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22/11/2020 11:14 CET | Actualizado 22/11/2020 11:14 CET

Chico Patera

Mientras miles de personas mueren en el mar, millones de mensajes banales e imágenes de exhibicionistas egocéntricos llenan las redes.

Conocí al Chico Patera en Fuerteventura durante un reportaje fotográfico para el diario El Mundo. Al joven marroquí le atribuían el mérito de ser uno de los primeros en llegar en patera a Canarias. Creo que es el único inmigrante en conservar su embarcación tras llegar a destino. Alegando que esa pobre y pequeña chalana era un símbolo de libertad para él, había conseguido que el juez no la incautara.

Tuvo que robar la patera a un amigo en Marruecos. Si se la hubiera comprado, su propio amigo lo hubiera denunciado. Para mantener en secreto su éxodo compró la gasolina en otra población, a unos cincuenta kilómetros de distancia. No salió de su tierra por pobreza. Su familia tenía un negocio de alquiler de apartamentos, no les iba mal. Para él no era cuestión de dinero sino de valores. Admirador del Ché Guevara, su razón era puramente ideológica y su objetivo la libertad.

Inducidos, solemos pensar que los emigrantes no poseen una ideología. De esta manera los despojamos de valores, dejándolos como simples anónimos hambrientos. Los convertimos en tan solo un número, un porcentaje, en una abstracción. La simplificación aritmética del problema nos permite el alejamiento, acomodándonos en una posición desinteresada.

Mientras miles de personas mueren en el mar, millones de mensajes banales e imágenes de exhibicionistas egocéntricos llenan de más vacío la vida dentro de la “Fortaleza Europa”

La geolocalización mediática hace que Arguineguín exista, conectando la historia de la emigración canaria con la llegada de más de dos mil personas. Cifras, otra vez. No nos interesa conocer cada una de sus historias personales. Son una masa abstracta de seres humanos sin rostros. Ningún nombre propio pertenece a alguno de ellos, ni a los muertos, ni a los enfermos de covid, ni a los menores de edad, ni a los huérfanos. El otro, el distinto no debe tener nombre.

Lejos, a salvo de todo y tras una red social, no queremos saber nada de eso. Nos vale con traficar con la información consumiéndola. Mientras miles de personas mueren en el mar, millones de mensajes banales e imágenes de exhibicionistas egocéntricos llenan de más vacío la vida dentro de la “Fortaleza Europa”. Los nuevos “yoistas” nada saben de los sirios, de los palestinos, de los saharauis… Porque simplemente les importan una mierda quienes no puedan regalarles un miserable “like”. 

#YONOMEOLVIDO