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21/10/2020 09:49 CEST | Actualizado 21/10/2020 09:49 CEST

El accidente del "0'0001%"

Que el 95% de los homicidios sea llevado a cabo por hombres no es el resultado de la conducta de unos pocos hombres...

Frederic Cirou via Getty Images

El machismo es cuestión de números, de los números que les salen cuando hacen sus cuentas; por ejemplo, no le importa gastar cada año 109 mil millones de euros para pagar los costes de la violencia de género en la UE, pero luego pone el grito en el cielo para abordar ciertos gastos sociales. Y también es cuestión de los números que no le salen, por ejemplo, cuando quiere hacer ver que las mujeres son tan violentas como los hombres, o que el problema de la violencia son los extranjeros y las estadísticas no les dan la razón.

Por eso, cuando los números se les caen y las cosas no encajan montan el numerito.

Es parte de la estrategia que presenta al machismo bajo un criterio cuantitativo que posibilita aplicar sus “machomáticas“ con el fin de restar o sumar argumentos, de manera que se mantenga el equilibrio de su desigualdad normalizada. Así, bajo este criterio cuantitativo, se permiten establecer el umbral para decidir lo que es y no es machismo, como ocurre cuando deciden si una agresión es lo suficientemente intensa como para que sea violencia de género o se quede en un “conflicto conyugal”; lo mismo ocurre cuando establecen si una determinada expresión presentada como piropo es un hostigamiento o un halago; o si un comportamiento debe ser considerado como seducción o como acoso;  o para decidir qué es prostitución y qué explotación sexual. Son ellos, los hombres en nombre del machismo, quienes establecen los límites y quienes los mueven hacia arriba o hacia abajo dependiendo de las circunstancias y de cómo esté la crítica social, para evitar que se tome conciencia de ese machismo que hay detrás de la realidad. 

Y bajo ese criterio numérico de lo cuantitativo, ahora recurren el argumento de la “falacia de la minoría” al justificar que los hombres que matan, violan, acosan, abusan… son una minoría respecto al total, y que la violencia no tiene nada que ver con los hombres, sino que es un problema de “algunos hombres”. Es lo que vemos cuando dicen que los violentos representan el 0’0001% del total de hombres (el número de ceros que utilizan depende de las circunstancias).

Que el 95% de los homicidios sea llevado a cabo por hombres no es el resultado de la conducta de unos pocos hombres, sino la consecuencia de una sociedad androcéntrica.

La estrategia para desviar la atención es clara, da igual que el 95% de los homicidios sea cometido por hombres (UNDOC, 2013), que el 99’8% de la violencia sexual sea llevada a cabo por hombres (Macroencuesta 2019), que el 75% de los suicidios sean realizados por hombres… todo eso es anecdótico para ellos. Y el hecho de que el protagonismo de los hombres en la violencia se produzca en todo el planeta y haya sido así a lo largo de toda la historia, bajo circunstancias y contextos muy diferentes, parece que no tiene nada que ver con el elemento común de una masculinidad machista que ha existido en cualquier lugar y tiempo.

Ahora, en un nuevo intento, juegan con ese argumento del 0’0001% para reforzar dos ideas esenciales para la estrategia del machismo:

  1. Dirigir la mirada fuera de la violencia en lugar de hacerlo hacia la violencia. Es como si al decir que el 60% de los accidentes de tráfico se producen por conducir bajo los efectos del alcohol y las drogas (DGT, 2017), respondieran que esos conductores representan el “0’0001%” del total, y hacer ver que conducir bajo los efectos de sustancias tóxicas no es un elemento esencial común a los accidentes, y que habría que analizar si además habían dormido poco, o si habían tomado una comida copiosa, o si llevaban varias horas conduciendo sin descansar… Sería difícil de aceptar, pero al relacionar masculinidad y violencia se acepta fácilmente.
  2. Presentar la idea de que la violencia es una “condición” en algunos hombres. Es decir, hacer creer que los hombres violentos son un grupo definido y diferente al resto de los hombres, y así transmitir la idea de que la violencia no es consecuencia de la decisión de quien la ejerce bajo su libre determinación. Esta idea de presentar la violencia como un “accidente” es algo tan habitual que con frecuencia la vemos reflejada en la forma de abordar los casos desde los medios de comunicación, incluso en las investigaciones policiales y judiciales, cuando se utilizan expresiones como “tras una fuerte discusión”, “fruto de un acaloramiento”, “sintió un impulso irrefrenable”… como si todo ese contexto en el que se produjo la agresión no formara parte de la violencia iniciada por el propio agresor.

Que el 95% de los homicidios sea llevado a cabo por hombres no es el resultado de la conducta de unos pocos hombres, sino la consecuencia de una sociedad androcéntrica y de una cultura que asocia la violencia a una masculinidad que hace entender que la virilidad y la hombría se ven reforzadas y reconocidas mediante su uso. Es la idea que transmitió un condenado por el asesinato de su mujer a una jueza que hablaba con él, en un momento de la conversación el preso le dijo, “no se confunda usted conmigo, yo he matado a mi mujer, pero no soy ningún delincuente”. Para ellos una cosa es la violencia y otra la masculinidad.

Y eso es lo que quieren hacer creer el machismo y muchos hombres, que la masculinidad no tiene nada que ver con esa violencia para que todo parezca un accidente; el accidente del 0’0001% de los hombres.

 

Este artículo se publicó originalmente en el blog del autor. 

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