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22/05/2018 07:25 CEST | Actualizado 22/05/2018 16:10 CEST

De cómo un chalé desmonta una farsa

MG INMOBILIARI

Un chalé de 600.000 euros en Galapagar, en una parcela ajardinada de 2.000 metros cuadrados, ha dinamitado todo un discurso y un postureo muy elaborado por reputados alquimistas del cuento revolucionario; una cortina de humo, en muchos casos - no hay que despreciar el poder de la ingenuidad, la fuerza de las almas cándidas o el valor de la utopía- diseñada ex profeso para disimular algo mucho más prosaico: la ambición, tantas veces cargada de envidias y resentimientos, combinada en dosis explosivas con un indisimulado mesianismo.

La nueva casona de la pareja Pablo Iglesias e Irene Montero, y sus dos gemelos inminentes, es una realidad. El discurso metódico y muy bien montado, que podría haber sido un perfecto cubo de Rubik, que se inició con el aprovechamiento, y algunos dicen que usurpación, del espíritu del 15-M en Sol y aledaños, era un encantamiento. Una nube blanca. Una retórica gaseosa, destinada a agrupar a los indignados desperdigados tras una bandera, como hacían los caballeros medievales con sus siervos: sigan la enseña y peleen sin pensar.

Nos pintaban un mundo alternativo perfecto, un idealismo maravilloso, no había ideología excluyente ni partidismo, eran los de abajo contra los de arriba

Nos pintaban un mundo alternativo perfecto, un idealismo maravilloso, no había ideología excluyente ni partidismo, eran los de abajo contra los de arriba; y arriba no había buenos, ni por casualidad. Era, toda la cúspide del sistema, 'la casta'. Una casta que sin excepción, robaba, engañaba, vivía en grandes mansiones y áticos alejada de los realidades del pueblo sometido.

La democracia no era una democracia 'verdadera', como la venezolana o la soviética, o la cubana o la de Kim Jong-un. Era una democracia enferma; una hijuela del régimen del 78, de una Transición denostada que fue, según este tramposo discurso, una traición. Lo de menos era, y sigue siendo, que fue participada y refrendada con un sí abrumador por la inmensa mayoría de la sociedad. Lo de más, era su imperfección histórica. 'Constitución borbónica', la llamaban. Cuando los borbones no dejaban de ser una familia, y los que la refrendaron en libertad fue todo un pueblo.

Lo que se ofrecía a cambio era humildad, sencillez, sinceridad. Humildad para vivir frugalmente, prescindiendo de los lujos pequeño burgueses. Vestir de diseño, ni casual ni urban, nunca; tenía que ser pobre, o aparentarlo, con brillos de viejo, ser joven y a la vez maduro, con coleta pero con barba leninista. Ofrecer nuevas recetas, reducir los sueldos de los políticos y los privilegios. Que ese dinero sea para viviendas, pensiones, paros... Apoyar los movimientos sociales, los anti sistema incluidos.

EFE

El problema es que las palabras, multiplicadas por las redes sociales, tienen el peso suficiente como para estar regidas por la ley de la gravedad. Mientras más alto suban, más rápido bajan. Eso se sabe desde el Eclesiastés, hace unos 3.000 años. Quien no ha corrido, tiempo ha tenido. Por eso ruedan y ruedan por los recovecos del ciberespacio los videos de Pablo Iglesias (el joven, no confundir con el viejo, fundador del PSOE y la UGT) criticando a los 'poderosos' que viven en chalés aislados en urbanizaciones selectas, alejados, como le decía en un footing de pacotilla a la periodista Ana Rosa Quintana, de las realidades sociales. Y ruedan y ruedan sus palabras sobre la necesidad de okupar viviendas; ni compra ni alquiler, ocupación. Y las promesas sobre los salarios. Como mucho, el triple del salario mínimo interprofesional de los políticos, todo incluido.

Pero hay datos, que aparte de lo contable, 8 por 3 = 24, indicaban algo más profundo: que ese ahorro, esa nueva austeridad que impregnaría por capilaridad a las instituciones y corporaciones regidas por esa izquierda verdadera y guay, dedicaría lo que se ahorraría en esos lujos a prioridades sociales del Presupuesto, no al truquito dialéctico de una propia Fundación o al Partido/Movimiento .

Pablo Manuel Iglesias e Irene Montero deciden de repente 'actualizar' su pensamiento tanto y tan rápido que en un santiamén han olvidado su oferta y asumido todo lo que era 'pecado mortal'

Y de repente, Pablo Manuel Iglesias e Irene Montero deciden 'actualizar' su pensamiento, y tanto y tan rápido han hecho las 'reformas estructurales' que pregona el FMI, la 'troika' y sus apóstoles, que en un santiamén han decidido olvidar toda su oferta, ponerla en almoneda, y asumir, en la práctica, todo lo que hasta ese momento era pecado mortal, alta traición a la ciudadanía.

