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08/03/2019 07:30 CET | Actualizado 09/03/2019 16:35 CET

#SoyFeminista. ¿Dónde firmo?

Jon Nazca / Reuters

La cuenta regresiva hacia la huelga es toda una lucha. La urgencia que tenemos por deshacernos de nuestras cadenas, como mujeres de este sistema colonial y patriarcal, no es tanta como la urgencia que tenemos lxs migrantes racializadxs por descolonizar este sistema, de base racista, neoliberal y capitalista, es decir: colonial. ¡Escuchar las opresiones de cada cuerpo, desde su diversidad, es una tarea pendiente para todxs aquellxs que se incursionan en la 'secta' del feminismo, y también es la base para llegar a transversalizar las luchas de todxs!

No hace falta autonombrarse feminista para pronunciarse en contra de este sistema colonial, binario y heteropatriarcal. Tampoco es necesario asistir a la huelga, ya que en muchas ocasiones, hacer huelga es un privilegio y no un derecho de todxs. Somos miles de personas los otros 364 días del año las que trabajamos colectivamente por alternativas de vida viables, organizándonos en colectividad en barrios y pueblos: charlas feministas, huertos comunales, bancos de tiempo, etc. Tenemos muchos referentes pero es necesario ensayar las revoluciones en manifestaciones como la del 8-M, como en el Bloque de Migrantes Racializadxs, No Binarie, Trans (que participa en la manifestación y sale a las 17.00 horas en la Estatua de Velázquez, Museo del Prado, Madrid).

La huelga del 8-M no solo es símbolo de que este sistema es insuficiente, la huelga es también una señal que nos eleva la mirada en pos de observar las caras restantes del sistema, un sistema patriarcal opresor, educador de manadas, que mantiene plazas con el nombre Colón, celebra imperialmente días como el 12 de octubre y mantiene activa la mayor fosa común de la historia, el Mediterráneo. Este sistema se mantiene a través de políticas imperiales y neo-colonizadoras, las cuales son causa directa de miles de migraciones, de la vulneración de los derechos humanos básicos, y especialmente, en las mujeres migrantes-racializadas. Hasta aquí todo correcto, ¿verdad?

Es así como encontramos la nefasta cara colonial, con la que se perpetúa la matanza de la Madre Tierra. Donde se negocia la expoliación las tierras que roba a pueblos originarios, provocando la pérdida de cultura, arte y conocimientos ancestrales vitales. Nos crea necesidad y privilegios donde deberíamos reconocer derechos.

También encontramos que el papel de las mujeres migrantes es vital y necesario. Mantenemos los trabajos necesarios para la vida, migramos por las políticas de muerte internacionales que afectan a nuestros lugares de origen y nos obligan a movilizarnos dejando atrás todo. La Caravana Migrante Hondureña, con sus miles de caminantes, ha demostrado que juntxs podemos hacer frente al al racismo institucional internacionalizado y su control fronterizo.

¿Es acaso, el feminismo, la mera aspiración de igualar al patriarca en privilegios? ¿O más bien se trataría de pronunciarse en contra del modelo de vida occidental que promueve la masacre continuada de nuestrxs hermanxs?

Pero aquí no acaba todo. Nosotrxs, dentro de nuestros privilegios y opresiones, entre el techo de cristal y el suelo pegajoso, también construimos una inmensa red de feminismos internacionales, donde se tejen redes de apoyo y se ponen en común las problemáticas desde su origen hacia su destino. Hoy en día con el streaming a nuestro alcance, hacer ciberactivismo nunca fue tan fácil.

Pero eso sí, ser feminista en la era de la comunicación no queda solamente en las medidas vía online o los retweets. Implica no tener prácticas que colonicen otros cuerpos y territorios. Ser feminista no debería significar mantener "nuestro" Estado del bienestar dejando a un lado la lucha de miles de hermanxs, entre ellas las jornaleras y porteadoras así como la de las compañeras en el trabajo doméstico, sector servicios, en definitiva, a migrantes racializadxs que por nuestra situación acabamos realizando estos trabajos vitales e infravalorados. La situación irregular a la que se nos condena provoca que viajar por el mundo sea hoy en día un privilegio representado en un pasaporte.

Feministas, ¿acaso queremos desarrollar nuestras vidas perpetuando un sistema aniquilador? ¿El mismo que imposibilita a miles de personas denunciar la violencia de género, una situación laboral precaria, tener acceso a la prestación por desempleo, jubilación, la conciliación familiar o algo tan básico como votar? ¿Qué sucede si lo llamamos esclavitud del siglo XXI? ¿Y qué sucede con las víctimas de trata a quienes se deporta sin miramientos? ¿Es acaso, el feminismo, la mera aspiración de igualar al patriarca en privilegios? ¿O más bien se trataría de pronunciarse en contra del modelo de vida occidental que promueve la masacre continuada de nuestrxs hermanxs? ¿Podemos hacer oídos sordos frente al trabajo esclavo del 'gran' Primark de Gran Vía mientras vestimos una camiseta de I'm feminist? ¿Seguiremos permitiendo a empresas como Endesa aniquilar los territorios Mapuche? ¿Vamos a buscar soluciones colectivas, o nos quedaremos en cambios individuales? Es decir, la decisión individual no cuestiona el problema de raíz, colectivizar las demandas y luchar en comunidad, sí. Es vital deconstruir los espacios y materializar las luchas. Es por ello que necesitamos pronunciarnos públicamente contra la ley de extranjería, contra las cárceles para migrantes o CIES, contra el racismo estructural e institucional, contra la transfobia, homofobia, contra el capitalismo, contra el el fascismo, el patriarcado, en definitiva, necesitamos transversalizar nuestrxs demandas.

¡Después de este 8 de marzo todo continúa, seguiremos acuerpadas, un poco más conscientes y con mucha más decisión en nuestros pasos, porque no estamos solxs y los feminismos suman y continúan la lucha! Porque si #SoyFeminista no #SoyAntirracista.

Este post ha sido escrito por Cynthia Selva, de la Comisión Migración Antirracismo 8M Madrid.