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04/12/2018 06:57 CET | Actualizado 04/12/2018 06:57 CET

Y cayó el bastión a pesar del CIS

SOPA Images via Getty Images
Papeletas de Vox y PP.

Lo que parecía imposible, sucedió. El PSOE perdió su bastión andaluz –a pesar del CIS de Tezanos- entre otras muchas razones gracias a la aparición de VOX, la marca ultraderechista made in Spain. Como decíamos ayer –Fray Luis de León da para mucho- los hechos tienden a encadenarse porque la causa y el efecto, simplificado como 'lo uno que lleva a lo otro', tenía este camino. La aparición de la extrema izquierda en España, ese movimiento populista reconvertido en partido marxista clásico con unas gotas de actualidad redentorista, por ejemplo, el chavismo, que es Podemos, anunciaba con su aparición estelar en el extremo izquierdo la lógica reacción más temprano que tarde en el extremo de la derecha.

Era fácil el pronóstico, porque en Europa teníamos un amplio muestrario.

La descomposición del Partido Popular y la aparición de un conjunto de fenómenos políticos de distinta índole generados por la gestión salvaje y cruel de la crisis económica, a la vez que la insensata escalada del conflicto civil en Cataluña, azuzada por el separatismo de los estafadores, y encima la nueva oleada de inmigración masiva han provocado, mezclados estos elementos por druidas malvados, algo parecido al caos.

De parte de este conjunto de ingredientes surgieron nuevos fenómenos políticos: uno fue el 15M, la placenta de Podemos, una manipulación al almirez del alma de aquella protesta transversal de 'la gente corriente': los damnificados de la gran recesión. A su vez el partido catalán Ciudadanos, creado por Albert Rivera, nacido a imagen y semejanza de aquella Unión, Progreso y Democracia nucleada alrededor de la arrepentida socialista Rosa Díez, una valerosa mujer vasca que murió de éxito y de ambición, experimentó un sorprendente éxito al trasvasarse al ámbito nacional, tanto que pasó por encima del cadáver de UPyD.

Esta UPyD fue consecuencia del conflicto vasco; C's fue consecuencia del conflicto catalán. Los dos constituyeron reacciones frente a la estrategia de apaciguamiento del nacionalismo, que aprovechaba la tibieza de los demás, problemas al baño maría, para dar pasos hacia adelante.

Cuando toda la ultraderecha y la extrema izquierda ponen en riesgo el proyecto de unidad europea, es insensato desatender las señales de alerta...

Mientras, el PP caía en barrena a causa de la corrupción y de su prepotencia. Tuvo que asumir su debilidad cuando el aventurero Pedro Sánchez logró reunir para su investidura los votos de todos cuantos por cualquier motivo deseaban echar a Mariano Rajoy y a los suyos, sobre todo aprovechando la ocasión de la dura sentencia de la Audiencia Nacional en la 'causa madre' de la Gürtel.

Los de VOX tenían lo que esperaban: un hueco por el que colarse... con la importante ayuda de graves errores estratégicos del PSOE, entre los que están algunos de los que adivinaron los miembros de aquél comité federal de echó a Sánchez de la secretaría general.

Luego están las redes con su agitación y propaganda desplegada con gran maestría por Podemos y por VOX, que han sido las tapas del sándwich para el PSOE, cogido en medio. Hay que anotar aquí que no es irrelevante el malestar en el seno del PSOE de siempre por las chapuzas del Gobierno sanchista y su errática andadura. Destacados socialistas no se han recatado en criticar al actual dirigente socialista; algunos con frases ácidas, como esa de que "es humano equivocarse, pero equivocarse todos los días es de imbéciles", cuya autoría se adjudica en listas de wasapp a Felipe González. Ayer mismo un valenciano me lo explicaba a su manera: " es que los socialistas iban de guays y de chupis". Muchos destacados miembros del PSOE y de UGT de la Transición no se esconden para criticar al partido. La deserción hacia el abstencionismo ha llegado a ser determinante en provincias. O hacia Ciudadanos, en especial cuando era más liberal que iliberal.

Marcelo del Pozo / Reuters
La presidenta andaluza, Susana Díaz.

La estrategia de Pablo Iglesias (bis) fue radicalizar a Pedro Sánchez ( y si non e vero e ben trovato) para dejar libre ese segmento ideológico y penetrar en él. Así el PSOE cayó en la trampa saducea del Valle de los Caídos y de la resurrección de Franco, que con tanto cuidado trató Felipe González, precisamente para evitar que pasara lo que ahora está pasando. Dar motivos para la contra.

