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27/04/2019 09:07 CEST

Dejad de decir que mis migrañas son 'solo' un dolor de cabeza

Más del 90% de las personas que sufren migrañas no son capaces de seguir con sus actividades durante un ataque.

La noche de antes de mi boda, empecé a notar los síntomas: una palpitación detrás del ojo que se convirtió pronto en un dolor punzante en las sienes y se propagó al resto de la cabeza. Llevaba meses con miedo de que una de mis frecuentes migrañas se presentara en mi día especial y poco a poco ese temor se iba haciendo realidad.

Afortunadamente, logré minimizar los síntomas durante casi todo el día con medicamentos, pero por la noche volvieron con más fuerza. A la mañana siguiente, me desperté con una de las migrañas más insoportables que he sufrido en mi vida. Parecía como si me estuvieran aplastando la cabeza desde ambos lados. También sufrí mareos, náuseas y vómitos. Di gracias por haber evitado la migraña durante la mayor parte de la ceremonia y la recepción, pero al final tuve que perderme el almuerzo a la mañana siguiente y no pude despedirme de nuestros invitados.

No solo estaba llorando por la intensidad del dolor, sino que también me preocupaba lo que pensaran los demás. ¿Y si pensaban que era una desagradecida y maleducada? ¿Y si todo el mundo pensaba que era una exagerada por perderme todo esto por un dolor de cabeza?

“Es complicado entender de verdad lo que es una migraña si no has sufrido ninguna antes”, asegura Kevin Weber, profesor asistente de Neurología en la Universidad Estatal de Ohio.

No solo estaba llorando por la intensidad del dolor, sino que también me preocupaba lo que pensaran los demás

Las migrañas son intensos dolores debilitantes, no son simples dolores de cabeza. Muchas personas lo malinterpretan porque piensan que no es para tanto, pero no podrían estar más lejos de la realidad.

En torno al 12% de los estadounidenses sufren migrañas (y es el triple de frecuente entre mujeres que entre hombres), según la Migraine Research Foundation. Más del 90% de las personas que sufren migrañas no son capaces de seguir con sus actividades durante un ataque.

“Las migrañas están sometidas a los mismos prejuicios que sufren todos los pacientes con dolores. A la gente le cuesta entender que no seas capaz de realizar tus tareas habituales del día a día si no perciben ningún problema visible”, explica Meredith Barad, profesora asociada de Anestesia y Neurología en la Universidad Stanford.

Una migraña suele durar más y ser más grave que otros dolores de cabeza. Puede durar entre 4 y 72 horas e incluir hipersensibilidad a la luz y el ruido, náuseas y vómitos, según Barad. También puede acompañarse de dolor de cuello, distorsiones cognitivas e hipersensibilidad a los olores.

La primera vez que sufrí una migraña estaba en la universidad y no tenía ni idea de qué me pasaba. Me dolía tanto que tuvo que venir mi madre a recogerme para llevarme al médico. El médico me dio analgésicos y me pasé dos días enteros durmiendo hasta que el dolor remitió. Aunque sufrí muchos dolores de cabeza después de esa migraña, no volví a sufrir migrañas hasta hace unos pocos años, más intensas que la primera que tuve y, además, se volvieron recurrentes.

Weber señala que las migrañas son más frecuentes entre mujeres en edad fértil y entre hombres desde la adolescencia hasta pasados los 50 años. Los factores genéticos y ambientales pueden determinar cuándo alguien sufre migrañas y con qué frecuencia. En mi caso, el factor genético es el más influyente. Mi abuelo sufría migrañas y un primo mío empezó a sufrirlas más o menos a la misma edad que yo.

Las migrañas también dependen del estilo de vida. He descubierto que, en mi caso, el estrés, el alcohol y la falta de sueño son factores desencadenantes.

“Muchos pacientes tienen desencadenantes diferentes”, indica Weber. “Los que más me comentan son los cambios meteorológicos o de presión atmosférica, la falta de hidratación, el hambre, los olores fuertes (perfumes, emisiones de los vehículos), algunos alimentos (el vino tinto, el glutamato monosódico, los alimentos procesados, los quesos envejecidos, la cafeína o la falta de esta), los ruidos y las luces”.

ALISSA SCHELLER / HUFFPOST

Después de varios años lidiando con las migrañas, he cambiado mis hábitos y comportamientos. Si me voy de algún sitio pronto o cancelo algún plan, probablemente se deba a que tengo una migraña. Si rechazo una bebida, es porque no quiero arriesgarme a desencadenar ese dolor debilitante. Siempre llevo un botellín de agua y algo de picoteo en el bolso. Duermo MUCHO (unas 9 o 10 horas diarias). No me pongo perfume ni uso ambientadores en casa. Si parezco especialmente cansada o perdida, probablemente sea por la niebla mental que me provoca la migraña o los medicamentos que uso para aplacarla. No lloro a menudo, pero cuando lo hago, suele ser porque estoy sufriendo una migraña.

Mi marido me ha visto tantas veces con migrañas que ya sabe cuándo estoy empezando a sufrir una. Me calienta un antifaz especial, apaga las luces, me da un masaje en la cabeza y hace lo posible para ayudarme porque sabe lo imposibilitante que es. Estos pequeños detalles y la comprensión de mis seres queridos me ayudan a seguir adelante.

Si tienes algún ser querido que padece migrañas, Weber tiene una recomendación: “Pídele que te cuente su experiencia y escucha con la mente abierta, porque no es solo un dolor de cabeza”.

 

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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