POLÍTICA
27/03/2018 22:05 CEST | Actualizado 27/03/2018 22:16 CEST

La hora de los 'Comités de Defensa de la República'

Así son por dentro y así actúan los grupos vecinales de las últimas movilizaciones en Cataluña.

Cataluña se ha levantado este martes con varias vías cortadas. La AP-7, a la altura de La Jonquera, ha amanecido con barricadas de neumáticos, palés, tiendas de campaña y centenares de manifestantes dispuestos a paralizar el tráfico durante 24 horas. También ha habido cortes en algunas vías de acceso a Barcelona por la mañana y durante toda la jornada se han repetido las mismas acciones en numerosas autopistas y carreteras de todo el territorio catalán. Por la tarde, los Mossoshan impedido en la estación de Sants de Barcelona un intento de ocupar las vías.

Las protestas en Cataluña están cambiando. La llamada "revolución de las sonrisas" ha sido substituida por "acciones más directas" que buscan una mayor incidencia. Los precursores de este cambio son los CDR (Comités de Defensa de la República), pequeños grupos vecinales, distribuidos por municipios o barrios, que guardan pocas similitudes con ANC y Òmnium.

Son asamblearios, no tienen jerarquías y ni siquiera tienen portavoces. Se calcula que en toda Cataluña hay unos 300, cuya actividad y número de miembros varía en función de los acontecimientos.

Los informes policiales remitidos al juez aseguran que los CDR tienen una veintena de líderes que los coordinan y les dicen cómo deben actuar. La Guardia Civil sitúa en esta cúspide a expolíticos como Antonio Baños y David Fernández o al diputado de ERC Ruben Wagensberg. También vinculan estos grupos a la CUP e incluso hablan de entrenamientos en descampados previos al 1-O.

Estas afirmaciones generan risas y desconcierto entre los miembros de los CDR, que consideran que ni los medios de comunicación ni las autoridades han conseguido entender estas organizaciones. "No se enteran de nada", resumía hace dos semanas un miembro del CDR del Carmel, en Barcelona. "No nos manda nadie y lo que decidimos aquí es independiente de lo que se decide en el barrio de al lado".

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Antidisturbios montan guardia después de que la Policía rompiera una barricada en la autopista A-47 de independentistas catalanes, cerca de Figueras, como protesta por la detención de Puigdemont

Una organización espontánea y descentralizada

Después de asistir a una reunión informal del CDR del Carmel, la sensación es que estas organizaciones se parecen más a los círculos del 15-M que no al grupúsculo violento que tratan de dibujar algunos informes policiales.

Ha habido entrenamientos, sí. Pero han sido sobre cómo mantener comunicaciones seguras con el móvil, sobre cómo resistir de manera pacífica o sobre qué pasos hay que dar en caso de detención. "Al menos en este CDR es lo único que hemos hecho", afirman los presentes. La pregunta sobre si han recibido clases de guerrilla urbana genera caras de estupefacción.

La realidad es que estos grupos se forjaron de manera espontánea durante los días previos a la votación del 1 de octubre. En todos los barrios se podían ver reuniones de vecinos organizándose para ocupar los colegios y proteger los centros de votación de la actuación de la policía. Era la génesis de los CDR y sus miembros ni siquiera lo sabían.

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Grupos independentistas ocupan escuelas en toda Cataluña, en un intento de asegurarlas como centros de votación, antes del referéndum de la independencia del 1 de octubre

La camaradería fraguada durante esos días, reforzada por las cargas policiales del 1-O, acabó de cristalizar durante la huelga general celebrada tres días después. Los CDR consiguieron entonces paralizar Cataluña con múltiples cortes de carreteras y vías de tren. "Hace dos meses ni nos conocíamos", explica uno de sus integrantes. "Tras el 1 de octubre y las protestas de después nos hemos hecho amigos y nos vemos cada semana".

