Ana Cañil: "Los españoles somos excesivamente autocríticos e inseguros con nosotros mismos"

La periodista publica 'Los amantes extranjeros', sobre los viajes de los escritores extranjeros a España.
La periodista y escritora Ana Cañil.
SOFÍA MORO
La periodista y escritora Ana Cañil.

Recorrer España de la mano de los escritores extranjeros que se enamoraron de ella es posible en Los amantes extranjeros (Espasa), el último libro de la periodista Ana Cañil. La Alhambra, El Escorial, Vigo o La Maragatería son algunos de los rincones que se ha pateado y que ha observado a través de los ojos de una larga lista de autores guiris que nos visitaron, como Washington Irving, Julio Verne, George Orwell, Edith Wharton o Jan Morris... “La mirada de los otros me abre otros horizontes, me hace ver las cosas que he visto ya de otra manera”, reflexiona.

“Creo que es un libro de viajes contextualizado, eso es lo que he intentado hacer”, señala Cañil. “Lo puedes leer desde casa en la butaca delante de la chimenea o al pie de la playa”, pero también es “ideal” para meter sólo uno en la mochila y recorrer el país. “Yo tenía que llevar tres y cuatro en cada viaje, y a veces seis”, recuerda entre risas.

No recuerda en qué momento se le ocurrió replicar esos viajes de los escritores que nos visitaron del siglo XIX en adelante, pero siempre le ha gustado añadir a su equipaje un libro sobre el lugar que va a visitar, más allá de leer folletos o buscar información en Google: “Sobre todo para la noche de antes porque es como alargar un poco el viaje el prepararlo bien”. “Si vas a Salamanca, pues echar un vistazo a Unamuno o si vas al Bidasoa, a Baroja... o alguna novela que transcurra en la zona. La mujer del maquis la hice porque llegué a Cantabria hace 30 años y empecé a leerme en los días de lluvia todo lo que había de allí y descubrí a los maquis”, añade.

Cree que fue un libro de Théophile Gautier el que le dio la idea de embarcarse en esta aventura —iniciada en 2018 y para la que tuvo dos grandes apoyos, su “chico” y su colega y amiga Pilar Portero, además de la compañía de “tres fotógrafos increíbles”—, algo en lo que tuvo “suerte” porque “aunque es un pedante y un sobrado es divertidísimo y un estupendo escritor”. “Es un libro buenísimo el que hace de España, aunque yo me irrite con él en muchas de las cosas que dice”, remacha.

Como relata Cañil, los escritores extranjeros vinieron en varias tandas. Los del siglo XIX procedían en su mayoría de “familias neoyorkinas bien, bostonianas o bonaerenses, que mandaban a sus vástagos ricos a Europa a hacerse un año el Grand Tour. Entraban, por supuesto, la madre Inglaterra, Francia, Italia y a veces Grecia pero raramente España”. Los que venían o bien tenían menos dinero o bien tenían “algún familiar, algún diplomático o conocido” aquí.

“Venían buscando los topicazos: que les atacaran los bandidos”

“Vinieron en un momento en el que acabábamos de salir de la Guerra de la Independencia, teníamos un rey como Fernando VII y su hija Isabel II, éramos un desastre en las guerras carlistas y además teníamos el aire ese romántico de la Carmen de Mérimée”, contextualiza la autora. “Venían buscando los topicazos: que les atacaran los bandidos, tipo Curro Romero, que entonces eran El Palillos y José María El Tempranillo. Y si no los atracaban en una diligencia para poderlo contar, se enfadaban... o se lo inventaban”, dice sobre estos casi precursores de las fake news.

En el siglo XX escritores como Edith Wharton vinieron “en plan más cultureta”: les interesaba el románico, el gótico, la costa cántabra, la sobria Castilla... “Son menos pero muy interesantes” y su mirada es algo menos dura. “Y luego ya vienen los corresponsales de la Guerra Civil, que empiezan a venir en el 31, con el experimento de la República, mucho más formados y tratan con la gente de a pie y con el pueblo”, detalla Cañil.

Portada de 'Los amantes extranjeros', de Ana R. Cañil.
ESPASA
Portada de 'Los amantes extranjeros', de Ana R. Cañil.

