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03/10/2015 18:03 CEST | Actualizado 03/10/2015 18:03 CEST

La verdadera historia tras el colgante 'El Corazón de la Mar' y otras curiosidades del 'Titanic'

Es, sin duda alguna, el barco más famoso de todos los tiempos. Su leyenda y su desastre le han catapultado a la cima de la Historia: a las 23.40 de la noche del 14 de abril de 1912, tres días después de haber comenzado su viaje inaugural, el Titanic chocaba contra un iceberg, hundiéndose menos de tres horas después y dejando en el mar casi 1.500 muertos. De las 2.200 personas, entre pasaje y tripulación, que iban a bordo del Insumergible, apenas sobrevivieron 712.

Los supervivientes, pero también los fallecidos, sus historias, sus objetos, sus vivencias… están presentes en la exposición Titanic: The Exhibition que puede verse en el Centro Cultural de la Villa de Madrid desde el 2 de octubre y hasta el 6 de marzo de 2016. "Cada objeto tiene su propia voz, crea un diálogo con el visitante", explican los responsables de la muestra. "Es una exposición que genera empatía, que implica un viaje atrás en el tiempo".

Recreación de la escalera del 'Titanic'.

En esta exposición pueden observarse las dos caras del pecio: tanto la enorme máquina, novedosa, gigante, indestructible, un monstruo de la ingeniería de principios del siglo XX (que se refleja en turbinas, maquetas…), como en la faceta más humana y personal del Titanic. Se cuentan las historias de sus pasajeros a través de ciertos objetos, ya que se exponen más de 200 en la sala. También se puede caminar pisando las alfombras de la recreación de un pasillo de primera clase, o tocar una pared recubierta por un iceberg (helado de verdad, pese a estar en una sala cerrada).

Durante una visita guiada a la que asistió El Huffington Post, el historiador Claes-Göran Wetterholm, uno de los mayores expertos internacionales del barco, explicó algunos de las curiosidades tras dichos objetos. "Es una historia humana: de la primera clase de la que todos hablan, pero también de la segunda y de la tercera, y de la tripulación. Es el barco más famoso de la historia: se publica de él un libro por semana", asegura el historiador antes de entrar en la recreación del barco. "Es una historia importante porque nos identificamos con ella a través de los pasajeros que viajaron en el trasatlántico: mientras que el ser humano esté en el mar, hablará de barcos, y hablará del Titanic. Es tan fascinante porque hay miles de historias, yo llevo estudiándolas desde 1960, y con que haya una sola persona con la que te identifiques y te toque el corazón, ya está".

El experto conoce decenas de anécdotas del pecio. Porque ¿sabías que la cuarta chimenea era meramente decorativa? Si en alguna foto aparece echando humo, ese barco no es el Titanic? ¿O que, tras EE UU y Reino Unido, el tercer país que aportó más pasajeros al viaje fue Suecia? Tras el inglés, el segundo idioma más hablado era el sueco y el tercero, curiosamente, el árabe: un gran grupo de viajeros provenía de Siria, Persia y Líbano. ¿Sabías que solo una persona consiguió sobrevivir tras pasar más de 20 minutos en las heladas aguas del Atlántico norte… y era porque se había pasado con el whisky? ¿Y qué la diferencia entre hombres y mujeres que se salvaron fue de apenas 10 personas, pese a los célebres botes de "sólo mujeres y niños? ¿Y que de hecho, en dichos botes, habrían cabido hasta 456 personas más? "Todo lo que podía salir mal, salió mal", resume Wetterholm.

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Photo gallery 'Titanic: The Exhibition' en Madrid: fotos See Gallery

LA HISTORIA DE JACK Y ROSE

Otra de las curiosas historias que explicó Wetterholm durante la visita a la sala de exposiciones —de más de 1.500 metros cuadrados y que ha tardado más de 20 días en ser montada— es la de un colgante con una piedra azul que se puede ver expuesto en la muestra. La piedra es pequeña, nada que ver con el célebre Corazón de la Mar con el que posaba Rose DeWitt Bukater al ser retratada por Jack Dawson en la película Titanic, de James Cameron. "Titanic es la mejor película que he visto sobre el barco, pero nunca ocurrió", cuenta con sorna el historiador durante la visita, asegurando que ha charlado con el director acerca del buque y de su historia y que tienen puntos en común y, cómo no, también visiones discordantes.

