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29/04/2018 10:37 CEST | Actualizado 29/04/2018 11:50 CEST

¿Lo vamos a consentir?

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Han pasado 72 horas desde la fatídica sentencia del juicio a la manada. En estos días nos hemos cabreado, llorado, gritado, discutido, manifestado y expresado nuestra indignación a través de concentraciones, memes, comunicados, vídeos, conferencias, recogidas de firmas, artículos y entrevistas. Las conversaciones de bar, las sobremesas, los chats de WhatsApp, los viajes en taxi y hasta nuestras charlas con nosotras mismas en la ducha han ido sobre "eso". Hemos leído y releído hasta vomitar el texto de la sentencia. Hemos dormido fatal. Hemos enfermado. Hemos echado cuentas con los años de condena. Hemos señalado con el dedo. Hemos pedido cabezas... Porque no podemos dejar pasar sin más esta barbaridad. No podemos mirar hacia otro lado y dejarnos arrastrar por tanta maldad.

Esta primera reacción era lógica. La respuesta de la justicia ante este acto es clave, no sólo para la mujer que sufrió los ataques, sino para todas las mujeres de este país que hemos comprobado con horror el grado de desprotección al que nos enfrentamos. Oponernos a esta resolución es vital para que este tipo de delitos no quede impune ni se refuerce con ella la idea de que las mujeres somos cuerpos disponibles. Pero si nuestro objetivo, además de aplicar la justicia, es conseguir que estos hechos no se vuelvan a repetir hemos de ampliar nuestra longitud de mira y no quedarnos únicamente en el juicio final sino analizar cómo esas personas han llegado hasta esa situación y qué cosas hay que cambiar. Es innegable que esta sentencia nos ha dejado dolidas y desprotegidas pero también nos está ofreciendo una imagen cristalina de lo que somos como sociedad y lo que es más importante: nos está dando la oportunidad de actuar, de manera constructiva, para que esto no vuelva a pasar.

Oponernos a esta resolución es vital para que este tipo de delitos no quede impune ni se refuerce con ella la idea de que las mujeres somos cuerpos disponibles

De poco sirve meter a hombres maltratadores en la cárcel si no trabajamos duro para que al año siguiente no aparezcan más. Tampoco es suficiente señalar con el dedo a quien encarna las consecuencias de un sistema si no estudiamos las causas que lo generan. Lo difícil es hacer autocrítica; lo fácil, tirar balones fuera. Estoy convencida de que todas las personas que hemos comentado acaloradas, en los bares, en los taxis o en nuestras casas el escandaloso caso de la manada podemos hacer mucho más que hablar. Podemos actuar en el día a día y desde el lugar que ocupamos como familiares, amigos, parejas y desde nuestro ámbito profesional. La realidad es que todos y todas contribuimos a perpetuar cada día un sistema machista que está tratando injustamente a la mitad de la humanidad. Quizás nuestros gestos nos parezcan insignificantes comparados con una violación, pero nuestro gesto sumado a millones de gestos, repetidos millones de veces son los que normalizan y avalan un comportamiento generalizado. ¿Qué podemos hacer para formar parte del cambio y poner solución?

Para empezar, el ámbito político puede ofrecer un marco jurídico que regule y vele por la igualdad y por la seguridad de todas las mujeres, que son la parte más afectada por esta situación de vulnerabilidad. Para continuar, las personas que votamos también tenemos mucho poder de decisión al elegir a partidos políticos que incluyan en sus programas medidas efectivas para conseguir la igualdad.

El Ministerio de Educación, el personal docente, las editoriales de libros, también pueden integrar en sus clases la perspectiva de género y visibilizar los logros y la historia de las mujeres. Las empresas de publicidad pueden dejar de usar el cuerpo femenino como reclamo visual y representarnos como personas con cara, con rostro, con identidad, no como trozos de carne cortados en cachitos para seducir al personal. De paso que dejen de retratar a los hombres como animales depredadores o sementales incapaces de pensar.

Quizás nuestros gestos nos parezcan insignificantes comparados con una violación, pero nuestro gesto sumado a millones de gestos, repetidos millones de veces son los que normalizan y avalan un comportamiento generalizado

El mundo de la moda puede dejar de desparramarnos de una vez por los rincones, por descampados y por lugares mugrientos. Pueden dejar de representarnos como cuerpos drogados con burundanga y desprovistos de voluntad. Pueden (deben) dejar de normalizar la violencia hacia las mujeres para vendernos complementos.

Los actores y actrices porno pueden negarse a reproducir escenas de violaciones con las que se educan en el sexo millones de adolescentes (y algunos magistrados) que luego creen que eso es "disfrutar". Los directores de pornografía también pueden dejar de hacer vídeos chorras con perritos en la mano jactándose de comerciar con los cuerpos de las mujeres como quien vende caramelos. Quienes consumen prostitución podrían decidir no hacerlo.

Los cantantes de letras machistas se lo podían hacer mirar. Los directores de cine podrían dejar de crear películas sobre mujeres a las que les gusta que las violen y que además se enamoran de sus violadores. Los presentadores de programas en prime time podrían dejar de hacer preguntas sexistas a sus invitadas.

Los amigotes de los grupos de WhatsApp podrían no reír los chistes machistas ni vitorear a ningún colega que fantasee con la idea drogar a una mujer o abusar de ella.

Todos consentimos a diario gestos machistas aparentemente inofensivos sin hacer nada. Curiosamente, lo mismo que han hecho los señores magistrados con el caso de la manada

Los jueces y las juezas podrían formarse en materia de género para poder realizar su trabajo con rigor y profesionalidad en lugar de emitir opiniones subjetivas y claramente "viciadas" por la cultura machista.

Directores, comités, jurados y todos aquellos organismos con poder para contratar o mostrar el trabajo de las mujeres podrían tener en cuenta las cuotas igualitarias para crear confianza en su labor profesional y que la sociedad deje de considerarlas exclusivamente objetos sexuales.

Los consumidores podríamos elegir mejor qué marca o qué medios, y por tanto qué valores, queremos apoyar con nuestro dinero.

Hombres y mujeres podríamos intentar escuchar, informarnos sobre lo que significa el feminismo en lugar de rechazarlo e insultar.

La lista es larga y hay muchas cosas más. Todos y todas consentimos a diario gestos machistas aparentemente inofensivos sin hacer nada. Curiosamente, lo mismo que han hecho los señores magistrados con el caso de la manada.

Manifestaciones La Manada

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