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08/12/2018 09:20 CET | Actualizado 08/12/2018 09:20 CET

Contra el frío

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Salir de noche con lluvia revela como el clima es relativo. Aun cuando sean los mismos transeúntes en la ciudad, no son igual de día que de noche. En las horas de luz, en la parte oficial del día, el frío suele ser protagónico en las conversaciones de falsa cortesía, en los matinales, incluso, en el diálogo interno en que uno fantasea con volver a la casa y comer algo caliente. En el día frío de lluvia, aparece el paraguas, la bufanda, las capas de ropa que inmovilizan la carne y el mal genio. La noche por su parte, transforma la piel en un traje reversible, como si el chiporro estuviera por dentro del propio cuero. La noche afuera, la noche social está llena de soldados de la resistencia hacia la ciencia del clima, la que asegura que hay sólo cinco grados.

La noche de invierno cuenta con piernas al descubierto, o al menos algún atisbo de clavícula que despierte algún suspiro. Por su parte el macho que gusta de mostrar el torso, no renunciará a quitarse la camiseta en la pista de baile invernal. En la noche no faltan otros, que antes que la versión sexy contra el frío, se resisten en la modalidad de los niños, andar con manga corta o insistir en las sandalias aunque llueva.

Precisamente son los niños quienes develan una voluntad grandiosa para enfrentar el frío, dando luchas campales contra los padres, para no ser despojados de su mayor tesoro por kilos de ropa encima: la agilidad. Según mi hija, en sus intentos por convencerme de dejarla salir afuera, sólo los adultos tienen frío. Y quizás tiene razón, porque en los tiempos adultos de "no adultez" pulsan otras cosas que el frío, deseos ajenos a las buenas razones.

El frío en la fiesta habla de que es hora de volver a casa...

Como a los veinte años en una fiesta en pleno Junio, la camiseta no alcanzaba a taparme el ombligo, y un hombre me hizo la pregunta de la humillación - esa que deja en evidencia el deseo - frente a todos: ¿acaso no tienes frío? Era uno de esos tipos, que aunque son hetero, odian a las mujeres, aquel tipo de hombre que evalúa a las chicas y las castiga si están gordas, gritan o se ponen sensibles. La sanción del deseo deja sin respuesta, qué podía decir frente a un frío indesmentible, claro que en un nivel estaba helada, pero no en el que importaba en ese momento ¡era una fiesta por el amor de Dios!

El frío en la fiesta habla de que es hora de volver a casa. Porque es muchas veces señal de incomodidad, retirarse cuando no se dieron las cosas, y aparece el aburrimiento o la frustración. Como en las parejas, cuando ya no se sale por frío, no me refiero a ese que es funcional para quedarse en la casa y luego destaparse las pies, no, hablo de ese que es señal de corazón congelado, la desidia que arruina el amor.

El deseo cuando pulsa, nada tiene que ver con el termómetro ni con medición alguna, ni del colesterol, ni del rendimiento, tampoco se adecua a las razones ideológicas. Otra cosa es que no se quiera saber de él, como algunos que castigan y avergüenzan a quienes andan con el traje de libido puesto. O como aquellos que se escudan en la racionalidad para nunca parecer ellos mismos ganosos, o bien, en lo depresivo, para evitar volver mojados cuando igual querían salir con lluvia.

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