POLÍTICA
19/10/2015 21:50 CEST | Actualizado 19/10/2015 21:50 CEST

Pérez Royo: "El resultado del 20-D será la ingobernabilidad"

ANTONIO RUIZ

España todavía no se ha examinado de la última asignatura constitucional: reformar la Carta Magna. Esta es una de las principales tesis del catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla Javier Pérez Royo, que reclama cambios en un texto, en su opinión, bipartidista, monárquico y antifederal.

Cuanto más tiempo se tarde en reformarlo, mayor es el riesgo de descomposición del sistema político. Pérez Royo vierte todas estas reflexiones en su nueva obra, La reforma constitucional inviable, editada por Catarata. Todo un tratado en el que repasa la tradición española de crear constituciones, pero nunca renovarlas. Algo que es característico de nuestro país, mientras que ya se ha superado en el entorno europeo. Es claro y directo este analista político, que avisa de que el sistema puede llegar incluso a implosionar si las Cortes no se enfrentan a este reto. Las Cámaras deberían hacerse el haraquiri, sostiene.

Y con Cataluña en el punto de mira, donde el binomio Constitución-Estatuto de Autonomía ya no funciona, a su entender. ¿Qué va a pasar? "No lo saben ni ellos". Los políticos deberían escucharle.

¿Por qué es inviable la reforma de la Constitución?

No lo es porque la Constitución sea especialmente rígida. El procedimiento de reforma no es más difícil de transitar que los previstos en otras constituciones europeas, está en la media. El problema, por lo tanto, no es de naturaleza jurídica, sino de naturaleza política. En España no se reforma de la Constitución, es una característica de la historia constitucional. En las demás naciones se renueva, todas lo han conseguido y lo han normalizado.

España es el único país que nunca lo ha hecho y, por eso, tenemos ciclos en los que van saltando por los aires las constituciones. Cuando hay un momento de crisis, donde ya no se puede seguir tirando, los españoles nos ponemos de acuerdo y hacemos una Constitución. Una vez que la hemos hecho, ya no nos ponemos nunca más de acuerdo para renovarla y acaba muriendo. Eso ha pasado a lo largo de toda nuestra historia y es lo que parece que va a ocurrir con esta ahora también.

¿Qué cree que va a pasar entonces ahora?

Mi impresión es que con esta segunda Restauración va a pasar como en la primera. De la reforma de la Constitución de 1876 se estuvo hablando treinta años, pero no se hizo. Llega el 14 de abril, la Constitución desaparece, se hunde y es sustituida por la II República. Nosotros estamos igual. Estamos hablando de la reforma todos los días, no hay ningún país en el que se escriba más sobre esto con diferencia, pero no se hace absolutamente nada.

¿Y por qué no se llega a un acuerdo?

La interpretación aquí ya es de cada uno. Si hubiera un acuerdo, no existiría el problema. Si fuéramos capaces de compartir un diagnóstico de lo que realmente ocurre en España, se haría. El problema es que en España no se comparte el diagnóstico. El PP no lo comparte ni con el PSOE ni con ninguno de los demás partidos. Sin el Partido Popular, no se puede hacer absolutamente nada. El consenso es el punto de llegada, nunca el de partida.

Puede implosionar el sistema

Pronostica que pase lo que pase el 20-D no se van a dar mayorías cualificadas para llevar a cabo la reforma.

Eso, segurísimo. El PP ya lo ha dicho, que ni lo lleva ni lo va a contemplar. Si hubo alguna duda por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, Aznar ya se ha encargado de decirle que a dónde va, que ni se habla. El PP tiene que abanderar una reforma y, a partir de ahí, ponerse de acuerdo.

¿Cuál es el cambio que se puede producir en España si no se llega a una reforma constitucional y sigue el deterioro?

Creo que puede pasar la implosión del sistema, que de pronto pierde legitimidad y la gente deja de creer. El sistema constitucional tiene que tener legitimidad, la gente tiene que sentirlo como propio.

¿Y cómo se puede conseguir esa legitimidad?

Ahora mismo estamos profundizando en el deterioro. Lo que ha ocurrido con los presupuestos y la denuncia de la UE es una prueba inequívoca. El Parlamento va a votar unas cuentas que Bruselas ha dicho que están hechas con trampa, que el Gobierno va a tener que modificarlas, que son mentira. El Parlamento se está faltando al respeto de una manera extraordinaria. ¡¿Cómo lo van a respetar los ciudadanos?!

¿Los ciudadanos son más proclives a la reforma que los partidos?

Sí. El problema es que tienen que hacerlo quienes tienes que hacerlo, el Congreso y el Senado, y supone hacerse el haraquiri. Con esas Cámaras no puede expresarse la complejidad de la sociedad española.

Esta legislatura puede ser breve

¿Los ciudadanos podrían presionar de alguna manera para que esto se produjera?

La primera presión se va producir en estas elecciones. Creo que el bipartidismo se va a romper. Con qué intensidad no lo sé, porque el sistema electoral está muy sesgado a favor de los partidos grandes. Tal y como está el patio, no da la impresión de que haya algún partido que vaya a tener un 30% de votos. Ahora, el resultado va a ser la ingobernabilidad. Es lo que está pasando en Cataluña, aunque sin la misma intensidad, pero bastante parecido. Cataluña está anticipando lo que va a pasar en España.