Primero, demostraron que no era verdad que ellos no fueran ni quisieran serlo, atrás, Satanás, un partido político tradicional, con maneras tradicionales y recetas tradicionales. Lo eran. Lo demostraron cuando por fríos cálculos de oportunidad negaron su voto a Pedro Sánchez para desplazar a Rajoy y propiciar un gobierno socialista. Lo demostraron cuando afloraron las peleas internas, las luchas de las distintas familias, las puñaladas traperas y las purgas. Todo muy antiguo; muy de siempre. Contagiados por los grandes vicios de la partitocracia, que es una perversión de la democracia de partidos.

Y ahora, o por ahora, el colofón, que ha conmocionado por varios motivos diferentes, y hasta antagónicos, a la masa podemita. A unos los ha aturdido la estupidez del matrimonio Iglesias-Montero o viceversa: ¿cómo han cometido ese error?, se preguntan los estrategas. Otros dan su opinión sincera sin miedo al purgatorio: Hay que predicar con el ejemplo; tenemos que seguir viviendo como siempre, en el 'chabolo' o en la VPO.

Pero la mayoría ha sentido como una punzada en el pecho. Lo confiesan sólo unos pocos; pero son bastantes los que nos han cuchicheado sentirse engañados. Bueno, es cierto, que como en un acto reflejo dicen enseguida que quizás no ha habido mala intención, sino solo un error, una equivocación.

Es un vil chantaje a la militancia: decir no, que es lo que querrían, implicaría una vía de agua a 'Podemos' y el hundimiento del barco

No obstante la respuesta pablista, sacada de un manual de prontos auxilios, despeja cualquier duda: amenaza de referéndum interno entre los inscritos, y si dicen no al lujo, nos vamos. Lo siguiente puede ser el '4x4'. Es un vil chantaje a la militancia: decir no, que es lo que querrían, implicaría una vía de agua a 'Podemos' y el hundimiento del barco. Y ahí vuelve otra vez el 'comisario político' Juan Carlos Monedero exigiendo acatamiento incondicional y perruno al 'querido líder'. No deben olvidar un dato: con los inscritos no se ganan las elecciones, hacen falta más inscritos, como cinco millones.

La teoría de la avalancha establece que a veces el pequeño movimiento de un minúsculo grano de arena provoca el desplazamiento de otros granos de arena, y esos a su vez de otros, que al final provocan la caída de una gran roca y hasta de una entera montaña.

Lo mismo sucede en la opinión pública. Los cambios de tendencias empiezan de una forma imperceptible; las hay que mantienen un desplazamiento hacia abajo continuo, encuesta tras encuesta; otras líneas del gráfico que ni suben mucho ni bajan demasiado, pero que en cualquier momento pueden hacerlo, por algún impulso. En el fondo, el 'caso Cifuentes' es un ejemplo claro de la teoría de la avalancha. También lo puede ser el 'caso chalé', por mucho que ya se acuda al victimismo: "nos lo hacen a nosotros", "nos persiguen", "se meten con nuestra vida privada". Pura fullería. Cientos, miles de políticos, han pasado por la misma experiencia. Tanta desmemoria es digna de una jornada de reflexión.

Millones de españoles tienen un chalé, pequeño, mediano o grande, en esas urbanizaciones que motean los perímetros de las ciudades; y nadie gana o pierde votos por eso. Porque es algo natural. Y quien no puede, empieza por un adosado, que ha sido un eficaz instrumento de socialización (y consumo) del suelo residencial, algo que, por otra parte, comenzó en la Gran Bretaña del siglo XIX y principios del XX. Una buena parte de Londres es adosada.

Y cumpliéndose milimétricamente la maldición preelectoral que se cierne sobre los soberbios, aparece un escándalo que por su naturaleza puede dar lugar a una temible bola de nieve cuesta abajo

Sin embargo, no es este el caso ni la cosa de Pablo Iglesias 'bis' e Irene Montero. Ellos impugnaban este modelo; hasta hace meses, quizás semanas, mantenían el desprecio altanero por esos burgueses aislados en grandes viviendas con tejados y jardines fuera de la trama urbana. Presumían de sus magros salarios, de su vestir de 'Carrefour' y 'Alcampo', como mucho postín de 'Zara'; y defendían la okupación como un instrumento revolucionario y democrático.

Y dirán, como los curas hipócritas, "haz lo que yo digo y no lo que yo hago".

Mientras tanto, siguen vivos en las redes los consejos para una buena 'okupación' de organizaciones afines que editan manuales para okupar con el menor riesgo posible – hay que recordar que 'Podemos' se opuso a la ley para acelerar los desalojos de las viviendas particulares okupadas. Y, ya el colmo de la doblez, la ley del fonil (en el español canario, embudo en el castellano restante) lo ancho para mí, lo estrecho para los demás: al parecer, técnicos en seguridad están haciendo un proyecto para proteger la vivienda, con cámaras de vigilancia y alarmas. La 'okupación' tiene 'chaleses' de amigos con inmunidad/impunidad. Ya empezamos.

Y cumpliéndose milimétricamente la maldición preelectoral que se cierne sobre los soberbios, aparece un escándalo que por su naturaleza y por el desprecio a la opinión pública y a los mismos 'creyentes' con que se maneja la crisis, puede dar lugar a una temible bola de nieve cuesta abajo.

'Podemos' podría convertirse en 'Pudimos' si no cambia el chip.

La nueva casa de Pablo Iglesias e Irene Montero

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