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04/09/2019 21:13 CEST | Actualizado 04/09/2019 21:38 CEST

Blanca Fernández Ochoa: una medalla y una sonrisa para la historia

El hallazgo de su cuerpo sin vida ha puesto fin a una búsqueda desenfrenada en la que han participado centenares de personas.

EFE
Blanca Fernández Ochoa

Una medalla para la eternidad y una sonrisa para el recuerdo. Blanca Fernández Ochoa ya es leyenda. Este miércoles, su cuerpo ha sido hallado sin vida en el pico de La Peñota, en plena sierra de Guadarrama, once días después de su desaparición. 

Con ella se va un pedazo de la historia del deporte español, la primera -y única aún- medalla femenina en unos Juegos Olímpicos de Invierno. La había tenido muy cerca en Calgary (Canadá) 1988, cuando una caída en la segunda manga acabó con sus opciones, pero se rehizo y la logró en Albertville (Francia) 1992, en la categoría eslalon de esquí alpino. Su bronce supo a oro -y no es cliché- por lo que acababa de conseguir. La foto, el podio, la bandera... Casi 30 años y varias generaciones de ‘deportistas invernales’ después (entre ellas María José Rienda, la actual secretaria de Estado para el Deporte y presidenta del CSD) sigue siendo única. Como lo era su gesto.

Porque al palmarés -también venció en varias pruebas de la Copa del Mundo- le acompañó una personalidad cordial, alegre, amable. Siempre tan sonriente en las mil y una apariciones que afrontó. Blanca era una personalidad pública: participó en ‘realities’, fue imagen de varias marcas, colaboró con televisiones... Un icono como lo había sido su añorado hermano Francisco, ‘Paco’, ‘Paquito’, el precursor de la saga y el gran esquiador de la historia en nuestro país, de quien también se lloró su pérdida en 2006. 

El anuncio de su desaparición el pasado 23 de agosto -hecho oficial el sábado 31- conmocionó a España. ¿Cómo va a desaparecer Blanca Fernández Ochoa?, se repetían en tantos hogares acostumbrados a verla por televisión. 

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Blanca y 'Paquito' Fernández Ochoa

No fue, no es aún, un operativo normal. A la denodada tarea de búsqueda efectuada por miembros de Policía Nacional, Guardia Civil y Salvamento, se sumaron centenares de ciudadanos anónimos que no querían esperar a las noticias. Vecinos, amigos, ajenos a la familia incluso... Más de 400 personas se llegaron a reunir en las múltiples batidas entre agentes y voluntarios. 

Pero el tiempo ha corrido en contra

Blanca, cuentan sus familiares y allegados, era una persona muy apegada al monte. No era inusual que se escapara a la montaña para desconectar. Por ello a la familia no le extrañó que se despidiese por unos días. De hecho, fue la propia esquiadora quien comunicó a su hija Olivia, jugadora de la selección española de rugby y que se encontraba en Murcia, que se marchaba unos cuatro días a caminar. Igual se iba a hacer el camino de Santiago, llegó a apuntar. Nada extraño para alguien habituada a la soledad de las sendas en Guadarrama, un terreno que conocía a la perfección.

Pero los días pasaban y la familia seguía sin tener noticias. En casa se dieron cuenta de que Blanca había dejado su móvil en casa, algo que no solía hacer al programar una salida. 

Este último hecho llevó al clan a denunciar la desaparición. Ocho días más tarde de la despedida con su madre, la propia Olivia se puso en contacto con la Guardia Civil de Las Rozas, lugar de residencia de la medallista olímpica. Inmediatamente, el instituto armado trasladó la investigación a Policía Nacional. Este cuerpo dio el aviso por todos sus canales. El anuncio en las redes sociales se hizo viral al instante. Comenzaba en ese momento un incesante goteo de rumores, temores y noticias. 

Apenas un día más tarde de que se iniciase el operativo, agentes policiales descubrían el coche de Blanca Fernández Ochoa. Estaba en un aparcamiento de Cercedilla, a dos horas del lugar donde hoy ha aparecido su cuerpo y no muy lejos de Aravaca. En esta localidad se le perdió la pista el día 23 después de pasar unos días en casa de su hermana. Su vehículo, un Mercedes Clase A de color negro, había servido como pista para el anuncio de la desaparición y no presentaba rastros de haber sido forzado, de acuerdo con los investigadores.

EFE
Reconstrucción de los hechos

El móvil del asalto violento parecía quedar descartado y ganaba enteros la opción de una “desaparición voluntaria”, hipótesis dominante en las pesquisas, aunque los agentes encargados del operativo aseguraban una y otra vez que “todas las opciones” estaban “abiertas”. 

La extraña cronología de los hechos continúa con la revelación de un suceso ocurrido mucho antes. En su camino a la montaña, Blanca se detuvo en un supermercado de Pozuelo de Alarcón a hacer unas compras el día 24, apenas un día después de su desaparición. Sin embargo, la noticia se supo el 2 de septiembre. La cajera que atendió a la deportista se puso en contacto con los investigadores tan pronto como supo de la trascendencia de este hecho. Allí, cuentan algunos testigos, Blanca llegó a hablar con un vecino, al que le comentó que se iba al monte. Sería la última pista sobre ella. 

Las últimas 48 horas han sido un constante transcurrir de batidas monte arriba y abajo. Perros de rastreo, drones, lanchas... El mayor despliegue de un operativo de búsqueda en la Comunidad de Madrid, señalan los expertos. Cada vez más gente, cada vez menos esperanzas.

Las que quedaban desaparecieron de raíz este miércoles alrededor de las 13:30. Un sargento de la Guardia Civil fuera de servicio daba la indicación definitiva: “Se ha hallado el cuerpo de una mujer en la zona donde se busca a Blanca Fernández Ochoa”. Minutos después llegaba la confirmación oficial: era Blanca. 

Ahora solo queda la tristeza. Y el recuerdo de su medalla y de su sonrisa.

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