¿Y qué lecciones podemos extraer de esta situación a dos meses de las generales?

La suerte está ya echada. Si no tienen los ciudadanos decidido el voto, casi. Tienen la experiencia de estos cuatro años y lo han ido sintetizando. El voto está prefigurado más o menos. Eso se vio en las elecciones europeas de 2014, ahí fue el cambio. Desde entonces, lo que hay es más o menos lo mismo. Se ha ido repitiendo en las autonómicas, en las andaluzas, en las catalanas. En las generales, va a haber una situación en la que los dos grandes partidos se van a quedar en torno al 50%.

¿Podríamos por esta inestabilidad tener gobiernos más cortos?

Sí. Esta legislatura puede ser breve.

Debería haber un referéndum de independencia en Cataluña

Hablando de Cataluña, usted defiende que la relación Constitución-Estatuto se ha superado…

Ha desaparecido. En Cataluña no hay Constitución. Formalmente sigue la misma Constitución y el Estatuto de Autonomía, pero los ciudadanos de Cataluña no la consideran como propia ni que sea la fórmula de integración. Lo grave de la sentencia del Tribunal Constitucional es que ha hecho saltar por los aires la fórmula de integración de Cataluña en España. Es un problema sin solución. No se puede volver al Estatuto reformado porque no es posible, ni convencer a los ciudadanos catalanes de que tienen que aceptar ese texto, votaron otra cosa.

¿Y por dónde podría pasar la fórmula de integración?

Yo no veo fórmula ninguna ahora mismo. Es uno de los temas que plantea hacer una revisión de la Constitución. Hay que definir la estructura del Estado en la Constitución. Se ha agotado el binomio Constitución-Estatuto. Esa fórmula fracasó en 1931 y en 1978 y por lo mismo: tropezando en el Tribunal Constitucional. No se puede desplazar la definición al Estatuto, tiene que estar en la Carta Magna. Eso es lo que se llama hacer una Constitución federal, tiene que haber un pacto en el que los distintos territorios ocupen el lugar que le corresponde y se someta a referéndum de todos los pueblos españoles. Eso yo no lo veo en el horizonte, pero es la única solución.

¿Cree que debería haber un referéndum de independencia en Cataluña?

Yo creo que sí. A la altura que hemos llegado, la integración de Cataluña en España exige una clarificación de esta cuestión, que haya un referéndum y que los ciudadanos de Cataluña digan si quieren estar dentro o no. A partir de ahí, hacer la Constitución.

¿Piensa que los independentistas estarían dispuestos a negociar una nueva Constitución?

No lo sé. Pero si no hay negociación, lo que hay es enfrentamiento sin normas.

No va a haber declaración unilateral de independencia

¿Qué va a pasar en los próximos meses? ¿Conseguirá Mas la investidura? ¿Podría haber una declaración unilateral de independencia?

No va a haber una declaración unilateral de independencia, es imposible después del resultado de las elecciones. No se puede hacer con ese porcentaje de votos, ya que es el 34 o 35% del censo. Para constituirse en comunidad autónoma del 151 se exigía mayoría absoluta del censo. Para la independencia, parece lógico que se necesite una mayoría. Si no se hace un declaración, es un gobierno con su mayoría parlamentaria y tiene que hacer presupuesto y leyes. Ahora, a ver cómo se hace eso con la composición del Parlament. ¿Qué va a pasar? No lo saben ellos, nadie. Ya lo veremos, pero nada bueno. Todo se ha hecho muy mal y hay una desintegración absoluta.

¿Le sorprendió el resultado de Ciudadanos?

No mucho. Es el único partido que se ha presentado con una cierta coherencia en el proceso. El PP también, pero era una coherencia tan brutal, animal e insoportable que ha tenido castigo. Aznar ya lo ha dicho, que Ciudadanos representa mejor el programa de la unidad constitucional. C’s es un partido limpio, sin aristas, ha hecho un buen discurso y ha tenido una buena candidata. Ha representado a los ciudadanos que no quieren la independencia, pero que no quieren ser unos animales o un Albiol.

¿Cómo ve la evolución del otro partido emergente, Podemos?

No está mal. Se ha encontrado con dos problemas. Uno es que el PSOE resiste, más de lo que yo pensaba, y demuestra que su sistema inmunitario no ha desaparecido por completo y genera anticuerpos. Se ha renovado, ha puesto a Pedro Sánchez, se mueve y resiste. Podemos no contaba con que el PSOE aguantara. Mientras, el PP demuestra que no tiene nada, que tiene unos intereses creados y no tiene capacidad de renovarse. La identificación del PP con la corrupción es muy superior que con el PSOE. Y luego está IU, que es peleona. Entonces, Podemos se encuentra con que le cuesta arrancar votos de los socialistas y de Izquierda Unida. Además, ha habido una cierta soberbia y una manera de proceder de Podemos, que le pasa factura.

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