POLÍTICA
02/06/2018 19:39 CEST | Actualizado 02/06/2018 19:39 CEST

El error que cometen todos al hablar de "Gobierno Frankenstein"

Lo vas a escuchar en todos los informativos y conviene que lo tengas claro.

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El tan temido (para algunos) "Gobierno Frankenstein" ha llegado a España. Y lo ha hecho después de que nos hayamos encontrado este término hasta en la sopa. Lo recuperó el pasado martes el ministro de Economía, Román Escolano, y desde entonces lo hemos escuchado sin parar. Eso sí, no es algo nuevo. Esta forma de referirse al Ejecutivo la estrenó Alfredo Pérez Rubalcaba para hablar de un gobierno que "no podía ser" porque se lograría gracias a una amplia gama de "retales". Como sucede con el personaje-monstruo de la novela de Mery Shelley, que fue creado gracias a fragmentos de cadáveres procedentes de salas de disección, patíbulos y mataderos. De ahí el guiño y de ahí que se utilice este término para para hablar de un Gobierno que se formaría gracias a la unión de una amalgama de partidos.

Más allá del vínculo entre el monstruo de ficción y el Gobierno hay un detalle que no todo el mundo tiene claro... ¿Sabías que Frankenstein era el creador del monstruo y no el archiconocido personaje? Al menos originariamente, algo que tiene su explicación. Es la forma con la que la autora consigue manifestar en su novela, publicada en 1818, su carencia de identidad humana. En la obra, su creador, Víctor Frankenstein, se refiere a él como "demonio", "miserable", o "desgraciado", entre otros.

Esto cambia a partir de los años 30, cuando la ya famosa novela se lleva al cine de la mano de los estudios Universal y protagonizada por Boris Karloff. La película se basa en gran medida en una obra teatral de Peggy Webling, estrenada en Londres en 1927. Curiosamente, en el Frankenstein de Webling, se da ese nombre realmente a su criatura; aunque en los créditos de la película éste aparece sólo con signos de interrogación. Pero el "error", por así llamarlo, ya se había cometido y la criatura de ficción por fin se hizo con un nombre.

Quién le iba a decir al monstruo que no sólo tendría nombre propio, sino que que incluso se hablaría de él en el mundo de la política.

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