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20/12/2018 07:15 CET | Actualizado 20/12/2018 07:15 CET

No estaba previsto

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Nací en el franquismo, pero no sentí lo que era vivir en una dictadura, y apenas supe nada de la Guerra Civil. Era hija del juez de Montoro (Córdoba) y los hijos del juez éramos "gente importante". No teníamos mucho dinero, los jueces, oía decir, ganaban poco, pero tuvimos siempre lo necesario para vivir bien. Fui a colegios privados, de monjas, por supuesto, era buena estudiante y así transcurrieron mis primeros años, pero nuestros padres y madres, que sufrieron la guerra, tenían miedo y nos ocultaron cuanto pudieron. La consecuencia fue eso que escribió Amelia Valcárcel, "la ablación de la memoria"; la tuvimos que recuperar poco a poco. Las personas que tuvimos la fortuna de acceder a la universidad, lo cual era un privilegio, mucho mayor si eras mujer, pues solo teníamos una función en la vida: ser esposas y madres. Escapé a la regla y ahí cambió mi vida.

Junto a la universidad, el teatro fue para mí vital; me sirvió para escaparme del mísero ambiente que nos rodeaba. Participé del potente movimiento estudiantil de finales de los años 60, del movimiento de los PNN, hice la tesis doctoral, -soy la segunda doctora en Derecho en los 500 años de la Facultad de Sevilla-, aunque conviene recordar que hasta 1910 las mujeres no tenían acceso a la universidad; hice también las primeras oposiciones a adjunta de Derecho Administrativo, la primera y única mujer de aquella promoción; me casé por primera vez, tuve hijos, milité en el PCE y después en el PSOE.

La política se cruzó en mi camino para siempre, aunque hace más de 20 años que no vivo de ella. Participé en la Transición democrática, en la consecución de la autonomía andaluza, fui también la primera mujer consejera del Gobierno andaluz, y he vivido, en fin, todo el proceso político de construcción de la democracia en España, nuestro ingreso en la UE y todo lo bueno, y menos bueno, de estos años. Y también el feminismo; en 1978 dije en una entrevista que era "feminista acérrima" y así sigo.

Fue en 2008 cuando se empezó a hundir nuestro mundo, ya globalizado; la crisis económica de Lehman Brothers, cuyos efectos perniciosos aún perduran.

No todo fue bueno, sin duda. Sufrimos mucho, lo que más, los asesinatos de ETA; también, intentos de golpe de Estado, huelgas, reconversiones, paro, tensiones territoriales y todo lo que supuso hacer de España un país democrático, similar al resto de los países europeos. Ha habido alternancia política en los gobiernos de cualquier ámbito territorial, con la excepción de Andalucía, hasta ahora en que, tristemente, además tendrá representación un partido centralista, machista y xenófobo.

Fue en 2008 cuando se empezó a hundir nuestro mundo, ya globalizado; la crisis económica de Lehman Brothers, cuyos efectos perniciosos aún perduran, ha sido una crisis que ha roto al mundo occidental, como ocurrió con la crisis del 29.

En política, las cosas no se repiten miméticamente; cambian las circunstancias y las consecuencias, pero la brutal desigualdad, pobreza, inmigración, refugiados, xenofobia, racismo, machismo, jóvenes sin futuro, mayores abandonados, violaciones de los derechos humanos, está siendo tan brutal que nos estremece; así no podemos seguir y no se ve ninguna luz al final de este fatídico túnel. El mundo que teníamos, está en trance de desaparición.

Recortes sociales y recortes de derechos solo pueden conducir al mundo de Trump que, envuelto en la bandera americana, se dedica a eliminar los derechos humanos más elementales.

Javier Cercas, el escritor y pensador que más admiro, afirmaba en una entrevista en la Cadena Ser que "el nacional populismo no es fascismo porque la historia no se repite nunca exactamente, usa mascaras distintas. Para mí, el nacional populismo es una especie de mascara posmoderna, y, de momento, no tan dañina, de los totalitarismos de los años 30. Es inapelable que vivimos en la dictadura del presente, propiciada por el abrumador poder de los medios de comunicación. Y uno de los efectos secundarios de ese poder es que el presente es ahora, y lo que ocurrió hace tres horas es ya pasado. Y lo que ocurrió hace tres semanas es la prehistoria y no tiene absolutamente nada que ver con el presente; esto es un disparate porque el pasado es una dimensión del presente. Sobre todo cuando hay recuerdos y supervivientes de ese pasado. Sin esa dimensión el presente está mutilado". "Mis libros son un combate contra la dictadura del presente", concluye.

Recortes sociales y recortes de derechos solo pueden conducir al mundo de Trump que, envuelto en la bandera americana, se dedica a eliminar los derechos humanos más elementales; en nuestra Europa, tenemos al Reino Unido a la deriva, a Francia con los chalecos amarillos, muchos otros en los que crece el nacional populismo, y España con un conflicto territorial histórico, al que no se le ve salida. "Un solo pueblo, una sola nación, un solo Estado, una sola religión son la sustancia de todo lenguaje totalitario" (Santos Juliá). No, no estaba previsto.

Este post se publicó originalmente en el Diario de Sevilla.

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