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17/10/2013 12:41 CEST | Actualizado 17/10/2013 12:41 CEST

Capitán Philips: Tom Hanks se enfrenta a los piratas somalíes (FOTOS, VÍDEO)

En 2009 el capitán Richard Phillips se ofreció como rehén a los piratas somalíes que abordaron a la fuerza el buque que dirigía para salvar así a su tripulación. El Maersk Alabama era el primer barco de bandera estadounidense en ser atacado desde el siglo XIX y lo ocurrido en aguas del océano Índico es algo que pertenece ya a la historia del país. Un resucitado Tom Hanks protagoniza desde mañana viernes en salas españolas Capitán Phillips, la elaborada reconstrucción de los hechos de la que se ha encargado un experto en la materia como es el británico Paul Greengrass.

Y es que el modo y lugar donde Greengrass fija la cámara aporta a casi todos sus relatos una estética documentalista, a la que sabe añadir los resortes fílmicos propios de un efectivo guión de Hollywood sin resultar forzado o inverosímil. Fue así como se aventuró a contar lo ocurrido en el vuelo estadounidense que nunca llegó a Washington el fatídico 11-S en United 93 (2006) o durante el domingo sangriento irlandés de 1972 en Bloody Sunday (2002). También aportó esa misma pátina de credibilidad a la que tiene tomada perfecta medida a las fantasiosas aventuras de un agente secreto estadounidense en dos entregas de la saga de Jason Bourne.

"Lo que se ve en Capitán Phillips es lo más cercano a lo ocurrido. Siempre desde mi investigación personal y mi punto de vista", matiza el cineasta durante la presentación de la película en Londres. Sus testimonios cinematográficos no se centran tanto en la exposición de datos cuantitativos, a los que tanto recurren los artículos informativos, como a ese análisis de los hechos de espíritu crítico y vocación antropológica que deberían ser las columnas editoriales.

Para Tom Hanks encarar un personaje y un relato real tiene tantos puntos ventajosos como motivos para sentirse presionado. "Si eres inteligente no necesitas imaginar mucho para que lo que cuentes en pantalla resulte realista. Nuestra responsabilidad era la de contar la verdad sin ser meros historiadores", asegura el actor. Esa verdad pasaba por conocer personalmente a Richard Phillips, el capitán real del carguero estadounidense. Tomaron unas cervezas, jugaron al baloncesto y se entendieron a la perfección. "Nunca es una situación realista conocer al hombre al que vas a interpretar y decirle 'Hola, voy a ser tú en el cine te guste o no'", reconoce. "Una de las primeras cosas que le advertí es que en la película yo iba a decir frases que él nunca pronunció, pero que mi intención era intentar por todos los medios mantener su ADN. Él lo entendió de inmediato. Desde que ocurrió el ataque ha tenido tiempo de habituarse al mundo mediático", dice Hanks.

EL HÉROE MUNDANO

Si hacemos caso a las críticas, el actor podría lograr su primera candidatura al Oscar desde que protagonizó Náufrago en el año 2001. Este papel y su reciente y celebrado debut en Broadway, además de otra aproximación a un personaje real -Walt Disney en la inminente Saving Mr. Banks-, han reactivado una carrera que había quedado anestesiada como reincidente protagonista de la tibia adaptación de la saga literaria El Código Da Vinci. Sin duda la facilidad natural del protagonista de Big por encarnar al héroe mundano permanece intacta, a juzgar por el revuelo que han levantado sus recientes declaraciones, confesando que durante más de dos décadas ha padecido sin saberlo diabetes tipo 2. "No soy ejemplo de nada", acierta a contestar ante el gran interés de la prensa en Londres por su testimonio.

Paul Greengrass incide en que su interés artístico en Capitán Phillips no residía en una reconstrucción periodística ni en la verdad absoluta: "Como cineasta no puedes permitirte hacer una reproducción paso a paso, menos aún en este caso en el que tienes que condensar nueve horas de lo ocurrido en el barco en tan solo quince minutos -explica-. Además, en cierto modo, tienes que crear personajes propios de una buena historia de ficción".

Cuenta el británico que rodar con verosimilitud le costó esta vez algún quebradero de cabeza de más. De hecho durante muchas secuencias lo hizo casi a ciegas, en mar abierto durante dos meses. El set de grabación no era otro que uno de los barcos que es "hermano pequeño" del original. Ante la imposibilidad de contar con los actores y todo el material técnico en su reducido espacio, el equipo se vio obligado a trabajar dividido en varias salas, comunicándose con walkie-talkies. Fue una experiencia que el bueno de Greengrass describe como "un suplicio". Entre sus esfuerzos por respetar la esencia de la historia también se obligó a encontrar a piratas de ficción que fueran actores somalíes y no sustituirlos por intérpretes afroamericanos. Como no había muchos en Los Ángeles, decidieron buscarlos en otras partes del país, en las áreas artísticas de ciudades con comunidades somalíes. Entre los elegidos se encuentran los debutantes Barkhad Abdirahman y Faysal Ahmed.

A pesar de todo, un proyecto de estas características atrae siempre la crítica. Vista la película, algunos miembros de la tripulación del Maersk Alabama han declarado de forma anónima al New York Post que Phillips no se comportó nunca como un héroe durante el asalto y que hizo honor a "la mala reputación" profesional que le persigue durante los últimos doce años. Entre lo mostrado en la cinta y las declaraciones al diario estadounidense se encuentran los intereses creados por una demanda de 50 millones de dólares. Once integrantes de la tripulación interpusieron en mayo de 2012 una demanda a las empresas dueñas del barco, Maersk Line Limited y a Waterman Steamship Corp, por poner su vida en riesgo.

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