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26/02/2013 09:59 CET | Actualizado 27/04/2013 11:12 CEST

Gracias, Bersani

La batalla librada en las elecciones italianas ha sido entre democracia y populismo, no le demos más vueltas. A la izquierda, el coraje de Bersani al asumir el reto de encarnar la primera de las opciones con seriedad en el discurso, un verdadero programa de gobierno y unos candidatos elegidos en primarias abiertas. Enfrente se ha encontrado con la demagogia (efectiva, visto lo visto) de Berlusconi y de Beppe Grillo.

La batalla librada en las elecciones italianas ha sido entre democracia y populismo, no le demos más vueltas.

A la izquierda, encabezada por Pier Luigi Bersani, los demócratas europeos deberían reconocerle su coraje al asumir el reto de encarnar la primera de las opciones con seriedad en el discurso, un verdadero programa de gobierno y unos candidatos elegidos en primarias abiertas. Enfrente se ha encontrado con la demagogia (efectiva, visto lo visto) de Silvio Berlusconi y de Beppe Grillo, cada uno con sus frases altisonantes y sus descalificaciones colectivas y personales del adversario.

Hay que imaginarse lo complicado que ha resultado desenvolverse en una campaña electoral planteada en esos términos, tratando de explicar que sí se puede salir de la crisis económica y renovar la política en términos racionales frente a quien se limita a repetir, en un caso, que la amenaza sigue siendo el comunismo y que las acusaciones de que es o ha sido objeto en numerosos procesos un montaje del mismo, y en otro, que todos son iguales y que el camino a tomar lo señalarán decisiones asamblearias en la plaza pública a mano alzada.

A pesar de todo, los progresistas de Italia Bien Común han ganado en las urnas. Por poco y, desde luego, por menos de lo previsto. No obstante, son la primera fuerza política en votos y, en el caso de la Cámara de Diputados, en escaños.

A ellos, pues, les corresponderá ahora tratar de buscar fórmulas que eviten nuevas elecciones, si eso es posible, porque lo que sí está claro es que es necesario. De lo contrario, se abriría un período de interinidad que golpearía a Italia y al conjunto de Europa y del que solo se beneficiarían los populistas de dentro y los chacales de fuera.

Sí, los chacales: ahí están ya azuzando la subida de la prima de riesgo de países que ni siquiera han celebrado elecciones, como si los resultados de las urnas italianas pusieran en peligro el euro o proyectaran dudas sobre el pago de la deuda pública de algún Estado de la unión monetaria. De escándalo.

Es en estos momentos cuando la UE debería mostrar su fortaleza o, al menos, su capacidad de reflexión, porque si tuviéramos eurobonos, si la deuda de los miembros de la eurozona estuviera mutualizada, los depredadores se estrellarían contra un muro. En ausencia de tales instrumentos, tratan de cazar a las ovejas del rebaño una a una y por separado. Su rescate se pagará caro por parte de los ciudadanos.

Si Bersani llegara a ser presidente del Consiglio, empujaría a favor de tales medidas en el seno de la UE y podría demostrar que solo con la única democracia democrática (la del voto libre, directo y secreto en las urnas), valga la redundancia, es factible encontrar soluciones.

Por cierto, una de ellas ya se ha garantizado, porque gracias a que la Cámara tendrá mayoría absoluta de escaños de la izquierda Berlusconi no podrá, como hubiera sido su deseo en caso contrario, llegar a la Presidencia de la República Italiana, para oprobio de su país y de Europa.

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