POLÍTICA
03/01/2021 09:57 CET

El año de Pablo Iglesias

Cómo ha sido personalmente para el líder de UP el año de la pandemia y el primero como vicepresidente.

DANI GAGO
Iglesias

2020 quedará grabado en la mente de todos. El año más difícil de la historia reciente. El año que nadie esperaba, el año en el que un virus puso al planeta en jaque, el año en el que España tuvo que confinarse por primera vez, el año en el que la gente dejó de abrazarse, el año en el que los ciudadanos no pudieron despedirse de sus seres queridos. 

Y fue también el año en el que se formó por primera vez un Gobierno de coalición en España desde la II República. Ya no se trataba de asaltar los cielos... Unidas Podemos logró un acuerdo con Pedro Sánchez para entrar en el Ejecutivo. Con Pablo Iglesias, el político que hacía quitar el sueño a muchos socialistas, como vicepresidente segundo del Gobierno y responsable de Derechos Sociales.

El hombre al que detesta la derecha (y una parte también de la izquierda) y que se ha enfrentado desde hace dos meses al reto de pisar moqueta y tratar de convertir en hechos lo que antes prometía. Un viaje político y también personal. En mitad de una pandemia, con una situación dramática que no se vivía desde la Guerra Civil. ¿Cómo han sido para el propio líder de Podemos estos meses? 

Los días más duros los tiene grabados en su cerebro. Fueron, según confiesa el propio Iglesias a El HuffPost: “Los primeros momentos de la pandemia, cuando no sabíamos realmente la magnitud de la emergencia a la que nos estábamos enfrentando, faltaban EPIs y respiradores y la presión hospitalaria y los fallecimientos aumentaban rápidamente. Lo que sabemos hoy no lo sabíamos en febrero o en marzo. Hemos aprendido mucho, como sociedad y como Gobierno, pero el principio fue especialmente duro”.

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Iglesias en La Moncloa

También ha sido “duro”, confiesa el vicepresidente, “aplicar políticas públicas que tratan de proteger a la gente más vulnerable mientras vemos que el Ingreso mínimo Vital no llega con la agilidad que sería necesaria o que se han seguido produciendo desahucios de personas vulnerables hasta que por fin hemos logrado aprobar un nuevo decreto para suspenderlos”.

Los peores momentos para Iglesias fueron los primeros meses de pandemia cuando subían los fallecidos, no había material y crecía la presión hospitalaria

“Se ha trabajado mucho y a veces nos han criticado por presionar en el seno del Gobierno, por ser cabezones y por meter prisa, pero hay que entender que el tiempo es muy diferente para alguien que no puede pagar el alquiler o la luz que para alguien que no tiene problemas económicos”, reflexiona Iglesias al hilo de este fatídico 2020.

Cuando uno cierra los ojos, viene a la cabeza esa mezcla de sensaciones, fotografías y sentimientos que ha dejado atrás este año. Cuando lo hace Iglesias, le asaltan los balcones en toda España a las ocho de la tarde aplaudiendo. Para el vicepresidente, “la principal lección que nos deja esta pandemia es la necesidad de cuidar a quienes cuidan y proteger la sanidad pública”. Es algo, cree, que no se debería olvidar nunca.

“Recuerdo también la imagen de unas enfermeras del Hospital del Mar de Barcelona que llevaron a la playa a ver el mar a un paciente de coronavirus que llevaba más de 50 días ingresado en la UCI. Me pareció una imagen hermosa que expresa hasta qué punto los profesionales sanitarios han dado lo mejor de sí mismos para protegernos a todos. La sociedad está en deuda con ellos”, sostiene al reflexionar sobre lo que se ha vivido.

