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Corbyn: el líder que puede evitar el divorcio británico de Europa

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JEREMY CORBYN
El líder laborista, Jeremy Corbyn, participa en la reunión socialdemócrata previa a la cumbre europea. | C.C. URABAYEN
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Los focos no le han alumbrado en su visita express a Bruselas, pero muchos analistas señalan que lleva sobre sus espaldas la pesada responsabilidad de mantener al Reino Unido en Europa. Mientras el primer ministro, David Cameron, desarrolla una actividad diplomática frenética en Bruselas y es perseguido por toda la prensa británica y europea, Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista, participa discretamente en la misma ciudad, adornado con el New York Times bajo el brazo y acompañado por su mujer, en la reunión de líderes socialdemócratas, que se celebra antes de la cumbre europea.

El conglomerado que orbita en torno al Partido Laborista británico -líderes, militantes, votantes y sindicatos asociados- será la fuerza decisiva que decantará el referéndum sobre la permanencia del Reino unido en la Unión Europea, que tendrá lugar, previsiblemente, el 23 de junio. Un vistazo al mapa político británico sitúa a los laboristas como la única fuerza política relevante que apostará sin fisuras por la permanencia del Reino Unido en Europa. La actitud de su heterodoxo líder, para unos, una suerte de Tsipras británico, y para otros, un líder de izquierdas a la antigua usanza que ha logrado recuperar la ilusión de miles de corazones laboristas deprimidos, será decisiva.

El Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), con su populista líder Nigel Farage al frente, será la fuerza más sonora a favor de la salida británica.

El partido conservador del primer ministro David Cameron está muy dividido, y algunas de sus figuras más influyentes –incluso con carteras ministeriales– harán campaña por la salida. Una quinta parte de sus diputados han declarado que, sea cual sea el acuerdo que Cameron negocie en Bruselas, harán campaña por el Brexit; otros se inclinarán también por apoyar la salida porque el acuerdo de Cameron les parecerá insustancial. El Partido Liberal apuesta por la permanencia en Europa, pero su influencia está laminada por sus terribles resultados electorales del pasado mayo.

El partido conservador del primer ministro David Cameron está muy dividido, y algunas de sus figuras más influyentes –incluso con carteras ministeriales– harán campaña por la salida.

Ningún líder en Europa se ha encontrado con la situación que afronta Corbyn: recién llegado –no han pasado más de seis meses desde que lo eligieron en unas primarias los simpatizantes laboristas–, lejos de cualquier tentativa de acceder al número 10 de Downing Street (la residencia del primer ministro), ya que las elecciones están previstas en 2020; y sin embargo, llamado a jugar un papel tan decisivo para el futuro de su país y de Europa.

El problema es que a Corbyn, un histórico euroescéptico que votó a favor de la salida del Reino Unido de la Comunidad Económica Europea en el referéndum celebrado en 1975, no le gusta esta Unión Europea, y ahora debe defender la permanencia de su país en ella.

Nadie duda de que los laboristas harán campaña por el sí –213 de los 231 diputados laboristas en el Parlamento Británico han firmado ya el manifiesto proeuropeo Labour in for Britain, que lidera el veterano Alan Johnson-, pero muchos temen que el perfil bajo de Corbyn y sus críticas a la negociación de Cameron empujen a muchos simpatizantes laboristas a inclinarse por el divorcio con Europa.

En Bruselas, Corbyn se ha mordido poco la lengua al criticar la negociación de Cameron que muchos líderes de su partido apoyan. A la misma hora en la que el laborista regresaba ayer a casa a bordo del Eurostar -el tren de alta velocidad que conecta Bruselas con la capital británica en dos horas-, David Cameron comenzaba la cumbre más importante de su vida.

Sin embargo, para Corbyn, su relevancia es relativa: “El referéndum no va sobre lo que Cameron lleva hablando días, semanas, incluso meses. El referéndum debe responder sencillamente a si el Reino Unido debe o no seguir formando parte de la UE”, ha afirmado desde los márgenes de la minicumbre que los socialistas han organizado en Bruselas. “Cameron ha conseguido transformar una disputa interna de su partido en un problema de dimensiones internacionales”, considera Corbyn.

