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09/05/2021 10:37 CEST | Actualizado 09/05/2021 10:37 CEST

El efecto mariposa no ha terminado

La vacunación tramposa de un consejero murciano provoca la desaparición de partidos y el final de líderes nacionales, pero esto es solo un eslabón intermedio de una reacción en cadena que no concluye el 4-M.

PIERRE-PHILIPPE MARCOU via Getty Images
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, celebra la victoria.

El pasado 4 de mayo no se eligió únicamente la composición de la Asamblea de Madrid. Qué va. Se eligieron un millón de cosas más. Cada madrileño que metió su papeleta en la urna no estaba solamente opinando sobre quiénes deberían cubrir los escaños del parlamento autonómico. Estaba decidiendo cómo iban a ser las futuras campañas electorales a partir de ahora en España. Cuáles iban a ser las ideas centrales que unos y otros partidos esgrimirán en la confrontación política nacional. Los tonos: sobre todo lo que se votó el pasado martes es el nuevo tono que va a tener la política. Y sobre estas cuestiones sí que se alcanzaron mayorías absolutas transversales, todavía más destacadas que las logradas por siglas políticas particulares.

Unas elecciones con magnitud 9 en la escala Richter, como las que acabamos de vivir, se convierten en la nueva biblia para los Miguel Ángel Rodríguez, los Iván Redondo y el resto de integrantes del Sindicato de Mercenarios de la Asesoría Política. Van a proyectar una alargadísima sombra. En el caso de la derecha caben pocos metaanálisis. Ayuso ha tirado los dados sobre el tablero del parchís, y no solo se come a Gabilondo, sino que, al contar 20, saca a Iglesias de la política y, al volver a contar 20, hace desaparecer a Ciudadanos y entra directamente en casa. ¡Hoyo en uno! Qué duda puede caber de que la derecha española ha de tomar el camino del trumpismo y crear mensajes de una sola palabra, preferiblemente con pocas sílabas.

Pero la izquierda, como las familias infelices de Tolstoi, se enfrenta a interpretaciones variadas. Un fármaco puede fallar por no ser el adecuado o por no aplicarse en la dosis adecuada, y un buen médico sabrá distinguir un caso y otro. Quizá el problema es que no se insistió demasiado en la necesidad de una línea Maginot de Aranjuez a Somosierra ante la inminente entrada de la Wehrmacht nazi por tierra, río y aire. “¡Que viene el fascismo!”, hay que decirlo más. O quizá lo que ocurrió fue simplemente que la gente —no los followers, la gente— ya no se reconoce en una izquierda adolescente, psicologista, más llena de actitudes que de aptitudes. A tenor de algunas declaraciones postpartido —¡Calvo hablando sobre los campos de concentración en relación a Ayuso!— no parece que el médico sea el doctor House.

La gente ya no se reconoce en una izquierda adolescente, más llena de actitudes que de aptitudes

En la noche electoral, las cadenas informativas deberían haber completado sus gráficas y sus infografías sobre partidos políticos con otras igualmente coloristas referidas a qué estilos de campañas habían ganado las elecciones y cuáles las habían perdido. Además de ver lo que sumaban las tres derechas y las tres izquierdas, hubiera sido interesante ver lo que sumaban las tres campañas polarizadoras y las tres campañas moderadas. Se ha hablado de un efecto mariposa, en donde la vacunación tramposa de un consejero murciano provoca la desaparición de partidos y el final de líderes nacionales consolidados, pero, a su vez, esto es solo un eslabón intermedio de una reacción en cadena que no concluyó el 4-M. El efecto mariposa no ha hecho más que empezar. Hablamos dentro de un par de años.

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