INTERNACIONAL
29/11/2012 21:55 CET | Actualizado 30/11/2012 21:39 CET

Basel Ramsis: "Es el momento de la batalla a vida o muerte entre las fuerzas laicas y los Hermanos Musulmanes en Egipto"

ANDRE PAIN / EFE

En Egipto estos días se habla de la amenaza de una guerra civil. El decretazo del presidente islamita, Mohamed Morsi, por el que se otorgó el poder casi absoluto el pasado jueves 22 de noviembre, y las prisas por acelerar la redacción de la Constitución han vuelto a empujar al pueblo a tomar la plaza Tahrir. Basel Ramsis, bloguero de El Huffington Post que se encuentra en El Cairo rodando una película y participa activamente en las protestas, describe en conversación telefónica la tensión que respira su país. Aunque él personalmente no considera inminente una guerra, espera “un grado de violencia bastante alto, no solo durante las manifestaciones, sino contra individuos”. “La sensación es que es el momento de la batalla a vida o muerte entre las dos fuerzas, las laicas democráticas y la de los Hermanos musulmanes”, asegura.

“Lo mínimo que tenemos que conseguir es retirar el decreto y disolver la Asamblea Constituyente. Lo máximo es acabar con el régimen de Morsi. Que caiga este régimen y formemos un Consejo presidencial que dirija el país hasta la elección de un nuevo presidente, un nuevo Parlamento, y la Asamblea que escriba la nueva Constitución”. Estos son los objetivos de la oposición. El método: resistir en la en la calle, y sobre todo, permanecer en la plaza.

AL BORDE DE LA SEGUNDA REVOLUCIÓN

Como cuenta Ramsis, que habla a escasos 100 metros de Tahrir, la atmósfera que se vive es muy parecida a la de los primeros días de las revueltas que acabaron con el dictador Hosni Mubarak en enero de 2011. De momento estaríamos ante una segunda ola revolucionaria, pero “es probable que en las próximas 48 ó 72 horas tome fuerza la Segunda Revolución”. Igual que en la primera, los gritos que más se repiten estos días son: “¡Vete!” y “¡El pueblo quiere derrocar al régimen!”

Las protestas se han extendido por todo el país, con manifestaciones y la quema de varias sedes del partido de los Hermanos Musulmanes, y ya han muerto dos opositores en la última semana.

“Las fuerzas revolucionaras democráticas laicas siempre han estado desunidas. El martes por primera vez se sentaron y crearon el Frente de Salvación Nacional, en el que también hay caras del antiguo régimen como Amr Musa, y otros como Mohamed El Baradei, y Hamdin Sabbahi, el tercer candidato más votado en las elecciones presidenciales. Por primera vez han sacado un manifiesto conjunto y parece que se erigen como un frente común ante esta batalla contra los Hermanos Musulmanes”. Su poder de convocatoria en la calle demostró que “los islamistas tienen una máquina electoral que funciona bastante bien [Morsi obtuvo un 51% de los votos en los comicios de junio], pero en realidad, si se enfrentan a otras fuerzas en la sociedad egipcia salen perdiendo”.

“Entre las clase media y baja [más alejada de los asuntos políticos] existe la sensación de que ha llegado la hora de la batalla contra el fascismo y de que no podemos aceptar que este régimen nos controle”, asegura el cineasta. Desde su llegada al poder “los islamistas no han cumplido nunca lo que han prometido. Es un régimen al estilo iraní: si no acaba hoy contigo, lo hace mañana”.

“LA CONSTITUCIÓN NO GARANTIZA NINGÚN DERECHO AL PUEBLO”

Morsi se ha empeñado en terminar cuanto antes la nueva Constitución egipcia, que se empezó a redactar hace seis meses. En el camino han abandonado la Asamblea Constituyente todas las fuerzas políticas -excepto los islamistas-, incluida la iglesia cristiana, que representa a 10 millones de egipcios. Este jueves se han votado todos los artículos con el objetivo de presentarla el sábado y votarla en referéndum en dos semanas. El texto, según Ramsis, es más propio del siglo XV que del XXI.

“No garantiza ningún tipo de derecho al pueblo, se los otorga todos al presidente y al partido que gobierna, y protege a la cúpula militar y al Ejercito”.

El documento, que planea en la más absoluta ambigüedad según Ramsis -leyó el último borrador-, estipula por ejemplo que “las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres excepto en los aspectos que entran en contradicción con las leyes islámicas”. “Toda la Constitución está basada en la idea de que hay una minoría bajo la protección de los musulmanes, lo que en la práctica significa que hay 10 millones de personas que son ciudadanos de segundo grado, los cristianos”. Tampoco se recogen derechos concretos como la huelga.

PODER DIVINO

La única diferencia entre el régimen de Mubarak y Morsi es que este “usa la religión para engañar a la gente y mostrar un discurso demagogo basado en la ley islámica, para que no puedan pronunciarse en contra”, sostiene Ramsis. “El ministro de Justicia, cuando preparaba una ley de emergencia peor que la de Mubarak, dijo que la norma estaba presente en el Corán –‘y como está en el Corán tengo que hacerla’”. Y lo mismo sobre los derechos de la mujeres, el derecho a la huelga, etc.

Si estás en contra del presidente, que detenta un poder divino, estás por tanto en contra de dios. Pero es justo este discurso el que está sacando a la gente a la calle, incluso a quienes nunca han estado en manifestaciones. “Ven amenazado su modo de vida, y se dan cuenta de que es un peligro claro”. Se dicen, según Ramsis: “Tengo que hacerlo [manifestarse] para acabar con esto o, al menos, demostrar que no estamos dormidos, que somos muchos, somos fuertes y no aceptamos”.

El sábado podría ser un día violento en la plaza Tahrir. Los islamistas quieren tomarla, pero los opositores, que llevan acampados varios días, no la van a ceder. El viernes, cuando está prevista una gran manifestación, serán muchos, como Ramsis, los que se quedarán a dormir para defenderla al día siguiente si hace falta con piedras, cócteles molotov y bengalas. Poca cosa si se tiene en cuenta que las milicias de los Hermanos Musulmanes cuentan con armas de fuego. “No van a dar ese paso ahora”, espera sin embargo el cineasta, que cree que antes de pasar a la confrontación abierta comenzarán por amedrentar a la población acosando a activistas muy conocidos, que son vigilados por el Comité electrónico de los servicios secretos.

“La plaza es un símbolo. Quien tiene la plaza tiene la fuerza”, afirma convencido de que no se moverán. “Nos van a matar igualmente si nos vamos. Muchos moriremos en extrañas circunstancias: en accidentes de coche, ahogados… Si no ganamos va a ser nuestro final”.

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