La imagen que ha marcado al vicepresidente es la de los españoles aplaudiendo en los balcones

En estos últimos doce meses el momento político de mayor satisfacción fue la formación del Gobierno de coalición, en el que pocos creían días antes del acuerdo y tras las fallidas negociaciones que se produjeron tras las elecciones de abril de 2019. La idea de Iglesias es que ese paso supone romper la “cláusula de exclusión histórica que ya duraba ochenta años”. Aunque el peso de UP, a su juicio, es “modesto” y los resultados no son siempre lo que les gustarían, su presencia se nota.

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Sánchez e Iglesias, junto a Yolanda Díaz y su hija en un acto en Moncloa

Gobernar durante estos meses no ha sido nada fácil, pero a Iglesias no le gusta entrar al detalle porque cree que no es justo que los que ocupan responsabilidades hablen de sus dificultades en el cargo, ya que ha sido la ciudadanía la que lo ha pasado mal este año.

Su reflexión es: “La responsabilidad de un gobernante no se demuestra en los momentos fáciles, cuando sopla el viento a favor, sino en los momentos difíciles. Aunque ha sido duro y seguramente todavía faltan momentos muy complicados por vivir a raíz de esta emergencia, creo que estamos siendo capaces de hacer una gestión de esta crisis que pone por delante el interés general, a diferencia de lo que sucedió en la crisis de 2008”.

Esa ha sido una de las obsesiones de los ‘morados’ durante estos meses: no caer en los errores, a su juicio, de la salida de la austeridad que se impuso en España y en la UE hace diez años. Los aires, a pesar de la dureza, han soplado de otra manera, con una Bruselas encarando de otra forma la crisis e inyectando dinero a los países (España recibirá este año 27.000 millones de los fondos europeos).

Han sido meses de enorme sufrimiento para el país y el mundo entero, piensa Iglesias. Lo que le queda también es que UP ha dado la cara y, entre las medidas adoptadas, se siente orgulloso de la subida del salario mínimo, el Ingreso Mínimo Vital -aunque reconoce que hay que mejorarlo-, el freno la publicidad de las casas de apuestas y la aprobación de los presupuestos.

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Iglesias junto al rey en Bolivia

Ese ha sido uno de sus grandes empeños: consolidar la mayoría progresista que sacó adelante la investidura de Pedro Sánchez y que el PSOE no virara en la aprobación de las cuentas con un acuerdo con Cs. Durante este tiempo quiere el vicepresidente segundo despejar el camino y poner las bases para que haya gobiernos progresistas durante la próxima década en España.

¿Cómo ha sido meterse en el puesto de vicepresidente? “Y durante la peor pandemia en cien años… No es un trabajo sencillo y a veces es frustrante, sobre todo teniendo el peso que tenemos en el Gobierno, que es modesto, porque no siempre se puede conseguir todo lo que a uno le gustaría. Pero creo que se está demostrando que el lugar desde el que se pueden cambiar algunas cosas y revertir, aunque sea parcialmente, algunas injusticias, es desde el Gobierno. Se logran muchas más cosas siendo gobierno con 35 diputados que siendo oposición con 50 o con 60”, contesta.

Para Iglesias es frustrante no poder hacer todo lo que quisiera en el Gobierno, pero dice que es el lugar donde se pueden cambiar las cosas

Mirar al futuro pensando lo que ha pasado durante este tiempo. Y, como el resto de españoles, tuvo que dejar de abrazar a sus padres durante estos meses y no los pudo ver. Algo “doloroso”, para Iglesias. Además, su padre vive en otra provincia y por su salud es especialmente vulnerable.

Cuando dejaba el despacho o colgaba el teléfono al final del día, Iglesias escapaba de esta durísima realidad estando en casa con sus hijos. Viéndolos crecer. También intentaba leer algo por las noches y sumergirse en películas y series. “Hay gente a la que le parece un problema que un vicepresidente vea series. A mí lo que me parecería un problema es que un gobernante no siguiera formándose y no leyera novelas, no viera series ni películas, porque viviría fuera de la realidad”, sostiene. 