Preguntado por su alineación con Cameron en el objetivo de que el Reino Unido se quede en Europa, Corbyn ha insistido en todo lo que le separa con el primer ministro conservador en esta negociación: “Las reformas que Cameron y yo queremos son diferentes. Yo quiero que mejore la protección de las condiciones laborales, me gustaría que siga habiendo libertad de movimiento de los ciudadanos a lo largo de toda Europa, y estoy muy preocupado por las negociaciones secretas del TTIP que Cameron apoya y yo no”.

En el Partido Laborista preocupa especialmente que Corbyn critique el asunto más espinoso de la negociación que Cameron desarrolla con Bruselas: la restricción de los beneficios sociales para los trabajadores europeos en el Reino Unido. Es una medida poco fundada (los estudios indican que los europeos residentes en el país británico contribuyen con sus impuestos más de lo que reciben en beneficios sociales y servicios públicos) pero responde al deseo de una gran parte de la población británica y, por esa razón, goza de la simpatía de muchos dirigentes laboristas. Corbyn, a quien disgusta esta discriminación, ensaya, incluso en los foros internos de su partido, un calculado discurso ambiguo.

“Cameron ha conseguido transformar una disputa interna de su partido en un problema de dimensiones internacionales”, considera Corbyn.

En una grabación de la reunión celebrada ayer entre Corbyn y los europarlamentarios laboristas en Bruselas a la que ha tenido acceso El Huffington Post, se puede escuchar al líder laborista echando balones fuera para evitar criticar las restricciones a los beneficios sociales de los ciudadanos europeos en el Reino Unido. Preguntado sobre esta espinosa cuestión, que sentaría el precedente de discriminar a los trabajadores en función de su nacionalidad, Corbyn buscaba otro ángulo al asunto:

“Estamos aquí porque queremos mejores condiciones laborales para todo el mundo en Europa… No digo que no deba haber beneficios sociales para familias numerosas u otros casos, pero el objetivo fundamental es que ganen suficiente dinero para vivir dignamente… Si Tesco (la principal cadena de supermercados del Reino Unido) es una de las empresas más rentables de Europa y sus empleados necesitan beneficios sociales (un complemento salarial que añade el Estado británico a los salarios más bajos), entonces tienes que preguntarte sobre su política de salarios… Tenemos que empujar muy fuerte con el tema de los salarios dignos, y ésa es nuestra apuesta”.

Horas más tarde, en una entrevista conjunta para varias cadenas de televisión británicas, Corbyn esquivaba el asunto, deslizándose hacia una crisis que le indigna especialmente: la situación en la que se encuentran los refugiados en Europa. “Todos los países en Europa deben ejercer su responsabilidad en esta crisis humanitaria”, ha señalado.

Horas antes, en la reunión privada en el Parlamento Europeo, se había mostrado especialmente indignado: “Es una vergüenza para cualquier pueblo civilizado una situación en la que hay gente viviendo en tiendas de campaña con goteras cerca de ciudades prósperas de Europa. Es asqueroso y lamentable. El deber de cuidar de esos niños, en este caso de Francia (en referencia al campamento de refugiados en Calais) … No debemos tener miedo de alzar la voz para defender los derechos humanos y la justicia, ¡de eso es de lo que estamos hechos como partido!”.

Ante la insistencia de los periodistas, Corbyn ha admitido sus discrepancias de fondo con la medida estrella que Cameron quiere lograr en su acuerdo con los europeos: “No hay ninguna evidencia de que frenará la inmigración de ciudadanos comunitarios…. Y no pondrá un solo penique en los bolsillos de los trabajadores británicos, ni frenará los recortes en los salarios británicos por la explotación de los trabajadores inmigrantes”.

¿Logrará Corbyn conjugar su indignación con esta Unión Europea con un apoyo decidido a que su país permanezca en ella? Es la delgada línea entre la crítica constructiva y el aliento a los euroescépticos la que podría terminar por decantar la balanza del resultado del referéndum.

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