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12/08/2020 09:00 CEST | Actualizado 12/08/2020 09:00 CEST

Desde Rusia con amor: la primera vacuna frente a la COVID-19

Putin ha señalado con enorme orgullo ante los medios de comunicación que ya ha sido vacunada una de sus hijas.

NurPhoto via Getty Images

El día 11 de agosto del 2020 pasará a la historia de la pandemia como el primer día que se hizo oficial la existencia de una vacuna “eficaz” frente a la COVID-19. Precisamente cuando la pandemia arroja un saldo global de más de veinte millones de contagios. 

En este momento había veintiséis candidatas a nivel mundial que se disputaban tan preciado trofeo, de las cuales seis ya se encontraban en la ansiada fase 3, lo cual supone un ensayo clínico con miles de voluntarios. Sin embargo, el registro de la primera todavía se encuentra en fase 2 y tiene firma rusa.

Rusia con ciento cuarenta y cinco millones de habitantes ocupa el cuarto lugar en cuanto al número de infectados, por detrás de Estados Unidos, Brasil e India. Con este anuncio propagandístico la ciencia rusa saca pecho e intenta regresar al lugar que ocupó en el pasado.

El nombre técnico es Gam-COVID-Vac si bien ya se la conoce como Sputnik V, la letra hace relación tanto a “vacuna” como a “victoria”. Sin lugar a dudas, es un nombre con reminiscencias galácticas que tiene tintes nostálgicos del programa espacial soviético durante la Guerra Fría.

Al parecer, según voces autorizadas rusas, la vacuna ha sido probada en “voluntarios” militares y en otros dos grupos de civiles “voluntarios” y remunerados.

La Sputnik V ha sido desarrollada por el Instituto Gamaleya de epidemiología y microbiología y se basa en un sistema de doble administración, con una dosis inicial y otra de recuerdo. La vacuna emplea como vector un adenovirus humano tipo 26 -uno de los responsables del resfriado común-, para introducir material genético coronavírico (proteína S).

En el momento de hacerse pública la noticia se desconocen los aspectos más relevantes de la investigación, debido a que no han sido publicados en revistas científicas de primer nivel. Al parecer, según voces autorizadas rusas, la vacuna ha sido probada en “voluntarios” militares y en otros dos grupos de civiles “voluntarios” y remunerados. En todos ellos se ha constatado la aparición de inmunidad duradera, previsiblemente con una duración de dos años, niveles elevados de anticuerpos y seguridad, ya que no han aparecido complicaciones importantes.

Además, desde el Ministerio de Sanidad ruso, se ha señalado que el país tiene capacidad para producir quinientos millones de dosis y que se empezará a vacunar a toda la población a partir del uno de enero del 2021. La viceministra primera, Tatiana Golikova, ya ha anunciado que la producción a gran escala comenzará en septiembre y que los primeros en vacunarse serán los médicos y el personal sanitario.

Putin ha señalado, con enorme orgullo, ante los medios de comunicación que ya ha sido vacunada una de sus hijas.

El anuncio de la primera vacuna frente a la COVID-19 ha sido recibido por parte de la comunidad internacional con un enorme escepticismo y la Organización Mundial de la Salud recomienda cautela y subraya la necesidad de demostrar su eficacia. 

Si echamos la vista atrás, cuando Edward Jenner patentó su vacuna contra la viruela utilizó a un niño de ocho años –James Phipps– como cobaya; Louis Pasteur probó la vacuna frente a la rabia por vez primera en Joseph Meister que tenía nueve años… ¿Y en el caso de la vacuna rusa? Vladimir Putin ha señalado con enorme orgullo, ante los medios de comunicación que ya ha sido vacunada una de sus hijas –sin mencionar si ha sido María o Katerina– con el Sputnik V.