Pero, al parecer, ese pequeño colgante fue el que inspiró la historia de amor de Cameron. Pertenecía a una pasajera llamada Kate Phillips. Phillips, de 19 años, era empleada en una tienda en Inglaterra, y el dueño de dicho establecimiento —llamado Henry y que rozaba la cincuentena— y ella se enamoraron. Henry ya estaba casado y tenía familia, pero vendió algunos de sus negocios y ambos decidieron fugarse juntos con un nombre falso para hacer las Américas a bordo del Titanic. Él le regaló ese pequeño y ya célebre colgante azul.

El colgante de Kate Phillips (pincha en la foto para verla más grande)

Sin embargo, la tragedia les dio de lleno y Henry falleció ahogado. Al llegar a las costas de Nueva York, ella se dio cuenta de que solo llevaba las llaves de sus baúles, que quedaron atrapados por siempre en el barco, además de ese pequeño colgante azul. Además, estaba embarazada.

ANILLOS, BOTAS, CAMISONES, ANÉCDOTAS

Así, Wetterholm narró la historia de un anillo de oro que se puede ver en la exposición: perteneció a Gerda Lindell, una pasajera sueca que trató de salvar la vida junto a su marido en un bote salvavidas. Sin embargo, la embarcación estaba lleno de agua a pocos grados sobre cero, que les llegaba a los pasajeros hasta las rodillas, por lo que muchos murieron congelados, incluido el marido de Gerda. Ella solo pudo asirse al bote con una mano antes de fallecer en el agua, pero su anillo quedó olvidado en esa barca, en la que solo sobrevivió una docena de personas. La joya de la mujer, que se supone que se cayó de su dedo, menguado por el frío, apareció en el bote un mes después del hundimiento, ya que éste, abandonado a la deriva, fue hallado el 13 de mayo. Entonces encontraron el anillo, y en él una inscripción grabada en sueco, por lo que se mandó a Suecia. Allí se pusieron anuncios en los periódicos y el hermano de Gerda descubrió así que pertenecía a su hermana, fallecida en el naufragio.

En cambio, lo que no aparecieron fueron los calcetines de un pasajero que guardaba en ellos su fortuna. Al parecer, este hombre iba a Gran Bretaña desde Nueva York a comprar una granja familiar. Sin conseguir su propósito, volvió a Estados Unidos con todo su dinero oculto. Falleció en el barco, y su cuerpo se encontró… pero no los famosos calcetines.

En la muestra también se pueden ver prendas de ropa con historia: unas botas que llevaba puesta una niña pequeña la noche del naufragio, o el camisón que llevaba una pasajera de segunda clase debajo de los abrigos. Así, está expuesto el smoking de un español que viajaba en primera clase. Víctor Peñasco y su esposa pasaban su luna de miel en el barco, pero eso no lo sabían sus familiares: les mintieron diciendo que estaban en París, mucho más seguro que un crucero. Para reafirmar esa mentira, dejaron escritas postales desde la capital francesa para que se fueran enviando un día tras otro, mientras ellos navegaban de Southampton a Nueva York.

Sin embargo, el barco se hundió, y se llevó la vida de Peñasco con él… y también su cuerpo, que no se encontró. La familia de su reciente esposa, que no podía volver a contraer matrimonio al no encontrarse el cadáver, falsificó una partida de defunción para que la joven pudiera volver a casarse, tal y explicó el historiador Wetterholm durante su visita.

La última sala de la exposición no contiene ningún objeto. Son cuatro paneles con los nombres de los fallecidos de primera, segunda, tercera clase y tripulación. Para los mitómanos (y mitómanas…): sólo hay un Dawson, como el Jack al que Leonardo DiCaprio dio vida en la película. J. Dawson, tercera clase. Se llamaba Joseph.

INFORMACIÓN ÚTIL

La exposición Titanic: The Exhibition, organizada por Musealia, puede verse en la sala Fernán Gómez/Centro Cultural de la Villa (Metro Colón) de Madrid desde el 2 de octubre de 2015 hasta el 6 de marzo de 2016. Su horario es de lunes a domingo de diez de la mañana a ocho de la tarde. Las entradas van desde los 3€ a los 11,50€, y pueden adquirirse en taquillas o en su web. El teléfono de consultas e información es el 91 435 91 09 y el correo electrónico es titanic@musealia.es.

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