INTERNACIONAL
30/01/2019 12:06 CET | Actualizado 30/01/2019 12:09 CET

Un alto cargo del Vaticano dimite acusado de abusos a una exmonja

La mujer denuncia que intentó darle un beso y abrazarla durante una confesión. El religioso lo niega.

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Hermann Geissler, en una imagen de 2010.

El sacerdote austríaco Hermann Geissler, de 53 años, presentó su renuncia a su cargo en la Congregación para la Doctrina de la Fe tras ser acusado por una monja de abusos sexuales en una confesión en 2009, según ha informado este martes la Santa Sede en un comunicado.

La Congregación indicó que Geissler pidió este lunes al prefecto Luis Ladaria Ferrer "abandonar su servicio", lo que ha sido aceptado. "El Padre Geissler dio ese paso para limitar el daño ya acarreado a la Congregación y a su comunidad. Defiende que la acusación contra su persona no es cierta y pide que se continúe el proceso canónico ya iniciado", se lee en la nota. Además el sacerdote se reserva la opción de presentar "eventuales acciones legales".

Hasta ahora era conocido como autor de numerosas publicaciones teológicas y durante años fue trabajador en el antiguo Santo Oficio, que hoy es el órgano vaticano que se ocupa de velar por el cumplimiento de las reglas doctrinales de la Iglesia católica y de investigar los abusos a menores por parte del clero.

Los hechos

Geissler fue acusado por la exmonja alemana Doris Wagner-Reisinger de abusar de ella durante una confesión en 2009 en Roma. En concreto, dice que esos abusos consistieron en el intento de éste de darle un beso y abrazarla durante una confesión. Ahora la mujer es conocida por su activismo en la lucha contra los abusos a mujeres en el clero.

El Vaticano abrió una investigación en 2014, cuando Wagner-Reisinger denunció los hechos. En noviembre pasado, la supuesta víctima volvió a acusarlo públicamente durante un encuentro de exreligiosas en Roma, según publica la prensa local, que sostiene, aún sin confirmación oficial, que el religioso ya habría denunciado a la supuesta víctima por calumnias.

La acusación llega en un momento en el que la Iglesia empieza a tomar conciencia de que, más allá de los abusos a menores, se han producido durante años violaciones a monjas en distintas partes del mundo.

Según el canon 1387 del Código de Derecho Canónico, un sacerdote que durante una confesión solicita a un penitente pecar contra el sexto mandamiento debe ser castigado con suspensión, prohibiciones o privaciones, y en casos más graves tiene que ser destituido del estado clerical.

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