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19/12/2017 07:22 CET | Actualizado 19/12/2017 07:22 CET

Los cuentacuentos que ven fantasmas en el 155

EFE

Los que tuvimos la suerte histórica de vivir en primera fila del patio de butacas las postrimerías de la Dictadura (1939 – 1975), la pasión de la democracia, la libertad, la amnistía y el estatuto de autonomía, y fuimos además la primera generación de herederos de los que sufrieron la guerra civil (1936-1939), desde los dos bandos, sabemos perfectamente lo que fue el franquismo. Todo esto, además, está perfectamente reflejado en los libros 'serios' de historia.

Podrá haber, según los autores, distintos enfoques sobre algunas cuestiones, cosa lógica y muy natural si se tiene en cuenta la complejidad de un conflicto en el que se entrecruzaron los más diversos y contradictorios intereses y visiones, desde la decadencia de la monarquía hasta la confluencia de distintas fuerzas renovadoras, progresistas y democráticas, que dio origen a la II República. Con otras que, con distintos ropajes, en realidad eran mensajeras del mal.

La esquela que oficializó la muerte política-institucional del franquismo, de sus pompas y sus obras, se publicó en el BOE en forma de texto constitucional en la Disposición Derogatoria

En los acuerdos a que llegaron personalidades y movimientos de dispar ideología, desde partidos de centro-derecha, centro-izquierda, como la Izquierda Republicana de Azaña, monárquicos defraudados, socialistas de muchas ramas del mismo tronco, desde la obrerista a la marxista pasando por la socialdemócrata, comunistas, anarquistas, sindicalistas... puede vislumbrarse el antecedente del consenso sobre el que, quizás sin pensarse así, sin ningún diseño inteligente, se da por hecho que se construyó la Transición que comenzó con el harakiri de las Cortes franquistas, la elección de unas Cortes Constituyentes votadas el 15 de Junio de 1977 y, por fin, con la aprobación de la Constitución de 1978.

La esquela que oficializó la muerte política-institucional del franquismo, de sus pompas y sus obras, se publicó en el BOE en forma de texto constitucional, que en su integridad, y empezando por el preámbulo, era y sigue siendo, una declaración de amor de los españoles, refrendada en referéndum, a la democracia, las libertades, la solidaridad, la autonomía regional y el futuro en paz. Pero 'técnicamente' el finiquito fue la Disposición Derogatoria, que muy pocos han leído, porque existe la puñetera manía de leer la Constitución "por encima", cuando lo importante no está arriba o abajo, por delante o por detrás, sino dentro.

Esa Disposición Derogatoria dice:

1) Queda derogada la Ley 1/1977, de 4 de enero, para la Reforma Política, así como, en tanto en cuanto no estuvieran ya derogadas por la anteriormente mencionada Ley, la de Principios del Movimiento Nacional, de 17 de mayo de 1958; el Fuero de los Españoles, de 17 de julio de 1945; el del Trabajo, de 9 de marzo de 1938; la Ley Constitutiva de las Cortes, de 17 de julio de 1942; la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, de 26 de julio de 1947, todas ellas modificadas por la Ley Orgánica del Estado, de 10 de enero de 1967, y en los mismos términos esta última y la de Referéndum Nacional de 22 de octubre de 1945.

2) En tanto en cuanto pudiera conservar alguna vigencia, se considera definitivamente derogada la Ley de 25 de octubre de 1839 en lo que pudiera afectar a las provincias de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. En los mismos términos se considera definitivamente derogada la Ley de 21 de julio de 1876.

3) Asimismo quedan derogadas cuantas disposiciones se opongan a lo establecido en esta Constitución.

Que en la población española haya sectores nostálgicos del franquismo, y hasta del carlismo, del moro Musa, o del Cid Campeador, es algo natural. En todos los países del mundo hay idiotas, gente trastornada y nostálgicos profesionales que se agarran como náufragos en un mar tempestuoso de soledades a cualquier paparrucha que les de la tranquilidad espiritual y las dosis de autoestima dietética que da la fe religiosa.

Así como en la derecha hay muchos que se consideran herederos testamentarios del Generalísimo, en la izquierda también hay quien vive y sobrevive de las rentas obtenidas en la lucha contra el dictador

Pero hay que decirlo todo: así como en la derecha hay muchos – no vamos a engañarnos- que, desde militantes de a pie y simpatizantes hasta dirigentes, se consideran herederos testamentarios del Generalísimo, en la izquierda también hay quien vive y sobrevive de las rentas obtenidas en la lucha contra el dictador. Por ejemplo, los que desde la ignorancia, la nostalgia o la malevolencia, denuncian que la muerte de Franco es una mentira tan grande, una conspiración tan enorme como la llegada del hombre a la Luna, la esfericidad de la Tierra o la conjura extraterrestre para que Donald Trump llegara a presidente de EE.UU., aunque este episodio sea verdaderamente extraño, entre lo lunático y lo marciano.

