INTERNACIONAL
07/07/2015 21:48 CEST | Actualizado 07/07/2015 21:48 CEST

¿Planeas un viaje a Grecia? Así viven los turistas en el corralito

CARLOTA RAMÍREZ

ATENAS- Algunos se emocionan todavía al pasar por los Propileos de la Acrópolis de Atenas. No es para menos. Los templos de 'la roca sagrada' asombran a cualquiera que los visite y han dejado constancia de la Edad de Oro ateniense (S V aC), cuando en ellos rebosaba la riqueza artística y la democracia. Es una de las muchas maravillas arquitectónicas del país, y los griegos saben lo mucho que le deben a Pericles, ya que los turistas son el más importante de los comodines económicos que les quedan.

Hace 34 grados en Atenas, pero algunos valientes se atreven a subir andando la colina en la que se alza el lugar sagrado. Desde la parada de metro de Monasterakis, a las 12 de la mañana seguían subiendo riadas de turistas para visitar todos los monumentos. En el trayecto, uno se puede ir parando y entrar en el Antiguo Ágora o en el Ágora romana para ir haciéndose una idea de cómo vivían entonces.

Turistas en la calle Ermou / Carlota Ramírez

La calle Ermou, que lleva de Syntagma a Monasterakis, está llena de turistas. Entre ellos, Martin y su mujer, dos alemanes de 50 años. Están mirando a un sintecho que pide dinero o comida sentado en el suelo. Martin se acerca y le da dos euros. La pareja viene directa de la isla de Mykonos para hacer un recorrido por todo el país. "No hemos notado nada extraño", cuentan. No han tenido que utilizar el cajero, ya que trajeron el dinero en efectivo, "por precaución". Martin se atreve a dar su opinión sobre el referéndum del pasado domingo: "No sé si han hecho bien votando 'no', pero sé que han hecho bien votando", dice. "Es lo que ellos han elegido y creo que es honesto que les hayan dado la oportunidad de elegir. Sólo ellos saben su situación real". La pareja resalta la simpatía con la que les han tratado los griegos durante lo que llevan de vacaciones.

Turistas en Monasterakis / Carlota Ramírez

Se nota el calor a medida que uno va ascendiendo la colina que lleva al lugar donde nació la democracia. Por ella baja una familia de americanos. Los padres van regañando a los dos hijos pequeños, que se pelean. Ellos también vinieron preparados desde su país: "Después de todo lo que dicen, quisimos ser cautos y traer el dinero en efectivo. Nos ha llamado mucho la atención lo pacíficos y abiertos que son los griegos. Una semana con los bancos cerrados y esta incertidumbre hacen perder los nervios a cualquiera", apunta la hija mayor. Dicen sentirse seguros y "muy contentos" con el trato que reciben: "Con la que se les viene encima y tienen tiempo para ser tan agradables".

En las terrazas que rodean la Acrópolis, muchos charlan dándose un respiro y refrescándose el gaznate. Un hombre que regenta una de las tiendas de recuerdos que se intercalan con estas cafeterías, explica que ha notado un leve descenso en la cantidad de turistas que hay, pero que no es para alarmarse. "La semana que viene irá mejor, casi seguro. No ha sido una buena semana para nosotros", confiesa. El de la tienda de al lado, en cambio, contesta de malas maneras mientras coloca las postales: "No pienso responder a este tipo de preguntas, espero no tener que repetirlo más veces".

Turistas a pie en la Acrópolis / Carlota Ramírez

Muy cerca, algunos taxistas esperan en el aparcamiento al pie de la 'roca sagrada'. Según ellos, el número de turistas ha bajado "entre un 10 y un 15%", aunque en el aparcamiento de autobuses hay muchos menos que hace diez días a la misma hora. "Hace cuatro años teníamos cruceros repletos de españoles todos los días, ahora no vienen casi", espeta un taxista. Su colega le responde: "¿No ves que ellos también están en crisis? No tienen dinero, están casi como nosotros". Están muy enfadados con Alemania, y en especial con la canciller Angela Merkel. Aseguran que "quiere nuestras cabezas bajo sus zapatos nuevos y caros", y que "sois los jóvenes del sur de Europa los que tenéis que despertar y decir 'no' como los griegos". El más mayor de todos ellos está preocupado; sabe que los turistas son una gran fuente de financiación para el país. "Son nuestra última ficha de dominó en la partida. No nos pueden dejar sin ella", afirma.

Tren que baja a la Acrópolis / Carlota Ramírez

A la hora de comer, en el Antiguo Ágora, a la sombra de la estatua del emperador Adriano, una pareja de noruegos le preparan el bocadillo a su pequeña. Al contrario que los alemanes y los americanos, ellos sí que han notado cambios desde la última vez que vinieron. "El taxista que nos ha traído hasta aquí nos ha contado lo enfadado que estaba con la situación, y ha dicho que no sabían lo que iba a pasar", apunta el padre, que ha estado en más ocasiones en Grecia y esta vez ha notado a los helenos "con miradas tristes y más serios". No han pensado ni una vez en cambiar su viaje ya que, según ellos, "no hay razones para tener miedo. Es un país muy rico históricamente y la gente es adorable, nadie debería dejar pasar la oportunidad de visitarlo". La niña pequeña dice en un buen inglés que le ha gustado mucho la Ácrópolis. "¿Sabías que los malos intentaron quemarla y luego la volvieron a construir?", pregunta, "¡Y sin tener grúas ni máquinas como las de ahora!". Ellos sí que han tenido que sacar dinero del cajero, pero no han tenido ningún problema para obtener los 150 euros que necesitaban.

Patricio y Marisa vienen de Chile y les sorprende el ambiente de normalidad que se respira en la ciudad. "En democracia hay que respetar la voz del pueblo. Creemos que están asustados económicamente, pero que están orgullosos de su decisión", asevera Patricio. "Mira a tu alrededor", pide ella, "¿cómo van a dejar que un país así y toda esta gente se muera de hambre? Nosotros estamos muy satisfechos en este viaje". Llevan un granizado en la mano que les han preparado los chicos que llevan el quiosco de al lado del parking. Ellos sí que están algo más preocupados. Lamentan que en los diez últimos días sí ha habido un descenso de los turistas que pasaban por allí, y que la televisión griega ya había anunciado que se habían producido varias cancelaciones de vuelos. "Si tu preguntas a cualquiera de los que están aquí, te van a decir que no tienen problema y que están contentos", replica uno de ellos. Y tiene razón.

Después de una mañana entera recorriendo el Acrópolis y los alrededores, es un placer para algunos volver al hotel y relajarse. El centro de Atenas está repleto de hoteles que rondan entre las tres y las cinco estrellas. En uno de ellos trabaja Michaelis, de 32 años. Explica que "el problema no lo tienen los turistas, lo tenemos nosotros, los griegos". Está muy enfadado con la prensa internacional, pues, según él, están "metiendo miedo para acabar con nuestro turismo. Y lo necesitamos".

Y lo necesitan. El turismo en Grecia supone una quinta parte del PIB del país, cuyo futuro ahora mismo pende de un hilo.

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