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Dejad de elogiarme por sentirme 'sexy' a la vez que gorda

(Cuando algunos me decís que ni de coña me follaríais, me estáis haciendo un favor, así que gracias)
Por favor, no juzguéis mis cortinas.
Por favor, no juzguéis mis cortinas.

Me describo a mí misma como una “gorda guarrilla”. Lo demuestro por lo mucho que me gusta subir fotos mías medio desnuda a Instagram.

Empecé hace tres años, poco a poco, con una foto que apenas enseñaba una franja de mi tripa. Siempre estaba dispuesta a enviar fotos sexis a tíos desconocidos que me acababan ignorando después de unas pocas citas, así que pensé: ¿por qué no dejo que las vea todo el mundo y no solo ellos? A día de hoy, mi cuenta está llena de fotos mías medio desnuda. Incluso he llegado a los escenarios con el espectáculo de striptease que ayudé a fundar, Thicc Strip. Ahora me veo como una mujer empoderada y sexualmente libre, y todo empezó con esas fotos.

En parte lo hago por motivos egoístas. Obviamente, me gusta recibir atención y que mi sexualidad sea tal y como a mí me apetezca, pero también lo hago por otras personas, sobre todo por las mujeres. Las que osamos mostrarnos felices siendo nosotras mismas en nuestro cuerpo recibimos toda clase de comentarios y reacciones. Algunas son muy duras, pero no tienen importancia en comparación con los agradecimientos.

Cuando las personas me dicen que mis fotos les ayudaron a quererse y a aceptar su cuerpo, me doy cuenta de que está ocurriendo algo especial. Estos comentarios positivos siempre son más numerosos que los negativos, la mayoría de los cuales son de hombres detestables y enfadados con el mundo a los que nunca les permitiría dirigirme la palabra en la vida real y mucho menos tocarme. (Por eso, cuando me decís que ni de coña me follaríais, me estáis haciendo un favor, así que gracias).

“Estos comentarios son un insulto disfrazado de halago. ¿Cómo me las arreglo para no avergonzarme de mí misma teniendo semejante tripa, con esas cartucheras y estrías?”

Sin embargo, entre los polos del odio y del agradecimiento hay una zona gris. Son comentarios como: ¿Cómo haces para sentirte tan segura? ¡Ojalá tuviera tanta confianza como tú! Tu confianza me fascina. Cada vez que publico una foto, sé que alguien me va a decir algo así en los comentarios o por mensaje directo.

De primeras no suena nada maleducado. De hecho, parece halagador: mi confianza impresiona y me envidian por ello. Si se analiza un poco más, en cambio, estos comentarios duelen. ¿Por qué? Porque sé que no piensan lo mismo cuando una persona delgada publica una foto con una cantidad de ropa similar. Su confianza no sorprende, la tienen y punto.

Estos comentarios tienen doble filo, son un insulto disfrazado de halago. ¿Cómo me las arreglo para no avergonzarme de mí misma teniendo semejante tripa, con esas cartucheras y esas estrías? En otras palabras: sea a propósito o no, estáis insinuando que soy demasiado fea como para sentirme bien conmigo misma. ¿Cómo narices habré hecho para sentirme segura sin perder peso?

Tuve que aprender a tener autoestima.
Tuve que aprender a tener autoestima.

Empecemos por el principio. ¿Qué significa sentirse seguro de uno mismo? Básicamente es apreciarse. Que la gente se sorprenda por el hecho de que me aprecie a mí misma es bastante burdo, ¿no os parece? Es una forma de seguir normalizando la noción de que la autoestima solo pertenece a un tipo determinado de personas. Calificar mi exhibicionismo como un acto de valentía hace que los estándares de belleza permanezcan inamovibles.

Sinceramente, lo pillo. Sé que muchas de las personas que se preguntan de dónde saco tanta confianza han crecido en el mismo mundo que yo: en una sociedad que hace que todo aquel que no se ajuste al ideal de delgadez se sienta como una basura.

Como millennial que creció justo antes del despegue de internet y mucho antes de que estuviera accesible en cualquier móvil, desde mi infancia hasta los veintipico años estuve influida por los medios de comunicación tradicionales, por profesionales del sector de la medicina y por mi propia familia. Todos ellos me querían convencer de que estar delgada sería la solución a mis problemas. Sería más atractiva, estaría más sana y tendría más éxito si dejaba de estar gorda. Tardé mucho tiempo en desaprender todos los daños que me había provocado esta creencia. Tuve que reaprender a tener autoestima y esforzarme más para demostrarle a la gente que está bien que una persona como yo tenga autoestima.

“Nunca comprendí por qué tenía que cambiar mi cuerpo para satisfacer las necesidades de otras personas”

El auge de los movimientos de positividad corporal y amor propio ha ganado fuerza en las redes recientemente. Comprendo que a tantas personas les resulte extraño. Después de haber oído durante años que no puedes sentirte sexy, de repente miles de personas que rechazan esa creencia te dicen que sí que puedes. Al principio yo tampoco sabía cómo tomármelo.

Quizás me tomo más a pecho que halaguen mi confianza porque me hace recordar una versión más joven y confundida de mí misma. Una chica que no detestaba su aspecto pero que no dejaba de oír que debería hacerlo. Nunca comprendí por qué tenía que cambiar mi cuerpo para satisfacer las necesidades de otras personas, pero como todo el mundo me decía que estaba equivocada, puse en serias dudas mi percepción de mí misma.

¿Que cómo hago para sentirme tan segura? Sinceramente, hubo mucho fingimiento. Simulé mi confianza durante mucho tiempo hasta que me lo fui creyendo de verdad. Mis inseguridades se disipaban con cada foto que publicaba. Dejé de posar en ángulos que disimulaban mi tripa y poco a poco fui mostrándome más. Mi verdadera identidad. No quería ser una más en Instagram de las que se ponen filtros en la cara y se editan la cadera para tener forma de reloj de arena y que luego publican la foto como prueba de que “aman su cuerpo”.

Dicen que el color negro te hace más delgada.
Dicen que el color negro te hace más delgada.

En ocasiones me sigue resultando complicado, pero supero las dudas y publico la foto igualmente. Adelante: ese es el mejor consejo que puedo dar.

No tienes por qué tenerlo todo claro antes de empezar la aventura. Para eso está la aventura. Cualquier persona que trate de convencerte de que ha alcanzado el nivel máximo de confianza miente descaradamente. No es posible sentirse bien con uno mismo en todo momento.

Lo bueno es que nosotros somos nuestros críticos más duros. Sí, eso es bueno porque significa que una vez que te atrevas y hagas lo que el miedo no te deja hacer, te darás cuenta de que las reacciones que recibas no son nada en comparación con las que esperabas.

Estoy segura de que todos hemos dicho algo que no sabíamos que era ofensivo o que podía hacer daño. Esta es una de esas cosas con las que espero que la gente tenga más tacto en las redes sociales. Reflexionad sobre por qué os gustaría tener mi confianza y qué os lo impide. Pensad en cómo puede sentarme un comentario así. Cuando me preguntes sobre mi confianza en mí misma, piensa: ¿lo dices de verdad o me estás tratando con condescendencia? ¿Le harías la misma pregunta a cualquier mujer que parezca segura, independientemente de su talla?

No soy psicóloga, activista ni ninguna autoridad para hablar de la aceptación de los cuerpos gordos, solo soy una gorda guarrilla que se enorgullece de su cuerpo todos los días y quiere hacerlo sin que se ponga en duda su orgullo y sin que la traten como una especie de anomalía. Un cumplido es suficiente. O mejor, el emoji del fuego.

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.