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09/03/2013 10:07 CET | Actualizado 08/05/2013 11:12 CEST

La arquitectura debe conmover y cambiar el presente

No es el hambre, sino el amor y el miedo -y a veces el asombro- los que nos dan la oportunidad de crear. El contexto cultural y social del arquitecto cambia de forma constante, pero su tarea, creo, siempre permanece la misma.

Me había imaginado un MAADU frente al MOMA, del que fui comisario de diseño en los años 70, pero cambié de opinión. Quería hacer algo especial y único, y Madrid era la ubicación perfecta. Lo he hecho porque agradezco el aprecio, demostrado en tantas ocasiones, que España tiene hacia mí. Hace diez años me concedieron la nacionalidad española y ahora tengo la oportunidad de hacer algo por esta ciudad, donde estará la sede de este nuevo espacio cultural donde tendrán cabida los arquitectos artistas, aquellos que pueden conmover el corazón de los visitantes. La he elegido frente a otras ciudades como Londres, Nueva York, Buenos Aires y Bolonia porque dará confianza a los españoles, especialmente en estos momentos difíciles.

La ciudad de Madrid es uno de mis lugares favoritos por su localización y su arquitectura. Me siento muy orgulloso de poder ampliar la oferta cultural de esta bella ciudad y poder dejar un legado de mi obra para aquellos apasionados de las obras de arte. Estoy convencido de que España saldrá de la crisis y el país remontará económica y culturalmente. Será un impulso para la llegada de turistas a la ciudad, ya que con este museo se amplía su oferta cultural con un nuevo museo de vanguardia excelentemente ubicado. Además, no es la primera vez que mi obra llega a Madrid y se recibe con interés: en diciembre de 2011, el Centro Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía, me dedicó una retrospectiva llamada Emilio Ambasz: el VERDE sobre el GRIS, que mostraba mis maquetas, dibujos originales, fotografías y material audiovisual. Madrid no es la única ciudad española que elijo (y me elige) para mis obras: en 1975, realicé la Casa de Retiro Espiritual en Sevilla, una casa a las afueras de la ciudad hispalense que representa la fusión entre naturaleza y arquitectura. Todas mis obras intentan ser una clara representación de mi preocupación por el paisaje y la arquitectura: la presencia de la luz, el rumor del agua, la manipulación de la perspectiva y el uso humano del espacio para dar vida a sentimientos de esperanza y tranquilidad.

Me gustaría transmitir mi credo, que al fin y al cabo es el placer de dar las gracias a quienes ven mis obras. Siempre he creído que la arquitectura es un acto del mito de la creación de la imaginación. Creo que la tarea de la arquitectura empieza una vez que las necesidades funcionales han sido satisfechas. No es el hambre, sino el amor y el miedo -y a veces el asombro- los que nos dan la oportunidad de crear. El contexto cultural y social del arquitecto cambia de forma constante, pero su tarea, creo, siempre permanece la misma. La arquitectura no es la respuesta a las necesidades pragmáticas del hombre, sino la respuesta a su pasión e imaginación.

Maqueta del alzado de del MAADU.

Intentaré dar a la ciudad de Madrid un ejemplo claro de la arquitectura que concibo, basada en la integración entre naturaleza y edificación, donde es el verde el que manda sobre las construcciones. Es una oportunidad para devolverle a la naturaleza su lugar. Me gusta llamarlo "pacto de reconciliación". En el pasado, he propuesto diseños verdes para hospitales, invernaderos, rascacielos, viviendas, oficinas y grandes almacenes, en un afán de manifestar que son construcciones audaces y sencillas a la vez, pero llenas de complejidad espiritual, emoción e inspiración artística.

Para dar otro ejemplo del significado que tiene para mí una obra arquitectónica, está el Fukuoka Prefectural International Hall en Japón, donde utilicé el "verde sobre gris" como ejemplo de la reconciliación de la que hablé unas líneas más arriba. Una total síntesis de formas urbanas y paisajísticas, funcional y emocional a la vez, un modelo agrourbano, una fachada con una entrada formal, propia de un edificio ubicado en una calle prestigiosa, y una parte posterior repleta de jardines, terrazas y belvederes con impresionantes vistas a la ciudad.

La construcción del MAADU, del que se encargará enteramente la Fundación Emilio Ambasz, que lo gestionará durante setenta y cinco años, durará alrededor de dos a tres años. El edificio, cedido por el Ayuntamiento de Madrid, estará ubicado en pleno eje Prado-Recoletos y albergará una colección permanente de obras de arte, arquitectura y urbanismo revolucionarias y sostenibles así como exposiciones temporales y conferencias. Espero que el museo sea un referente mundial en diseño y nuevas tecnologías. Habrá acuerdos de colaboración con el MOMA y otros de los mejores museos del mundo. Tendrá cinco plantas y en la última planta, siempre accesible al público, incluso fuera de los horarios de apertura del museo, habrá un restaurante con vistas al Paseo del Prado y a los otros museos más importantes de Madrid, que será muy agradable.

Para el museo he planteado un diseño sencillo y eficaz en forma de V, un lugar donde los niños puedan sorprenderse al encontrar una puerta de acceso entre dos jardines verticales, que puedan incluso contarlo a sus padres y amigos y dibujarlo. Algo que pueda trascender la arquitectura convencional ya que debemos crear imágenes alternativas donde se proponga una vida mejor que guíe nuestras acciones, si no queremos perpetuar las condiciones actuales.

Maqueta de las fachadas del MAADU.

A este propósito, me fascina explicar el concepto del arquitecto/diseñador artista que crea prototipos. Un pintor crea imágenes que él mismo entiende difícilmente. Estos elementos prototípicos, con el tiempo, fracturan el lenguaje establecido, lo expanden y lo modifican y entran a formar parte del lenguaje corriente dentro de un grupo educado. El prototipo se convierte en un tipo, en una tipología que se transmite en ciertos niveles de la sociedad. Con el tiempo, la cultura asimila tanto este tipo que se convierte en estereotipo. Es el arquitecto o diseñador artista es el que crea prototipos, que son las obras que deben ser consideradas y celebradas en un museo. El arquitecto o diseñador profesional es el que trabaja en el dominio del prototipo ya extendido, es decir el tipo. Y el arquitecto o diseñador comercial es el que "trafica" con los estereotipos.

El MAADU se crea para examinar, evaluar y celebrar los prototipos. Este museo los identificará, evaluará y llevará a un nivel de conciencia accesible a todos los públicos los significados y valores intrínsecos en este prototipo. En definitiva, el propósito de este museo, como parte extensible de mí mismo, es dar espacio a obras que conmuevan el corazón, aquellas que presenten modelos alternativos del futuro, de modo que podamos cambiar el presente, tarea a la que me he dedicado en cuerpo y alma.