BLOGS
05/11/2021 07:16 CET | Actualizado 05/11/2021 07:16 CET

Con noticias y sin explicaciones del rey emérito

Solo papeles.

EFE
El rey emérito Juan Carlos I

Ahora que se anuncia el cierre en falso de la investigación de la Fiscalía y el más que seguro carpetazo a cualquier proceso judicial, fuentes cercanas y sobradamente autorizadas nos anuncian que el rey emérito está preparado ya para volver.

Incluso el presidente del Gobierno, que en un primer momento calificó de perturbadoras las informaciones en relación a las irregularidades fiscales del monarca que se iban conociendo, y que luego respaldó la patriótica justificación de su inesperada salida de España, por parte de la casa real, con el argumento de un distanciamiento para así no dañar la imagen de su hijo, el nuevo jefe del Estado, ahora también considera conveniente el retorno del emérito y asume dentro de la lógica la cada día más mayoritaria exigencia de explicaciones de la sociedad.

Una exigencia de explicaciones al anterior Jefe del Estado que, cuando surgieron los primeros indicios, dio la callada por respuesta e inmediatamente hizo mutis por el foro con un más que evidente desagrado ante la ingratitud de su familia y del pueblo español.

A partir de entonces, la única información sobre su disposición ante las investigaciones de la justicia, e incluso en cuanto al destino de su salida del país, ha tenido que venir de los comunicados de sus abogados o de las informaciones conseguidas por los medios de comunicación. Sin explicaciones, el resto han sido solo reproches y silencio.

Entonces, para rebajar la presión mediática y política desde esos momentos, el presidente del gobierno reiteró su confianza en las investigaciones de la agencia Tributaria y de la fiscalía como muestra de que dar cuentas de las obligaciones fiscales y ante la justicia son iguales para todos los españoles, sean quienes sean, y en paralelo anunció un estudio jurídico, eso sí de común acuerdo con la casa real, para acotar la inviolabilidad exclusivamente a las actuaciones propias del cargo y también para poner en marcha medidas adicionales de transparencia sobre el patrimonio y los intereses de la casa y la familia real. Después de todos estos meses todavía no se ha conocido que se haya realizado ni en consecuencia existen perspectivas de que se vayan a concretar dichas medidas.  

Por otra parte, con respecto al rosario de irregularidades y escándalos que se han ido conociendo primero y luego en relación la regularización en dos tiempos de sus declaraciones fiscales con la Agencia Tributaria, así como a la premiosa evolución de las investigaciones de la fiscalía española y aún asimismo de la suiza, no se ha conocido comentario ni posición oficial alguna por parte de la casa real, más directamente concernida, ni por fuente oficial del Gobierno. Tan solo se ha producido una filtración del contenido escandaloso del informe de la propia fiscalía, dentro de una de las comisiones rogatorias a la fiscalía suiza, acusando al emérito de comisionista, que ha provocó como consecuencia una dura carta de respuesta de los abogados del rey en defensa de su presunción de inocencia.

Todo ello parece haber precipitado la reacción contraria, de tal manera que, en vez de la apertura del proceso, al cabo de menos de un mes se ha anunciado la más que probable conclusión de las investigaciones sin acusación alguna.

En definitiva, que las explicaciones de los cargos públicos, y más si se trata del que fuera jefe de Estado en democracia, si hay materia para ello se dan en los tribunales o en ausencia de indicios de delito, no se necesitan explicaciones. En este caso, la materia posiblemente delictiva es evidente, pero todo parece que a este ritmo nunca llegarán a los tribunales. Algo que sí ocurrió en su momento con la infanta Cristina en el caso Urdangarín y que, como una lección a no repetir, parece haber determinado el cambio de estrategia en este caso por parte del emérito y sus asesores. Entonces eran solo aprendices de comisionista, dedicados a explota el fondo de comercio de la familia real con las instituciones más cercanas.

De los entonces fracasados cortafuegos que no pudieron impedir que la primer miembro de la familia real se sentase en el banquillo, hemos pasado a la estrategia actual de primero evitar el foco público con la salida del país, es verdad que con escaso resultado, así como a continuación eludir la apertura de juicio procediendo a regularizar a regañadientes las cantidades defraudadas a la hacienda pública, a la espera que la interpretación extensiva de la inviolabilidad de unos y la tardanza e inacción durante dos años, tanto de la Agencia Tributaria así como de la Fiscalía del Tribunal Supremo, hicieran el resto del trabajo de evitar a toda costa la apertura el juicio penal. Todo ello en aras de la mal llamada razón de Estado.

Poco importa que luego se hayan conocido más informaciones comprometedoras en los papeles de Panamá y más recientemente en los papeles de Pandora, tratados todos como meros papeles, como los de la casa real o los del rey sobre los presidentes del gobierno. En resumen, solo papeles y ninguna explicación.

NUEVOS TIEMPOS