BLOGS
29/06/2012 10:41 CEST | Actualizado 28/08/2012 11:12 CEST

No hay peor opresor que el oprimido

Muchos dominicanos, discriminados por todos los países donde emigran, aún se insultan unos a otros llamándose 'haitianos', como aún pasa en España cuando la gente se llama 'moro' o 'gitano'.

"No hay peor opresor que el oprimido", escribe Junot Díaz en The brief wondreous life of Oscar Wao. Lo cual inmediatamente dispara en mi cerebro a Paulo Freire y su Pedagogía del oprimido, quien decía algo así como que el oprimido debe vencer al opresor, pero no para convertirse en el nuevo opresor. Esto es desafortunadamente lo que ha venido pasando a lo largo de la historia salvo en muy raras excepciones. Una de estas raras excepciones es el Dr. Edward Paulino, profesor de historia en John Jay (CUNY). Este catedrático universitario de origen dominicano, criado en los famosos "proyectos"* LES de Manhattan, ha organizado un grupo junto a otros intelectuales y artistas para concienciar de un incidente que ha venido perfilando la personalidad nacional, conciencia colectiva, o la forma de ser del dominicano (si es que se puede hablar de tales conceptos sin incurrir en la sobregeneralización y estereotipación).

En octubre de 1937, en la República Dominicana, un íntimo coleguita de otro de los mayores asesinos y opresores de la historia, el Generalísisisimo Francisco Franco, unos cuantos años antes del holocausto judío (por el otro coleguita), aunque más de tres siglos después de la expulsión de los moriscos españoles (coleguita mayor Felipe III), cometió una de las masacres más racistas de la historia. Les hablo del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, respaldado por los coleguitas de siempre (USA) sometió a la República Dominicana, generando escuela (Pinochet, generales argentinos, y muchos más), desde 1930 hasta su asesinato en 1961 (a éste por lo menos no lo dejaron morir de viejo, como a Franco o Pinochet). Apodado El Jefe, o el hijo de la gran puta, si nos ponemos con apodos, nos ponemos, este personajillo enjuto conocido por sus hábitos predatorios con las adolescentes (popularizados en La fiesta del chivo de Vargas Llosa o las películas sobre la tragedia de las hermanas Mirabal En el tiempo de las mariposas y Trópico de Sangre), tenía un plan para "mejorar la raza" del dominicano. ¿Quién no ha oído esta absurda expresión de la boca de un dominicano cuando la pareja de alguien tiene una concentración de melanina inferior? Como si se tratase de un establo. Y es que, al fin y al cabo, es como Trujillo mandaba en su país, como si fuese su ganadería o su plantación. Ya sé que muchos se preguntarán, pero cómo es posible, si los dominicanos no son blancos. A lo cual no puedo resistir la tentación de deciros: los españoles tampoco lo sois y os creéis que sí. Como en todos los lados, y en especial en lo que se refiere en discriminar a otros, el tuerto es el rey entre los ciegos, aunque no sé por que uso esta metáfora, ya que ser oprimido no significa ser inferior y no implica ser ciego (aunque sí signifique estar en situación de inferioridad y, en la mayoría de los casos, estar ciego, siendo esta la principal razón porque la gente sigue oprimida).

Pues bien, a este granuja no se le ocurre otra cosa que mandar a sus esbirros a la frontera entre la República Dominicana y Haití (para los que están flojos en geografía, ambos países comparten la isla que Colón bautizó como la Española, ¡ole!) con una ramita de perejil en una mano y un machete (y fusiles, claro) en la otra. Cada vez que encontraban a alguien a lo largo de la frontera (una frontera donde la gente convivía pacíficamente, colaboraban, se casaban y también tendrían sus problemillas como en todos los campos del mundo), le preguntaban cómo se llamaba la ramita que sostenían. Cuando no sabían pronunciar perejil correctamente, dado que en Haití se habla francés (criollo) y la r de perejil les salía como uvular fricativa, ¡pum!, machetazo y cabeza rodando. A esta masacre se la conoce como El Corte, y se estima que durante ese mes, 20.000 haitianos y/o dominico-haitianos fueron ejecutados (oigan, yo he actuado para 20.000 personas y les puedo garantizar que son mazo de gente). Por supuesto, no solo el aspecto racial fue la motivación principal de esta aberración. Como siempre, la pasta y el miedo a perder control sobre la población estaban detrás de todo. En la frontera, la población perdía la homogeneidad tan necesaria para mantener una dictadura a flote, el excedente de producción agraria salía para Haití debido a la mala comunicación con las capitales dominicanas, se temía que los opositores al régimen saliesen en busca de refugio y regresasen con armas, y además para colmo, no había una aduana eficaz para cobrar tasas.

Lo que llama la atención es como muchos dominicanos, discriminados por todos los países donde emigran, aún se insultan unos a otros llamándose haitianos, como aún pasa en España cuando la gente se llama moro o gitano, como si eso fuese un insulto terrible. Y es que hay momentos de la historia que se graban con fuego en la memoria colectiva. No quiero entrar en la complejidad de por qué ningún dominicano que se precie se considera negro (aunque sean más oscuros que muchos colegas míos africanos), ni por qué aún hay latinos que se consideran blancos (aunque haberlos los hay). Lo que si quiero resaltar es que un dominicano del "primer" mundo (entre comillas porque cualquiera que haya estado en NY sabe que esta abominación urbanística parece congelada en los años 70), si mete el dedo en la llaga, sí remueve la mierda, sí despierta la memoria histórica (¿qué es eso de dejar la memoria histórica en paz, españolitos?, eso es fácil cuando no fue tu abuelo el que estuvo preso, torturado, emigrado, asesinado y enterrado en una fosa común, o lo peor, desaparecido). Y lo hace no solo para concienciar a la gente de todo el mundo para que algo así no vuelva a pasar jamás en ningún sitio. Ni siquiera lo hace para llevar a juicio a estos asesinos, muchos de ellos aún vivos, que eso es lo que realmente tendría que pasar y debería haber pasado en la transición española, y no hubo huevos y así estamos aún (fallecimiento sin funeral no cierra el episodio), sino para estrechar lazos entre dos poblaciones tan cercanas entre sí geográfica y racialmente, y tan distantes social, económica y políticamente. Para que las personas se vean como tal, como personas, no como productos de una nacionalidad u otra bajo estúpidos parámetros de superioridad-inferioridad y privilegios. Para que el genocidio civil pare de una vez en la República Dominicana, donde cientos de jóvenes dominicanos de descendencia haitiana aún sufren la exclusión social y la discriminación, impotentes ante la Resolución 12 que no les deja regularizar su situación como ciudadanos dominicanos. Para que la colaboración prevalezca sobre la competitividad en este mundo que se encoge. Para que el oprimido no sea el peor opresor. Para que al derrocar al opresor no nos convirtamos en uno.

Respeto para el Dr. Edward Paulino, quien no tiene nada de haitiano, que él sepa, y su grupo Borders of Light. Para colaborar con Border of Lights:

www.borderoflights.org

http://www.facebook.com/pages/Border-of-Lights/378005182265081

*Public Housing, o Projects, son viviendas de protección social muy similares a las viviendas de realojo españolas. Núcleos de población aglomerada donde la pobreza, falta de oportunidades y la falta de acceso a una educación digna, unido a un historial de indefensión aprendida, los convierten en "zonas de guerra".