“Ante una pequeña sospecha de ictus, no hay que perder ni un segundo e ir al hospital”

Entrevista a Beatriz Yerga, neuróloga.
Beatriz Yerga, neuróloga.
Por cortesía de Javi Polinario.
Beatriz Yerga, neuróloga.

El pasado 29 de octubre, como cada año, la Neurología se vuelca con una de sus enfermedades más frecuentes. Era el Día Mundial del Ictus, una conmemoración que sirve para recordar esta afección que en España es la segunda causa de muerte y la primera en mujeres, según el Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

La Sociedad Española de Neurología asegura que en nuestro país se producen, cada año, entre 110.000 y 120.000 ictus, lo que equivale a más de 300 casos al día, uno cada 6 minutos. Y se prevé que dicha cifra se incremente, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un 35% en 2035 debido, en gran parte, al aumento de la esperanza de vida de la población.

Con motivo de esta efeméride, he querido dar a conocer con detalle todo sobre el ictus o, como se conoce comúnmente, infarto cerebral o embolia. Por eso, para que nos ilumine con su conocimiento y experiencia, he entrevistado a Beatriz Yerga, neuróloga en el Hospital Universitario Puerta del Mar de Cádiz, donde disponen de una Unidad de Ictus en la que tratan de manera habitual a pacientes de urgencias, ingresados o en consultas externas que han sufrido esta enfermedad cerebrovascular.

Ha llevado las consultas monográficas de Neurología Vascular y Neurosonología en dicho centro, además de la consulta CRANE (consulta de alta resolución en Neurología), donde se resuelven patologías neurológicas de manera ambulatoria precoz, entre ellas las vasculares. Es interesante destacar que formó parte del proyecto CATI (Centro Andaluz de Tele Ictus), a través del cual asesoraba telemáticamente como Neuróloga Vascular a compañeros de toda Andalucía.

¿Qué es exactamente un ictus?

Hablamos de ictus cuando se da una interrupción súbita del flujo sanguíneo de una parte del cerebro, es decir, no llega la sangre a una zona concreta del cerebro y esta se daña o muere.

¿Qué causa el ictus?

Existen dos tipos de ictus. Por un lado, encontramos el ictus isquémico, que se da en el 80% de los casos, y es cuando un trombo o coágulo de sangre cierra la arteria. Esto puede ser por causa aterotrombótica, que es cuando se pega colesterol en las arterias y se van cerrando cada vez más, o cuando ese colesterol se mueve hasta una arteria más pequeña y la obstruye. O bien por causa embólica, principalmente de origen cardíaco, que es cuando hay arritmias o alteraciones en el corazón que favorecen que se produzca un coágulo en el mismo corazón, pero que después se suelta y llega al cerebro.

Y, por otro lado, están los ictus hemorrágicos (20% de los casos), que es cuando se rompe la arteria y sangra dañando una parte del cerebro.

A la izquierda se ve la ramificación normal de las arterias y a la derecha se ve una parada (círculo rojo) que impide que la circulación sanguínea continue, ya que ahí es donde está el trombo.
Por cortesía de Javi Polinario.
A la izquierda se ve la ramificación normal de las arterias y a la derecha se ve una parada (círculo rojo) que impide que la circulación sanguínea continue, ya que ahí es donde está el trombo.

Y, ¿por qué se puede obstruir la arteria?

La obstrucción arterial se produce habitualmente por un trombo, que puede estar causado por distintos motivos. Ya hemos dicho que las causas más habituales son el colesterol o las arritmias llamadas fibrilación auricular. Otras causas menos habituales serían tumores o infecciones como, por ejemplo, ahora que hemos visto que la COVID-19 predispone a que haya más riesgo de trombosis y entre ellas ictus, aunque afortunadamente no es lo más frecuente en esta enfermedad.

