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24/03/2013 10:10 CET | Actualizado 23/05/2013 11:12 CEST

Semana Santa

Por estas fechas es tradicional comer bacalao. Allá a mediados del siglo XVI, con ocasión del Concilio de Trento, un cura sueco muy listo llamado Olaf Manson se las arregló para convencer a todos a sus colegas de las bondades del bacalao sueco. Como Ikea pero en versión contrarreforma católica y por imposición papal.

Canción recomendada: Ane Brun, Changing of the seasons.

¡¡Buenas noches, tarde o día, amig@s!!

Ya tenemos la Semana Santa encima. Sabéis bien que yo no soy muy santo que digamos, pero como ocurre con la navidad y pese al estruendo de las procesiones, estas fiestas son de todos, los que creen, los que no o los que creen en el vecino de al lado. Al final, de lo que se trata es de descansar, salir un poco de nuestra rutina diaria, pasar tiempo con la familia y, cómo no, sentarnos a la mesa a disfrutar.

Así que como sé que todos -incluso aquellos a los que nos quedan varios días de trabajo por delante- estáis esperando el pistoletazo de salida para entregaros al relajo, hoy seré breve y me limitaré a contaros algo que descubrí en un libro que os recomiendo a todos. El libro se llama Por qué a los italianos les gusta hablar de comida y lo ha escrito Elena Kostioukovitch, que es una académica rusa radicada en Italia, además de traductora al ruso de Umberto Eco, entre otros. El libro es un recorrido histórico y sociológico por la gastronomía del país de la bota, que va saltando de región en región, de plato en plato, de costumbre en costumbre, y es una verdadera delicia.

Esto igual alguno de vosotros ya lo sabía, pero a mí me lo ha descubierto la señora Kostioukovitch. Como todos sabéis, por estas fechas es tradicional en España, Italia y otros países europeos comer bacalao. La historia de por qué comemos pescado en viernes santo y demás, no hará falta que os la cuente, imagino. Algo de la Biblia os habréis leído o habréis visto la película. Lo que yo no sabía es por qué se come concretamente bacalao. Pues resulta que allá a mediados del siglo XVI, con ocasión del Concilio de Trento, un cura sueco muy listo llamado Olaf Manson (u Olao Magno u Olaus Magnus, parece ser que por entonces no se aclaraban con la forma de escribir los nombres o que el tipo tenía afición a cambiárselo. Jejeje), delegado por su país en el famoso concilio, se las arregló para convencer a todos a sus colegas de las bondades del bacalao sueco y así "las autoridades conciliares decidieron importar en todos los países de la Europa católica bacalao escandinavo a fin de alimentar a los fieles en días de vigilia". Vamos, como Ikea con los muebles pero en versión contrarreforma católica y por imposición papal.

¿Qué os parece?

Y nada, sin más, y como en estos días tendréis más tiempo (algunos), os dejo esta receta para que disfrutéis con la familia. Nos leemos en un par de semanas.

Sed buenos y curiosos; o pecadores, jejeje.

Besos y sus cosas.

Andrés

Bacalao asado sobre terciopelo de guisantes a la menta

4 supremas de lomo de bacalao fresco de 200g

5 chalotas

1kg de guisantes frescos

12 hojas de menta fresca

1lt de caldo de pescado

1 zanahoria

1 calabacín

100g de calabaza

50g de apio verde

Aceite de oliva

Flor de sal

Pimienta negra recién molida

Elaboramos la crema de guisantes rehogando las chalotas en aceite de oliva. Cuando hayan pochado, añadimos los guisantes, a los que habremos dado un lavado en agua fría. Rehogamos el conjunto y mojamos con caldo de pescado, y añadimos las hojas de menta. Dejamos cocer hasta que los guisantes ceden a la presión de los dedos sin mayor esfuerzo. Trituramos los guisantes con el caldo, teniendo cuidado de no dejar demasiado líquida la crema, que ha de resultar espesa. Corregimos el punto de sal y de pimienta. Reservamos.

Cortamos las verduras en daditos del mismo tamaño, y las escaldamos en agua hirviendo. Una vez hecho esto, las refrescamos en agua fría y las reservamos hasta el momento del emplatado. Llegado ese momento saltearemos las verduritas en aceite caliente, y salamos.

Los pedazos de bacalao, untados en aceite por sus cuatro caras y salpimentados se habrán de asar al horno, que habremos precalentado convenientemente a 180º, durante unos 10 minutos, dependiendo del grosor de cada trozo.

Para emplatar colocaremos la crema de guisantes en el centro del plato, en el centro de la crema de guisantes colocaremos las verduras y estas servirán de cama al bacalao, que colocaremos encima de ellas.

Rociar con un poco de aceite de oliva.

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