Alemania, la mayor economía de Europa, ha caído por segundo mes consecutivo. Es decir: la recesión también está golpeando a Alemania, y ésta no terminará hasta que no se reviertan las medidas de austeridad y reactive el consumo interno del mercado de la UE.

Sea como sea, podemos poner parches para salvar la situación y capear el temporal, pero, asumámoslo de una vez: el barco tiene problemas estructurales, de diseño y de materiales usados. Le hace falta una reparación a fondo.

RUMBO: NAVEGAMOS DIRECTOS AL CORAZÓN DE LA TORMENTA, EN LUGAR DE SALIR

Hay un hecho innegable: los países donde se aplican los programas de ajuste macroeconómico impulsados por la Troika, la crisis, lejos de desaparecer, se ha agravado.

Los habitantes de estos países no sólo se enfrentan a un fuerte deterioro de sus condiciones de vida (altas tasas de paro), sino que muchos ya han traspasado el umbral de la pobreza. Las desigualdades son cada vez más insostenibles, mientras la degradación del sistema de protección social y el desmantelamiento del Estado de bienestar son el denominador común actual en la UE.

El miedo a la crisis de la deuda es utilizada por la UE para hacer aceptar el despliegue de las políticas neoliberales de la derecha. La UE no ha dudado en recomendar a Estados miembro retrasar la edad legal de jubilación, flexibilizar el mercado de trabajo y destruir puestos de trabajo de la Administración pública, reducir salarios de manera generalizada, destruir bienes y servicios públicos como la educación y la salud, privatizar los servicios de agua y sectores estratégicos de la economía nacional y frenar las políticas ambientales.

La austeridad, en Europa, va mucho más allá de un simple equilibrio en las finanzas públicas. Este concepto es la excusa perfecta para encubrir lo que, de hecho, no es sino una dictadura: la dictadura de la deuda o Debtocracy.

PERO AQUÍ, ¿QUIÉN MANDA?

El gran drama europeo (al menos lo más urgente y estructural), no es el económico, ni el financiero, ni siquiera el ecológico (siendo todos ellos claves y dramáticos), el gran drama es el déficit democrático, o mejor dicho, la falta de credibilidad democrática de quienes comandan el proceso.

A las puertas de las elecciones al Parlamento Europeo (25 de mayo de 2014) debemos tener presentes que los dos factores que más pueden movilizar a la ciudadanía no son la bandera azul estrellada, ni los himnos, ni la historia compartida, ni la mitología, ni nada de eso, lo que determinará si la gente tiene suficiente incentivos para ir a votar será, fundamentalmente, los índices de generación de empleo y las reformas democráticas estructurales.

Los gritos de la tripulación en este sentido son cada vez más ensordecedores, y aún así quienes están en el puente de mando (los actuales gobiernos europeos, la mayoría claramente neoliberales o conservadores; las instituciones financieras, como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional; o la tecnocracia europea, eso es, la Comisión Europea) ni los escuchan, ni parecen tener intención de hacerlo.

Así pues, la nave llamada UE exige un cambio de rumbo, de mando y hacer reparaciones radicales en la estructura. Y para hacer todo esto necesitamos, ya, un motín democrático. Europa sí, pero no así.

Ha llegado la hora de ocupar el puente de mando, hacer las reparaciones de emergencia necesarias, cambiar el rumbo y encarar un puerto seguro donde podamos hacer las reparaciones estructurales que la nave precisa.

¿A QUÉ JUEGA EL PARLAMENTO EUROPEO?

Dado que la ciudadanía hace tiempo que está lista para el motín, ha llegado el momento para que el Parlamento Europeo decida de parte de quién está, si con la tripulación-ciudadanía amotinada, o con los gobiernos, avalando las decisiones del puente de mando. Yo voto por lo primero. Y la mejor forma de demostrarlo será cuando tengamos que votar el marco financiero plurianual.

Yo sugiero votar no a una propuesta que insiste en la lógica de los recortes austericidas, y de la primacía de la intergubernamentalidad como doctrina (en contra de la respuesta europea).

Plantándonos estaremos mandando un doble claro mensaje: primero, vale la pena votar en las elecciones al Parlamento Europeo, puesto que sí pintan algo, de hecho mucho, y segundo, nos permitirá explicar en campaña qué postura tiene cada grupo/partido en relación a cómo debe afrontarse el debate sobre qué recursos debemos destinar, cómo generar ingresos propios y quién debe establecer las prioridades en términos de inversión.

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