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26/01/2019 08:58 CET | Actualizado 26/01/2019 09:03 CET

¿Cómo afecta a los profesionales de emergencias enfrentarse a un rescate?

Las secuelas psicológicas pueden aparecer y "son los primeros que tienen que saber pedir ayuda".

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En situaciones de emergencia, los profesionales que intervienen en la escena están preparados tanto para un rescate positivo como para un rescate fallido. Si se da el segundo de los escenarios, la clave para no desarrollar problemas psicológicos a consecuencia de su trabajo está en la gestión de las emociones.

Las emociones emergen inevitablemente. Hay momentos de angustia y de pena, "no somos capaces de que no surjan, pero sabemos que van a aparecer y sabemos manejarlas", explica Timanfaya Hernández, responsable de Emergencias y Catástrofes del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Están preparados para ello. Han trabajado previamente en técnicas para identificar los sentimientos que puedan surgir o para entrenar las respuestas que tendrán que ir dando en un rescate. Todo ello para conseguir, desvela la psicóloga, normalizar lo que se puedan encontrar y no asustarse cuando experimenten ciertas emociones.

Se les prepara para el momento previo a la emergencia, para la fase del 'durante' y para lo que viene después. "Todos tenemos reacciones, somos personas y puede ser que un profesional llegue a la escena y haya que sacarlo de la emergencia porque no puede hacerlo", explica Carmen Navarro, psicóloga clínica y una de las responsables de los equipos de respuesta inmediata en emergencias de Cruz Roja. Navarro relata el momento de un rescate en el mar en el que tuvieron que apartar a uno de los voluntarios que rompió a llorar porque la edad de la víctima era la misma que la de sus hijos. Tener una reacción desproporcionada o quedarse en shock sin saber reaccionar puede ser natural.

Los profesionales son los primeros que tienen que saber pedir ayuda

"Ellos son los primeros que tienen que saber pedir ayuda", indica Navarro. Especialmente porque los voluntarios deben estar preparados para encontrarse con personas que atraviesan una situación anormal, por lo que las reacciones pueden ser desmesuradas: "A los voluntarios hay que darles oportunidades de descanso, de ventilación, de normalizar el día y un lugar en el que hablar de cosas tan rutinarias como 'qué frío hace hoy".

Si la persona a la que hay que rescatar es un niño, la angustia es mayor. "El sentimiento de impotencia, de inutilidad por no poder hacer más es mucho más angustiante. Un niño siempre es mucho más vulnerable", apunta Timanfaya Hernández. Ese incremento de empatía se da en todos los profesionales que intervienen, porque un niño no tiene conciencia de lo que está ocurriendo y la sensación de indefensión es mayor que la de un adulto.

Cuando algo se expone tanto tenemos la sensación de que conoces a los implicados y empatizas tanto que la noticia impresiona más

Con la sobrexposición de casos como el de Julen, que ha tenido en vilo a todo el país, la ansiedad del personal de rescate puede aumentar a la vez que la empatía y el vínculo emocional con la persona a la que tienen que atender. Es tan normal como verlos llorar cuando el rescate se da por concluido, especialmente si el resultado es el peor que se podía esperar. "La larga espera, estar con la familia, ver cómo ha sido, la sensibilización que hay a nivel social... Cuando algo se expone tanto tenemos la sensación de que conoces a los implicados y empatizas tanto que la noticia impresiona más", relata la psicóloga. Al final, conocemos la historia tan de cerca que nos sentimos parte implicada.

Sin embargo, lo ideal cuando una persona está trabajando en una situación que requiere una concentración y atención absoluta es evitar el ruido alrededor, en lo que a interrupciones o presiones se refiere. Por ello, la presión de saber que todo el mundo está observando cómo lo haces no favorece la labor.

"Están en un escaparate y cuando estamos en una situación emocional desproporcionada no nos gusta que lo vea todo el mundo. Hay gente que reacciona tirándose al suelo, gritando... Son reacciones normales dentro de un acontecimiento tan anormal", analiza Carmen Navarro.

La psicóloga de Cruz Roja lo tiene claro: la empatía puede servir para ayudar mejor o todo lo contrario, ser contraproducente hasta el punto de que si te pones tanto en el papel del prójimo, no puedes ayudar. De hecho, confiesa que una de las intervenciones que le afectó personalmente fue la de un accidente en el que las víctimas tenían la edad de su hijo.

Lo que le ocurrió a Carmen Navarro al dar asistencia en ese accidente no es nada extraño. Esta misma semana conocíamos un caso similar, el del príncipe Guillermo. El duque de Cambridge reveló que su trabajo como piloto de helicóptero de Emergencias le había provocado problemas psicológicos a consecuencia de un rescate fallido. Las secuelas no fueron inmediatas, sino que llegaron a raíz de ser padre.

En una situación traumática las secuelas pueden aparecer tiempo después, precipitadas por ejemplo por la paternidad. La experiencia de ser padre hace que la empatía sea mucho mayor

En una situación traumática las secuelas pueden aparecer tiempo después, precipitadas, por ejemplo, por la paternidad. La experiencia de ser padre hace que la empatía sea mucho mayor, según explican las dos psicólogas.

No hay nada que facilite el proceso para enfrentarlo, aunque cuanto antes se trate la sintomatología y cuanto antes se intervenga, más se pueden prevenir las secuelas posteriores.

Las experiencias fallidas pueden suscitar incluso que estos profesionales quieran abandonar el trabajo. De hecho, Timanfaya Hernández apunta también algunos casos de quienes necesitan desvincularse de su profesión tras el fallecimiento de un compañero del cuerpo de especialistas en un rescate.

Cuando todo ha terminado, siempre hay mucha autocrítica. "Se suele pensar que podríamos haber hecho más. Hacemos una reflexión grupal para reconocer nuestro trabajo. A veces no lo conseguimos y no es lo esperado, encontramos a alguien fallecido e impacta verlo y encontrarte con esa situación", explica Navarro. Al fin y al cabo, están entrenados para salvar vidas, pero no dejan de ser humanos. Timanfaya Hernández cree que no se valora tanto como se debería a este tipo de profesionales: "Cuando hay emergencias se habla de ellos y se visibiliza, pero cuando no, son invisibles".

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