“Los de la República venían interesadísimos, con mucha ilusión, pero se perdió la Guerra, ganaron los golpistas y volvimos a la oscuridad”, lamenta. En el lado bueno, resalta que ahora “llevamos 50 años en los que hemos hecho el recorrido que los demás han hecho en 200”, volviendo a la luz y colocándonos como una potencia turística mundial.

Lo hecho a partir de la Transición es “para sacar pecho” y “para despreciarnos mucho menos”. En su opinión, “somos excesivamente autocríticos e inseguros los españoles con nosotros mismos. O vamos sobrados de españolismo o nos sentimos acomplejados ante lo extranjero, pero también por nuestra historia”.

“O vamos sobrados de españolismo o nos sentimos acomplejados ante lo extranjero, pero también por nuestra historia”

Ella misma reconoce que desde los 14 años tuvo claro que quería “salir de este país” y de la “caspa”: “Quería, como Huckleberry Finn, coger el Misisipi y bajar con Tom Sawyer y salir de aquí”. Más aún a los 16 o 17, al ser consciente de “lo que era la ausencia total de libertad” y sus primeros sueldos fueron para marcharse fuera todos los veranos que pudo. La misma “obsesión” tuvo con sus hijos, procurando mandarles a campamentos en el extranjero para que aprendieran idiomas y conocieran otras “culturas y sociedades”.

“Un día me di cuenta de que a mis hijos no les he llevado nunca a ver la Alhambra. Hace 4 o 5 años casi les obligué, fuimos mi chico y yo a enseñarles Toledo y explicarles lo que significaban las tres culturas en un solo mundo. No les he llevado a la Mezquita de Córdoba y no les he explicado Guernika”, enfatiza.

La periodista y escritora Ana Cañil publica 'Los amantes extranjeros'.
SOFÍA MORO
La periodista y escritora Ana Cañil publica 'Los amantes extranjeros'.

En todos los autores que revisitó para Los amantes extranjeros detecta una relación de “amor y odio” hacia España. Cees Nooteboom, “supergeneroso”, escribió por ejemplo que éramos un país “caótico, egocéntrico, cruel y soñador”. Para Cañil, “seguimos siendo los mismos pero creo que hemos aprendido a ser comedidos a la hora de administrar esos cuatro adjetivos”.

A su juicio, los escritores “más displicentes e impertinentes” fueron los británicos: “Jan Morris escribe un libro estupendo y muy corto que es una joyita. Viene a España cuando todavía es un hombre, no se ha hecho la operación, y vienen su mujer y sus hijos, cuando todavía es un caballero del ejército de Su Majestad la Reina. Y hace para mí los juicios más duros de este país”. Afirmó que “el español de a pie solamente es capaz de vivir bajo la mano dura y las autocracias”, algo que se murió sin haber rectificado. “Llevamos 50 años demostrando que sabemos ser demócratas y si hubiéramos tenido mejor suerte con la Iglesia, la monarquía y nuestros gobernantes lo hubiéramos sido mucho antes”, defiende Cañil.

“No voy a ser más veces papanatas con este país”

También hizo comentarios despectivos George Borrow, “pero es que ese viene a vender biblias protestantes y la Iglesia católica le sacaba de quicio”, mientras que el le pareció más “soso” y decepcionante fue Hans Christian Andersen. “El más divertido y más ágil es Gautier”, destaca, y califica a Edith Wharton como “cáustica” y “rápida”. Si tuviera que quedarse con tres, escoge El desvío a Santiago, de Nooteboom, “alternándolo con el de Gautier, Viaje por España, y La Biblia en España de George Borrow”.

De toda esta experiencia la periodista se lleva una lección: “He aprendido lo primero que no voy a ser más veces papanatas con este país, teniendo mucho cuidado en no caer en el españolismo ultra”. Y añade: “Creo que somos un país europeo aunque ellos vinieran buscando África hace tan solo 100 años o incluso ahora y que desde luego ni voy a ser tan impertinente como los británicos ni tan chovinista como los franceses, pero ya no me importa decir decir ‘de dónde eres’ ‘soy española’ cuando estoy en el extranjero y eso a mi generación nos ha costado mucho”.

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