La misma noche en la que el PNV ganó las elecciones, era obvio que la diabólica aritmética no le permitiría sacar adelante nada en el Parlamento de Vitoria-Gasteiz sin acuerdos previos. Con tan solo 27 escaños de 75, su anhelo por acceder al poder lo más rápidamente posible le ha llevado a un desgaste innecesario.
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La misma noche en la que el PNV ganó las elecciones, era obvio que la diabólica aritmética no le permitiría sacar adelante nada en el Parlamento de Vitoria-Gasteiz sin acuerdos previos. Aun así, con tan solo 27 escaños de 75, su anhelo por acceder al poder lo más rápidamente posible le ha llevado a un desgaste innecesario. Si hubiese actuado de una forma más inteligente, hoy tendría una estabilidad suficiente que le permitiría gobernar tranquilo: con los presupuestos aprobados y paz en la Cámara vasca. Porque, tarde o temprano, más esto último, no va a tener otro remedio que suscribir acuerdos si quiere sobrevivir.

Los datos que acaba de hacer públicos el Gabinete de prospección sociológica del Gobierno vasco manifiestan escasa variación. Tan solo el PSE perdería un escaño a favor de Izquierda Unida-Ezker Anitza; lo que significa que el resto de las formaciones políticas se quedarían con la misma representación. Nada del descalabro de EH Bildu que se auguraba en algunos sectores: a lo sumo parece ser que podría perder un escaño en Gipuzkoa pero lo ganaría en Álava. Un reajuste nacionalista puntual en ese territorio histórico que estaría relacionado con la polémica suscitada con el nuevo sistema que quiere implantar en la recogida selectiva de residuos orgánicos, el polémico puerta a puerta.

Tras la reunión el pasado martes a puerta cerrada del lehendakari Urkullu con los distintos representantes de la oposición, éstos vuelven a quejarse de inconcreción; así que o mucho cambian las cosas, o cualquier acuerdo quedará como la tinta diluida: en agua de borrajas.

El tiempo pasa: hace casi seis meses desde que el PNV accediera al poder y ha tenido que ser el portavoz del Gobierno Josu Erkoreka quien manifestase públicamente el pasado jueves, que descartaba un posible adelanto electoral. Aunque tan solo sea un sondeo sociológico, queda claro que en Euskadi la variación de voto es mínima, y además el vaivén en esta ocasión es entre el ámbito nacionalista. No es ninguna nimiedad; alguien tendrá que tomar nota de ello por dos cuestiones: una de cara al debate sobre el nuevo estatus, puesto que el PNV no ha olvidado su apuesta por activar una nueva ponencia de autogobierno y en ese viaje tan solo podría acompañarle EH Bildu. Otra: de cara al futuro acuerdo que tendrá que suscribir el PNV si quiere agotar la legislatura. A EH Bildu le interesa para esa consulta, pero no hay que olvidar que hay un porcentaje de votos que PNV y EH Bildu se disputan. Así que un acuerdo de Gobierno, es prácticamente imposible.

Los datos arrojados por el Gabinete de prospección sociológica también ponen sobre la mesa un dato obvio, pero interesante: que EH Bildu incrementa su intención de voto en aquellos enclaves donde no gobierna.

Si la eterna candidata con la que ir al altar continúa perdiendo votos, con el paso del tiempo al PSE no le va a quedar más remedio que rebajar su nivel de exigencia. Con Patxi López y otros dirigentes del socialismo vasco replanteándose su futuro en Madrid y la nueva generación del lehendakari que lo arropa en Ajuria Enea, resistiéndose a propuestas concretas y concesiones que no están dispuestos a dar, la sensación en la ciudadanía de debilitamiento gubernamental empieza a calar hondo.

El deber de la clase política y más en este momento económico tan grave es ser responsable y quien primero tiene que serlo es quien está en el poder. No salpicar de lamentos cada discurso y culpar a la oposición de no colaborar, cuando precisamente el PNV fue quien más se dedicó a desgastar al Gobierno anterior que, por cierto, sí contaba con mayoría absoluta en el Parlamento tras el acuerdo suscrito entre socialistas y populares. Sería de una ingenuidad absoluta pensar que sin contraprestaciones a cambio puede obtenerse el apoyo de una oposición que, con la crisis tan grave que asola al país, no tiene demasiado interés en gobernar y sí en desgastar a un Gobierno en manifiesta minoría.

Déjense de acusaciones mutuas, y riñas de patio de colegio. Pacten con quien les resulte más atractivo, o con el que menos guapo. Escuchen todo lo que se fraguó y llegó a buen puerto con lehendakaris de su propio partido en las estancias de Ajuria Enea. Ejemplos tienen. El toro, siempre hay que cogerlo por los cuernos, y de lo contrario, no vestirse el traje de luces para salir a un ruedo que no se domina. El tiempo pasa.