Lo que sí tenemos claro es que la edad es un indicador de riesgo, ya que el marcapasos normal del corazón se ve alterado y provoca arritmias, especialmente a partir de los 60 años. También suelen estar más predispuestos a sufrir arritmias algunos deportistas, las personas al enfermar y liberar adrenalina, quienes tienen alteraciones valvulares del corazón, etc.

Para la población en general, la clave es, sobre todo para las personas mayores de 50 años, tener un estilo de vida saludable, ya que los factores de riesgo que predisponen a sufrir un ictus son la tensión alta de muchos años de evolución, el colesterol, el azúcar, las patologías cardíacas, una alimentación poco saludable, poca actividad física y hábitos tóxicos como el alcohol y el tabaco, especialmente.

“Para evitar que la afectación al cerebro vaya a más, es imprescindible tratarlo cuanto antes”

Por debajo de los 50 años, ¿no tenemos que preocuparnos?

La OMS estima que, para el año 2050, más del 45 % de los mayores de 65 años sufrirá un ictus. Esto representa casi la mitad de la población de esta franja de edad. Sin embargo, no es una enfermedad que afecte solo a personas mayores, ya que, según los datos del registro de la Sociedad Española de Neurología (SEN), el 27% de los ictus atendidos en los hospitales españoles corresponden a personas de menos de 65 años y un 8%, a pacientes con menos de 50 años.

Aun así, las causas por las cuales las personas menores de 50 tienen un ictus son más raras y habría que hacer un estudio más detallado. Podrían ser desde enfermedades genéticas, patologías cardíacas, infecciones, tumores o la disección de la arteria, que se rompe por un traumatismo como accidentes, masajes o, incluso, un mal gesto.

Hay que estar siempre alerta.

El ictus es algo que aparece de forma brusca y es bueno prestar atención a las señales que nos indican que algo no va bien. Las más habituales son que se tuerza la boca, dificultad para hablar, pérdida de fuerza en un lado del cuerpo, pérdida de sensibilidad o alteración del equilibrio. Además de alguno de estos síntomas, el ictus hemorrágico puede conllevar también dolor de cabeza, náuseas o vómitos.

Si detectamos algunos de estos síntomas, ¿qué hacemos?

Correr al hospital, ya sea llamando a la ambulancia o incluso, si se retrasa y el paciente está estable, con medios propios. Para evitar que la afectación al cerebro vaya a más, es imprescindible tratarlo cuanto antes. Ante cualquier pequeña sospecha de ictus, no hay que perder ni un segundo e ir al hospital. Ya dicen que EL TIEMPO ES CEREBRO. Además, los tratamientos que se pueden aplicar tienen un periodo de tiempo corto, por eso, debemos actuar cuanto antes.

En la imagen de la derecha se ve un trombo que se ha sacado, que, como muestra la imagen de la izquierda, ocupaba toda la arteria.
Por cortesía de Javi Polinario.
En la imagen de la derecha se ve un trombo que se ha sacado, que, como muestra la imagen de la izquierda, ocupaba toda la arteria.

¿Cómo actuáis cuando se produce un ictus?

Se activa el código ictus para que el personal, tanto extrahospitalario como intrahospitalario, esté prevenido ante la llegada inmediata de una persona que ha sufrido este infarto cerebral y podamos actuar lo antes posible para atenderle con el tratamiento más adecuado. Es un protocolo que se pone en marcha desde que la ambulancia recoge al paciente para que todo el equipo sepa que hay una emergencia que atender. Es lo mismo que pasa con un infarto del corazón, puesto que es igual de grave.

“La rehabilitación puede mejorar mucho las afectaciones que pueda sufrir el cerebro”

¿Qué tratamientos existen para el ictus?

Para los ictus isquémicos podemos aplicar dos tratamientos diferentes: un fármaco por vena que intenta disolver el coágulo formado, pero que solo puede funcionar hasta las 4,5 horas desde que empiezan los síntomas. Y, la otra posibilidad, es la cirugía endovascular, un tratamiento que ha avanzado mucho en los últimos años que consiste en sacar el coágulo mediante catéteres, ya sea aspirándolo o cogiéndolo con una especie de pinzas. En este caso, el tiempo se amplía hasta las 24 horas desde la aparición de los síntomas, dependiendo de cada paciente.

