POLÍTICA
08/01/2018 11:18 CET | Actualizado 08/01/2018 11:18 CET

Gabilondo cree que la falta de autocrítica del Gobierno tras el caos es el mejor ejemplo de que todo sigue igual

"El comienzo de 2018 ha sido tristón, en blanco y negro, sin el más mínimo aliento renovador en un país que necesita acometer tantas reformas de forma apremiante".

GABILONDO

El periodista Iñaki Gabilondo ha defendido —en su comentario Feliz año nada nuevo, en la Cadena Ser— que el comienzo de 2018 ha sido "tristón, en blanco y negro, sin el más mínimo aliento renovador en un país que necesita acometer tantas reformas de forma apremiante".

El mejor ejemplo de esta afirmación es, según el periodista, la gestión del Gobierno del PP del caos por las nevadas y la posterior falta total de autocrítica: "Nunca reconoce nadie el menor error de gestión o de previsión. Los ciudadanos abandonados a su suerte en las carreteras bloqueadas por la nieve son el último ejemplo".

Así mismo, Gabilondo ha puesto el foco también en lo rápido que han envejecido los nuevos partidos, con Podemos como principal exponente de este fenómeno: "Podemos se ha convertido en lo último que hubiera querido, es uno más sino el más perdido de todos y ha pasado del acné a las arrugas en tiempo récord", ha sentenciado.

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Hace muy pocos años, algún enero político llegó rebosante de ilusión; el viejo bipartidismo con sus achaques componendas y corruptelas se batía en retirada y sonaban los claros clarines de los partidos nuevos, con sus denuncias y mensajes llenos de luz. Hasta los viejos parecíamos jóvenes.

Hoy, hasta los jóvenes parecen viejos. Sólo ciudadanos rema sobre la ola pero su fuerza es insuficiente para iluminar un paisaje de colorido.

La España política es hoy como una residencia de la tercera edad, con todos los partidos arrastrando los pies: El PP arrastrando las cadenas de su amenazador calvario judicial y su incapacidad crónica para mirar más allá de la punta de su zapato; el PSOE busca desconcertado un espacio que no encuentra y que empieza a dudar de si existe; y Podemos se ha convertido en lo último que hubiera querido, es uno más sino el más perdido de todos y ha pasado del acné a las arrugas en tiempo récord.

Y todo esto con Cataluña en inestabilidad creciente sin que el ganador de las elecciones pueda hacer gran cosa con su victoria.

Un comienzo de año tristón, en blanco y negro, sin el más mínimo aliento renovador en un país que necesita acometer tantas reformas de forma apremiante. Y en el que nunca reconoce nadie el menor error de gestión o de previsión. Los ciudadanos abandonados a su suerte en las carreteras bloqueadas por la nieve son el último ejemplo. ¿Responsabilidades? En la gran nevada de 2009 con los socialistas en el poder, Rajoy acusó a Fomento nada menos que de organizar el caos. Hoy los culpables son todos menos el Gobierno naturalmente.

Feliz año nada nuevo.

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