Los CDR suelen funcionar a partir de un núcleo reducido que se reúne cada semana. A las asambleas puede asistir cualquiera. Paralelamente, hay un grupo más numeroso de afiliados que se movilizan en función de las circunstancias, tras las llamadas a través de los canales de Telegram. Cada distrito en Barcelona tiene el suyo, y algunos canales como el de Sants o Gràcia superan los 2.000 participantes cada uno.

En la reunión hay gente de todas las edades. Se ve desde algún joven de 17 años con estética antisistema hasta señores prejubilados con bufanda y zapatos. Los presentes incluso se lamentan de que les falta más gente joven en su CDR. "Lo único que tenemos en común todos los que estamos aquí son las ganas de no pasar por alto la situación excepcional que vivimos", asegura una mujer del grupo, de unos 40 años. "Simplemente no nos lo queremos quedar mirando".

El hermetismo de los CDR

Durante el encuentro con El HuffPost, nadie quiere hablar con su nombre ni dejan hacer fotografías. Este hermetismo le ha dado un halo de clandestinidad a los CDR que alimenta una imagen que a veces puede ser distorsionada. El secretismo tiene varios motivos.

En primer lugar, la ausencia de una cúpula y de una portavocía impide a nadie hablar en nombre de los CDR. "Cada CDR es un mundo", señalan durante la entrevista.

Los presentes aseguran que en algunos CDR hay miembros que también lo son de la ANC y explican que en algunos pueblos incluso hay miembros que vienen del ámbito de Convergència. "Cada barrio o pueblo tiene sus características igual que cada CDR. No se pueden poner todos en el mismo saco", insisten. "Si visitaras a otro CDR, este reportaje podría quedar distinto".

La dificultad de acceso a estos grupos también está relacionada con la presión policial. Los CDR están en el punto de mira de las autoridades y ya hay una cincuentena de miembros imputados por cortes en carreteras y vías de tren. La sensación entre los entrevistados es que se les atribuirá cualquier acción violenta que pueda haber durante las próximas movilizaciones.

La condena de la violencia

"El relato de que los CDR son violentos está cuajando en la sociedad", explicaba el domingo un manifestante cerca de la Delegación del Gobierno en Cataluña. A pesar de que estos grupos defienden acciones más subversivas que la ANC -cortes de carreteras, por ejemplo-, en todo momento insisten a sus miembros en la importancia de no generar situaciones de violencia ni atacar a la policía. Algunos miembros reconocen, no obstante, que, a partir de alguna de sus convocatorias, se han creado situaciones que han ido mucho más allá de la beligerancia que defienden los CDR.

"No caigamos en ninguna provocación", insisten continuamente en las asambleas de los CDR y en sus canales de comunicación. Miembros de estas organizaciones consultados este martes condenan la quema de contenedores del pasado domingo en Barcelona, tras la detención en Alemania de Carles Puigdemont. "Quienes lo hicieron son infiltrados, exaltados o anarquistas que aprovechan la ocasión", sostienen. "A nosotros no nos interesan para nada estas imágenes ni la cultura de los black blocks". [Los black blocks encarnan tácticas de guerrilla urbana partidarias de enfrentamientos con la policía].

EFE
Disturbios y quema de contenedores de basura en el Paseo de Gracia de Barcelona, tras la manifestación convocada en los alrededores de la Delegación del Gobierno de Barcelona en protesta por la detención de Carles Puigdemont

Sí que reconocen, sin embargo, que las detenciones de los últimos días han ejercido de catalizador de una nueva ola de movilizaciones. "La cosa estaba decayendo un poco. Cada vez venía menos gente a las reuniones", explica el miembro consultado este martes. "Ahora se ha reactivado y esperemos que vaya a más".

En un momento en que las principales organizaciones civiles independentistas están descabezadas y vigiladas de cerca por la justicia, la capacidad de reacción y la descentralización de estos CDR les aguardan un papel clave en la nueva fase de movilizaciones que se está fraguando en Cataluña. Si, al final, llega la llamada Primavera Catalana, los CDR serán uno de sus protagonistas.

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