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22/03/2018 07:31 CET | Actualizado 22/03/2018 07:31 CET

Hembristas, Radicales y Feminazis

Baltana

La Hembrista, la Feminista Radical y la Feminazi son imaginarios creados por el Patriarcado y reproducidos en la sociedad para controlar la emancipación y el reconocimiento de las mujeres como sujetas politicas y mantener estos procesos en grados y limites cómodos. Son los epítetos que el machismo usa para nombrar a las mujeres sin miedo. El miedo es un mecanismo de control para que vivamos aterradas a expresar opiniones, a ser feas, a engordar, a contradecir, salir a la calle, a que nos violen, al ridículo, a la soledad, a no casarse, al rechazo romántico, al despido, a la celulitis, al infierno, a viajar solas, a que nos peguen, a creer en nosotras mismas, etc.

Estas representaciones nos hacen creer que existen feministas buenas y malas, que es posible excluir y desconocer como tales, mediante etiquetas y estereotipos, a aquellas mujeres cuyo tránsito hacia su propia liberación parece más amenazante que el de las otras, asumiendo que "alguien más" fuera de las mismas mujeres, tiene el privilegio para definir que feminismos aceptar, que procesos de liberación y búsqueda de autonomía son más legítimos o no, que mujeres son buenas y cuales malas.

Estas representaciones nos hacen creer que existen feministas buenas y malas

El arquetipo de la Feminazi no es nuevo, es mítico. En tradiciones sagradas, las Diosas o Divinas Femeninas que representan mujeres con poder, carácter desafiante y autonomía sexual como Kali, Lilith u Oyá, son descritas como temperamentales y peligrosas para el statu quo. Porque, obvio, no hay nada más peligroso que una mujer que no tiene nada que perder.

Si los activismos feministas te parecen sólo una horda de Hembristas, Radicales o Feminazis tienes que preguntarte que te impide querer el fin total de la violencia, la discriminación y la muerte de las mujeres por el hecho de ser tales y que sentido tiene una lucha que pida el fin de los feminicidios "en la medida de lo posible" o que desea el 30% o el 50% del fin del abuso sexual.

Usar estos términos u otros relacionados, como feminismo violento o feminista odia-hombres, para descalificar los procesos de liberación de las mujeres, es ejercer violencia simbólica con estereotipos que despolitizan la respuesta de las mujeres a la opresión como una conducta aleatoria y extrema.

La Hembrista, la Feminista Radical y la Feminazi son los arquetipos vilificados de las mujeres que actúan motivadas por la idea de que son personas

Todo feminismo es radical, porque todos los feminismos, en todas partes, quieren el FIN TOTAL de la desigualdad, la violencia y la exclusión. Esto significa nada más y nada menos que vamos a la RAIZ, a la genealogía de la marginalidad, a rastrear el origen de las opresiones, para comprenderlas y diseñar estrategias múltiples y situadas para terminar definitivamente con ellas. Ser radical no es una cuestión de efectismo y violencia, sino de cuestionar atrevidamente la realidad y persistir en ello. Esto sólo puede molestar a los que se benefician de que todo siga como está.

Cada fuerza social que demanda un cambio de paradigma remueve los cimientos del establishment y provoca conflicto. A las mujeres que luchan se les demoniza particularmente por ello. Sin embargo, el único cambio que vale como justicia social es la transformación profunda y no las reformas gatopardistas o el maquillaje político de buena crianza, con los cuales todo cambia para seguir igual.

La Hembrista, la Feminista Radical y la Feminazi son los arquetipos vilificados de las mujeres que actúan motivadas por la idea de que son personas; las etiquetas que distinguen a las que no se detienen ante la incomodidad. Aquellas que entienden que el fin de la violencia es el FIN TOTAL. Esas que quieren ser libres a pesar de la mala cara del Patrón, del Estado, el Marido o el Cura. Las mujeres que no pararán hasta que todas seamos totalmente libres, porque la tibieza es un defecto cuando se trata de defender nuestras vidas. Humanas valientes a las que no les importa encontrarse con el escarnio ni la caricatura en el camino de reclamar su poder y su dignidad.

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