No se pueden negar algunos síntomas clínicos de que, en efecto, hay un contagio muy localizado de franquitis crónica: ese tic que es como la palanca de la luz cuando se plantea el cambio de nombres de calles que recuerdan a capos del Régimen del 36 y a matarifes de la Falange, el Movimiento o militares psicópatas que dejaron de lado las leyes de la guerra para convertirse en asesinos de masas.

"En el otro bando también los había", argumentan a modo de disculpa comparativa. Cierto: pero ¿en qué calle se les honra, qué monumento les glorifica en pueblos y ciudades? Lo mismo sucede con la Ley de la Memoria, que el PP ha congelado. El discurso que se ha mantenido hasta casi ahora mismo es el de que hay que dejar descansar a los muertos. Algún portavoz supuestamente 'renovador' ha renovado hacia atrás y ha acusado a los familiares de desaparecidos asesinados después de la guerra civil de buscar subvenciones y de mantener la llama de la revancha. Eso es una indecente maldad a sabiendas. A nadie en sus cabales en Europa se le ocurre ponerle el nombre de una plaza a Petain, Hitler, Goebels, Mussolini o a 'los mártires del colaboracionismo'...

La 'prueba del algodón' de la limpieza democrática de España es que con toda naturalidad han desarrollado su actividad partidos nacionalistas que han sido pareja de hecho del independentismo y hasta de los violentos

La nación española es una democracia total y avanzada en el conjunto de las naciones más democráticas del mundo. La 'prueba del algodón' de la limpieza democrática es que con toda naturalidad han desarrollado su actividad partidos nacionalistas que han sido pareja de hecho del independentismo y hasta de los violentos, que han amparado a los terroristas, como Batasuna y sus marcas blancas, o que los han comprendido, como los equidistantes y los ambiguos, convertidos técnicamente en cómplices por omisión del deber de socorro; que quienes proclaman abiertamente que su objetivo es tumbar el sistema democrático actual, arramblar con 'el Régimen del 78', e imponer una charada bolivariana ejercen su activismo caótico con total libertad; que los nacionalistas catalanes han llevado a cabo una paciente labor de zapa y desestabilización sentando las bases para un golpe de estado territorial....

Hay que estar trastornado, o ser imbécil – el profesor Lázaro Carreter les llamaría educada y elegantemente 'humanoides catatónicos'- o perverso manipulador para proclamar que la defensa legítima del Estado democrático huele a franquismo. Y que los golpistas detenidos por orden judicial son 'presos políticos' "simplemente por defender sus ideas".

Una trola. Ni en el Vaticano ante una situación similar el Papa utilizaría mangueras o hisopos de agua bendita. Para esos menesteres está la Guardia Suiza.

Y en este contexto, una parte de la izquierda democrática sigue teniendo una asignatura pendiente con los símbolos de la nación. La bandera, por ejemplo. La actual bandera representa bastante fielmente el ideal renovador, progresista y democrático de la II República que no era otro que alcanzar un Estado de bienestar, descentralizado pero unido, en libertad, tolerancia y leyes.

Ese espíritu se trasvasó con bastante fidelidad y un amplísimo consenso político y social, a la Constitución de 1978.

Pablo Manuel Iglesias ha dicho que el independentismo ha ayudado a resucitar el fantasma del fascismo en forma de 155. Y esa es una de las maldades habituales del personaje

Ahora, una mezcla explosiva, y no tan heterogénea como pareciera, de ambiciones y resentimientos pretende reescribir la historia y enterrar la verdad, en un volver a las andadas que destruyeron a Europa y a España. Esto también es una herencia del franquismo. "Contra el franquismo se vivía mejor", comentaba hace unos años un antiguo corredor de 'maratones' estudiantiles delante de los 'grises' en Princesa.

Con los episodios catalanes que estamos viviendo, el líder de Podemos, Pablo Manuel Iglesias, ha dicho que el independentismo ha ayudado a resucitar el fantasma del fascismo en forma de 155. Y esa es una de las maldades habituales del personaje. ¿Son fascistas los que defienden al Estado y a la Constitución con la ley en la mano?, ¿son fascistas los jueces y fiscales que cumplen con su obligación?, ¿son fascistas todos los Estados democráticos europeos que han amparado a España en la defensa del orden constitucional y la integridad territorial? ¿es fascismo detener a los golpistas?

Sobre este tipo de 'fantasmas' hay que acudir a las fuentes solventes. Y como muy bien sabe Iglesias Turrión, por sus estudios o por su casta, Marx y Engels del fantasma del que hablaban era del fantasma del comunismo. "Un fantasma recorre Europa", decían en Londres en 1848. Y ese fantasma sí que trata de quitarse las sábanas y las bolas encadenadas adoptando muchas formas de camuflaje, confundiéndose muchas veces, ¡tantas! con el fantasma del fascismo, y con el populismo híbrido. Pero qué le vamos a descubrir sobre fantasmas y fantasmones a los creadores por gestación subrogada del 'bolivarianismo' chavista-madurista y de las JONS.

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