Todo eso con el frente del independentismo catalán heredado del marianismo supurando pus y odio, y una imaginativa ofensiva psicológica para dentro y hacia afuera de los golpistas, y esa gran palanca de desestabilización europea que ha sido la no-política inmigratoria.

Cuando toda la ultraderecha y la extrema izquierda ponen en riesgo el proyecto de unidad europea, es insensato desatender las señales de alerta: el dilema no son los inmigrantes que ya están en Europa, y que en algunos países constituyen un problema real y objetivo; son los que aún están por llegar, en el peor momento posible: cuando las nuevas tecnologías, conviviendo con los viejos déficit, abocan a Europa a un futuro lleno de incertidumbre sobre el Estado de bienestar. Esta sensación se agrava en las naciones con más dificultades para el empleo.

Es lógico que tras casi 40 años de gobiernos socialistas el PSOE se haya quemado, y que los andaluces quieran un cambio...

Hasta el Brexit tuvo esta causa original. Los británicos que votaron por separarse de Europa lo hicieron por miedo a perder sus señas insulares de identidad, por ver diluidas las glorias pasadas del imperio en el unionismo europeo, y por miedo a la 'avalancha' que traspasaría las puertas abiertas.

Lo que pasa es que, como siempre, los profetas del caos engañaron al pueblo mediante la excitación de los sentimientos primarios. Dentro de Europa, trabajando con los demás, habrían estado al fin más seguros. Encima, impropio de mercaderes avezados, calcularon mal el coste económico del divorcio.

Andalucía ha votado lo que ha votado por más causas, y no es la menor el asunto de los ERE. La ceremonia de la confusión llevada a cabo por la derecha para compensar el escándalo de su organización mafiosa (dicen los jueces) para la financiación ilegal del PP no ha sido debidamente resuelta por el PSOE andaluz que siguió las directrices de Ferraz de no hablar de tan espinoso asunto e imitar al avestruz.

El expresidente Griñán tuvo que comparecer en la comisión forzada por el PP en el senado para dar ocasión a que el portavoz conservador pudiera dejar en el aire de la campaña electoral desde Madrid que el 'caso ERE' no era lo que es sino una máquina de financiación ilegal equiparable a la Gürtel. El nadador en apuros que se agarra al socorrista para hundirse los dos. De todas formas el susanismo no puede eludir su culpa en la catástrofe, la suya propia, y la de sus predecesores.

Jon Nazca / Reuters
Santiago Abascal.

Es lógico que tras casi 40 años de gobiernos socialistas el PSOE se haya quemado, y que los andaluces quieran un cambio. Han conseguido en este tiempo grandes cosas, pero todas estas grandes cosas, una vez conseguidas, pasan a ser parte del paisaje, cosas normales que parece que llevan ahí toda la vida. Es un lugar común lo del tubo de ensayo o la placa de Petri. Esta vez lo han sido.

Los andaluces tienen la misma sensación de desamparo, de desasosiego, de temores, de cabreos, de la corrupción, que el resto de los españoles. El horizonte del empleo sigue negro; la mancha nacionalista se extiende desde el País Vasco a Navarra, vade retro, gobernada por los abertzales en su táctica de destruirla desde dentro; el soberanismo catalán ha encandilado a una parte de la población de las Baleares y de la Comunidad Valenciana, cuya infectación es severa...

Abascal, de todas formas, fue un compañero de viaje de los populares que siempre parece haber vivido del dinero público, desde que tenía 23 años...

Ahora tanto Ciudadanos como el PP coquetean con VOX con insultante descaro. Casualmente, a punto de celebrar los 40 años de la Constitución.. Así titulan muchos periódicos del mundo estas nuevas: "La ultraderecha regresa a España por primera vez desde Franco". Abascal, de todas formas, fue un compañero de viaje de los populares que siempre parece haber vivido del dinero público, desde que tenía 23 años; ahora tiene 42, perfeccionándose en lo que él llamaría 'la mamandurria' a través de la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social, donde lo enchufa Esperanza Aguirre y luego Cristina Cifuentes, y de la Asociación para la Defensa de la Nación Española (DANAES) etc. Ah, gran sarcasmo de la historia: nació el 14 de abril, día de la República.

Una gallega me envía por wassap una especie de fábula a lo Esopo o a lo Iriarte: "Érase una vez una cigarra que, enojada con la hormiga, votó por el insecticida".

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