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30/11/2018 20:26 CET | Actualizado 04/12/2018 14:02 CET

Pontevedra es una auténtica ciudad 'slow life'

Si todavía no has ido te estás perdiendo una pequeña joya.

TURISMO DE GALICIA

"Con todo el tráfico desterrado, menos el esencial, no hay motores ni bocinas, ni el rugir de motos, ni gritos de personas que intentan hacerse escuchar por encima del ruido, no es la banda sonora habitual de una ciudad española. Lo que escuchas en la calle, en cambio, es el piar de pájaros en las camelias, el tintineo de las cucharas de café y el sonido de voces humanas."

Así arranca el artículo que el periodista Stephen Burgen publicó el pasado 18 de septiembre en el diario británico The Guardian y que titulaba: "Para mí, esto es el paraíso".

La ciudad gallega hace ya casi veinte años que cerró el centro al tráfico y desde entonces el modelo no ha hecho más que recibir elogios y reconocimientos. Entre otros, la ONU la ha declarado la ciudad más cómoda para vivir en Europa y ha recibido el Premio Internacional de Dubai por desarrollar las mejores prácticas para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. Gran parte del éxito de estas medidas se debe también a que es una ciudad pequeña, en la que viven unas 83.000 personas.

TURISMO DE GALICIA

Hoy, en Pontevedra 7 de cada 10 desplazamientos se hacen a pie y se ha conseguido disminuir un 70% la contaminación... Esta es hoy una ciudad tranquila, en la que el paseo se ha convertido en la actividad más placentera.

Sus calles, sus plazas, sus bares, sus tiendas

Peatonalizar el casco histórico supuso revitalizar el centro de la ciudad. Plazas como la de la Leña, la Verdura o la Herrería han vuelto a ser centro de vida de los vecinos, como lo eran en el siglo XIX. En sus calles empedradas se escuchan las carcajadas de los más pequeños que pueden jugar con toda libertad o de grupos de amigos que disfrutan de unas cañas después del trabajo.

El domingo en Pontevedra el aperitivo es sagrado, y más durante el verano, en el que esta pequeña ciudad del sur de Galicia goza de un clima muy alejado al del frío y las lluvias. En las terrazas de las plazas, residentes y visitantes se dan cita para degustar un buen vino y unas copiosas tapas como antesala de una buena comida. Todo por supuesto con calma, sin prisas.

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Las gastronomía es un pilar fundamental de cualquier ciudad gallega, y esta no iba a ser menos. Locales como la pulpería O'Pulpeiro, en la calle de San Nicolás, parecen no sucumbir al paso del tiempo además de seguir ofreciendo para muchos el mejor pulpo a feira de la ciudad.

La gente no solo se desplaza al casco histórico de la ciudad a pasear y comer, también lo hace para comprar en la multitud de pequeñas y especiales tiendas que se agolpan en las estrechas calles de Pontevedra. Una de ellas es Carnaby, en la calle Manuel Quiroga, que es el paraíso de cualquier amante del estilo mod y de la cultura británica. Los que disfrutan descubriendo piezas únicas suelen dirigirse a Lagasca Vintage, en la calle Sarmiento, en la que se pueden pasar horas buscando algún tesoro.

Vida es la palabra que mejor definiría el ambiente de Pontevedra, que es un ejemplo de éxito para otros municipios de tamaño medio de que luchas por unas ciudades más amigables con los ciudadanos es posible.

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