Por su pantalla, han pasado producciones que le han marcado como El colapso, Veneno, Recursos inhumanos, La conjura contra América, Hippocrate y Baron Noir, esta última recomendada por el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Su relación con Sánchez es cordial y se está construyendo una cultura de coalición

Mucho se ha escrito y hablado sobre ese matrimonio entre el PSOE y Unidas Podemos, que algunos pensaban que se quebraría al poco tiempo. Pero precisamente la pandemia lo ha hecho más fuerte. Su relación con Sánchez es “cordial”, según explica Iglesias. El líder de UP confiesa a los suyos también que deben estar satisfechos porque se está construyendo una cultura de coalición, en la que “claro” que se producen discrepancias y tensiones, pero que luego se traducen en resultados positivos en términos de programa y de ampliación de derechos. El vicepresidente cree que cada vez más gente hace esta reflexión: “Si las discusiones dentro del Gobierno sirven para que al final se prohíban los desahucios y los cortes de suministros o para que se regule el precio de los alquileres, pues bienvenidas sean esas discusiones y esa tensión”.

EFE
Iglesias y Calviño, duranta el debate de presupuestos

Esa tensión también interior en todos. Iglesias ha llorado en la intimidad “como todo el mundo”, suele decir. Y también en público algunas veces: “La verdad es que soy bastante llorón, pero no creo que eso sea algo malo. Si un responsable político no es capaz de emocionarse y no le duele el sufrimiento de la gente, mejor que se dedique a otra cosa”.

La crisis del coronavirus ha cambiado personalmente a todos los ciudadanos. Nadie volverá a ser igual. Si se le pregunta al vicepresidente segundo cómo ha modificado su vida en estos meses, responde: “La pandemia ha alterado muchos hábitos; no ya los míos, sino los de todo el mundo. No poder ver a tus padres, no poder reunirte con amigos… hace que el día a día sea más desagradable”. Y añade: “Aquí tengo que mencionar también la situación que estamos viviendo en nuestra casa Irene Montero y yo, y nuestros tres hijos, con el acoso de fascistas en nuestra puerta todos los días desde hace muchos meses. A mí no me gusta quejarme ni ir de víctima. Ha habido mucha gente a lo largo de la historia que, por hacer política y por defender las ideas que nosotros defendemos, ha sufrido la cárcel, la tortura, el exilio o incluso lo ha pagado con su vida. Pero también es verdad que con nosotros se han cruzado algunas líneas rojas que jamás se habían cruzado con ningún otro responsable político en democracia”.

Asegura que no quiere hacerse la víctima, pero piensa que se han cruzado líneas rojas en democracia con el acoso de fascistas a su familia

Esa democracia tensionada y polarizada que también se ha visto en las Cortes durante estos meses. Para Iglesias, no es justo el relato que se hace en muchos medios de comunicación sobre la “bronca” en el Congreso porque da la sensación de que todos los grupos son iguales y responsables en la misma medida de esa crispación. El líder morado tiene este análisis: “Lo cierto es que quienes gritan, quienes insultan y quienes mienten son siempre los mismos. Pero esa estrategia de la crispación no es síntoma de la fortaleza de la derecha, sino de su debilidad. La derecha en España está en una situación muy difícil, en gran medida porque está atrapada por Vox, que hoy ejerce el liderazgo cultural de ese bloque. Creo que, mientras eso sea así, las derechas tienen muy difícil volver a gobernar en España”.

2020 ya es pasado. Se abre un nuevo capítulo para todos. Iglesias tiene pendiente todavía que el Supremo resuelva sobre el caso Dina, siempre ha pensado que no será imputado. Y la coalición estrena etapa tras la aprobación de los presupuestos generales, con una parte del PSOE pidiéndole a Sánchez que se imponga más frente a Iglesias y marque más perfil propio. Con unas elecciones catalanas a la vuelta de la esquina. Con la esperanza de la vacuna y el miedo a la tercera ola. Con el revés de la congelación del salario mínimo. La vida sigue. 

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