En el caso de los ictus hemorrágicos, a día de hoy no hay ningún tratamiento en fase aguda. Pero es importante siempre ingresar al paciente, ya que podemos monitorizarlo y controlar todo lo que podría hacerle emporar.

En la imagen de la izquierda se ve claramente el punto en el que la arteria está cerrada. Y en la imagen de la derecha se ve el muelle colocado que la abre.
Por cortesía de Javi Polinario.
En la imagen de la izquierda se ve claramente el punto en el que la arteria está cerrada. Y en la imagen de la derecha se ve el muelle colocado que la abre.

Me da la sensación de que algo que afecta al cerebro debe dejar secuelas importantes…

De los 120.000 casos anuales que se dan en España, 40.000 acaban en muerte y más de 300.000 están afectados con una discapacidad. Dependiendo de la zona del cerebro, puede quedar alteración del hablar, pérdida de fuerza, de sensibilidad, de equilibrio, de visión o el síndrome del acento extranjero, entre otras menos frecuentes. El ictus es la primera causa de discapacidad adquirida en adultos y la segunda de demencia, después del Alzheimer, según la SEN.

Aun así, hay que pensar que el cerebro se daña muy rápido, pero se recupera muy lento. Tiene hasta un año (o más) de recuperación, por tanto, no se puede hablar de secuelas hasta un año después. Hay muchas personas que haciendo rehabilitación intensa mejoran mucho, porque se da la plasticidad neuronal. Las neuronas que se han muerto ya no reviven, pero las de alrededor pueden adquirir ese rol.

“Habría que mejorar las ayudas a las familias de personas que han sufrido un ictus”

Como neuróloga, tratas al paciente y te relacionas con la familia.

Es duro porque un ictus aparece de manera brusca y nadie está preparado para asumir algo tan inesperado. Después del ictus se encuentran con que tienen que asumir una nueva realidad que supone cambiar la forma de vida, adaptar la casa, la rutina o, incluso, contratar a personal o pagar un centro especializado.

Cuando les damos el alta, si han quedado afectaciones, se llevan a casa una persona con discapacidad. Y las ayudas sociales se quedan cortas. Creo que habría que mejorar las ayudas a la dependencia en el domicilio o bien para llevarlos a una residencia o centro preparado para este tipo de pacientes. Además, habría que incrementar la cantidad de centros de rehabilitación, para que más personas puedan acceder a ellos.

¿Algún día dejará de ser una enfermedad grave?

El cerebro sigue siendo el gran desconocido y no hay que dejar de investigarlo. Es cierto que en los últimos años los tratamientos han mejorado muchísimo, pero aun así hace falta más investigación porque el cerebro se daña muy rápido y hay que conseguir evitarlo.

Actualmente, se está investigando intensamente en encontrar neuroprotectores, para proteger las neuronas de la zona donde no llega la sangre, con el objetivo de mantenerlas vivas. Y también, para regenerar las que queden afectadas. Hay diversos ensayos clínicos, y se está avanzando mucho, pero de momento no han aparecido más novedades. Por ello no hay que dejar de buscar.

“El infarto cerebral es tan grave como el infarto del corazón”

Ante esto, ¿qué nos queda?

Cuidarse y tener hábitos de vida saludables, cosa que reduce muchísimo la probabilidad de sufrirlo. Y también hay que concienciar a la población para que sepa reconocer un ictus y para que sea consciente de la importancia de llevar a la persona que lo sufre lo antes posible al hospital. Cinco minutos sin que le llegue sangre al cerebro, son letales. Debemos recordar la frase “el tiempo es cerebro”. Cuánto más tardes, menos cerebro sano. Hay que recordar que el infarto cerebral es tan grave como el infarto del corazón.

Hábitos no tan saludables