Así afronta Anne Igartiburu su separación de Pablo Heras-Casado

"Aún nos queremos un montón", ha explicado la presentadora.
Anne Igartiburu por las calles de Madrid en diciembre de 2020.
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Anne Igartiburu por las calles de Madrid en diciembre de 2020.

Después da varios meses viviendo separados y de pasar el confinamiento en la distancia, Anne Igartiburu y su marido Pablo Heras-Casado se han separado. La ruptura del matrimonio copó las portadas de las principales revistas este miércoles al hacerse pública la noticia y la pareja ya ha dado los primeros pasos en su ruptura.

El director de orquesta, que por el momento ha guardado silencio sobre la noticia, vive desde hace varios meses en un piso cercano al Teatro Real, donde trabaja como director invitado, y al que se trasladó después de pasar el confinamiento en su Granada natal.

“El castigo es no poder estar con mi familia, la decisión fue difícil pero necesaria. Ahora me dedico a cuidarme, a cuidar de la casa, a ordenar, leer, echar cuenta de las cosas que tengo, libros a los que hace tiempo que no hago caso, objetos que colecciono”, dijo de su estancia en la ciudad nazarí a La Vanguardia.

Igartiburu, que ya se divorció en 2006 del bailarín Igor Yebra, sí que confirmó la noticia y señaló que habían dejado su relación de forma amistosa. “Poco más tengo que añadir. Efectivamente, nos hemos separado. Nos llevamos súper bien, aún nos queremos un montón, tenemos una familia y adelante”, ha contado a Vanitatis. “Nos conocimos en 2012 y el cariño es muy grande”, apuntó a Semana.

Grandes propiedades, pero separadas

A la hora de firmar el divorcio, también habrá que tener en cuenta la pareja cuenta con varias propiedades, pese a que no se conoce ninguna que tenga una titularidad conjunta. La presentadora tiene su domicilio en Madrid con sus tres hijos, donde ha estado sola con ellos durante el confinamiento, pero cuenta con otros bienes inmuebles.

Según informa Vanitatis, tiene un chalé en la zona norte de Madrid que adquirió en solitario en 2005 y otras propiedades menores en Elorrio (Vizcaya), su localidad natal y donde se casó con Heras-Casado en 2015. También posee una lujosa casa en la localidad gaditana de Sotogrande de 256 metros cuadrados, según publicó El Español en 2018.

Anne Igartiburu y Pablo Heras-Casado en París en noviembre de 2019.
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Anne Igartiburu y Pablo Heras-Casado en París en noviembre de 2019.

Igartiburu cuenta con varias sociedades, integradas en un holding que gestiona sus derechos publicitarios y, además, es socia fundadora de la cadena de peluquerías Ébanni, de la que ha “amadrinado” varios establecimientos.

Por su parte, la cartera de propiedades de Heras-Casado es menos extensa. Además de la casa en el barrio granadino del Albaicín donde pasó el confinamiento del pasado mes de marzo, cuenta con otra propiedad también en solitario en la zona de Retiro en Madrid que, según Vanitatis, adquirió en 2019 con la finalidad de restaurarla.

Las pistas de una crisis que había pasado desapercibida

La presentadora de Corazón (TVE) ha mantenido siempre una discreta vida privada, incluida su maternidad a los 47 años, y no ha hecho grandes publicaciones en redes sociales sobre su relación ni su familia.

La última foto junto a Heras-Casado tiene casi un año, data del 14 de febrero de 2020, y en ella le dedica unas bonitas palabras en euskera: “Por tanto, maite zaitut (te amo)”.

Desde entonces y, especialmente durante el confinamiento del mes de abril, Igartiburu publicó una serie de mensajes y reflexiones que ahora cobrarían más sentido. “Días que se complican, etapa rara que se alarga y conciliación a ratos imposible. Hablo con amigas que teletrabajan o compañeros que intentan ayudar a sus hijos en conexiones online para sus clases. Llevamos mucho acumulado emocional y logísticamente. Somos resilientes, es cierto... pero a veces sentimos que no podemos”, escribía el pasado 18 de enero en un post de Instagram.

El pasado mes de diciembre, la vizcaína compartía otra imagen también con una potente reflexión. “A veces las cosas surgen así... y es cuestión de afrontar lo que llega con la mejor actitud. No siempre es fácil, lo sabemos, pero se consigue si ponemos de nuestra parte y tiramos de personas que nos pueden acompañar para que estemos mejor. La vida nos manda señales y depende de nosotros el cómo las interpretemos”, escribió entonces.

Pero si hubo un indicio evidente de que la relación con Heras-Casado se había deteriorado del todo fue que no se repitieron imágenes como esta en las últimas Campanadas:

A partir de ahora, Igartiburu hará frente a su corazón en solitario, aunque todavía guarde un hueco de los cinco años de amor a los sones de música clásica.

Las parejas eternas también acaban