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31/01/2019 07:27 CET | Actualizado 31/01/2019 07:27 CET

Un libro para cada persona

Getty Images

Hace poco, un estudio realizado por la Federación de Gremios de Editores de España reveló que el 40% de los españoles no lee nunca. La principal razón que esgrimían para no hacerlo era la falta de tiempo. Bueno, vale. Aunque yo soy de los que piensa que no es imposible sacar un ratito al día para eso, entiendo que después de un duro día de trabajo, de ir a recoger a los niños al cole y llevarlos a todo tipo de actividades extraescolares —y cada vez más sorprendentes; un amigo mío lleva a sus hijas a capoeira—, de bañarlos, de pelearte con ellos para que se coman las acelgas y de discutir con tu pareja para ver a quién le toca ir mañana a la compra, la gente lo único que quiere es sentarse delante de la tele y pensar lo menos posible. Aun así, siempre se pueden encontrar breves momentos para dedicarlos a la lectura; en el baño, en el metro o autobús, justo antes de dormir... pero el verdadero problema es el segundo motivo por el que esos casi 20 millones de españoles dicen no leer: porque no les gusta.

Yo tengo varios amigos que están en este numeroso grupo y que forzaron la más falsa de sus sonrisas cuando les dije que había escrito un libro y que me gustaría que se lo leyeran para darme su opinión:

—Talión, ¿eh? ¿Y de qué va?

—Trata sobre una periodista a la que le dan dos meses de vida y se dedica a cepillarse malos antes de morir.

—Coño, suena bien. ¿Van a hacer serie?

—Ojalá.

—El libro te lo compro y prometo regalarlo en los próximos cumpleaños y fiestas de guardar, pero si no te importa, yo me espero y lo veo en la tele.

La gente que asegura que no le gusta leer lo que tiene es mal tino y, sobre todo, mal recuerdo de la época de estudiante, donde a los de mi generación nos obligaban a leer cosas inadecuadas para nuestra edad.

A la mayoría de ellos tuve que perseguirlos y a días me sentí como un comercial de compañía telefónica, pero al final lo conseguí. Y lo más sorprendente es que muchos de esos amigos me llamaron al cabo de un tiempo totalmente desconcertados:

—Oye, ¿esto lo has escrito tú de verdad o te han echado una manita?

—Yo solo, ¿por? Que no tengo pinta ni de saber escribir mi nombre, ¿no?

—No, tío, que me ha flipado. La tía es la caña. Y las historias de los malos molan que te cagas. ¿A quién vais a poner de prota?

—Como si eso dependiera de mí...

Recibir ese tipo de llamadas es de lo más gratificante para alguien que trata de ganarse la vida escribiendo, pero más allá de inflarme el ego, me llevó a sacar una conclusión: la gente que asegura que no le gusta leer lo que tiene es mal tino y, sobre todo, mal recuerdo de la época de estudiante, donde a los de mi generación nos obligaban a leer cosas inadecuadas para nuestra edad. A esos amigos míos les gustó Talión porque forman parte del target al que va dirigido. Si a cualquiera de esas personas que no tienen hábito de lectura les das un ensayo de kilo y medio, probablemente jamás abandonarán ese 40%. Pero después de terminar de leer mi novela yo les hice ver que —por desgracia— no tenían como amigo al mejor escritor del mundo, sino que yo escribía en un estilo muy audiovisual en el que prima la acción y por eso les había gustado tanto, pero que no era el único.

Después de aquello les he recomendado unas cuantas novelas más y me enorgullece decir que he sacado de la oscuridad a varios amigos y que incluso estoy empezando a lograr que vayan un poquito más allá del thriller. Uno de ellos incluso se ha leído una de las trilogías de Santiago Posteguillo. Sólo hay que saber acertar, pero estoy convencido de que hay un tipo de libro adecuado para cada persona. Hay que encontrarlo y entonces, en la siguiente encuesta, podrán decir que no leen porque no tienen tiempo, pero nunca porque no les guste.

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