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19/04/2019 22:10 CEST | Actualizado 19/04/2019 22:10 CEST

El guante blanco de Pedro Sánchez y la procesión del Santo Entierro

EFE

“Haré los debates el lunes y el martes y los haré con un estilo de guante blanco” ha zanjado Pedro Sánchez ante las cerca de 2.000 personas que han acudido a escucharle al Palacio de Exposiciones de Santander en esta tarde de Viernes Santo. El presidente del Gobierno se ha referido a las cloacas que “espian a los adversarios”, sin mencionar a Unidas Podemos, pero se ha hecho eco del asunto, como le pedían desde la formación de Pablo Iglesias. “Con ocho meses de Gobierno, las cloacas se han ido por las alcantarillas”. Parecía hasta convencido de ello. Ha terminado pidiendo el voto a todos porque “esto no va de ganar; tenemos que ganar para poder gobernar”.

Santander, Viernes Santo, a las 19:00 Pedro Sánchez de mitin. A las 20:00, la Procesión del Santo Entierro. Salía desde la Plaza del Ayuntamiento y es una de las más populares en la Semana Santa santanderina. “Pero oiga, no somos el mismo público. No creo que muchos de los de aquí vayan a la procesión”, comentaba Tomás a las puertas del Palacio de Exposiciones, momento en que ha sido interrumpido por su cuñada: “Pues hombre, si Pedro se da prisa, a mí me gustaría ver un ratito del paso. Ha dejado de llover”. 

“Nosotras no tenemos nada que decidir, lo tenemos ya muy claro y nos gusta venir a verle”, dicen Pilar, de unos 50 años, y sus amigas

Y es que hay gente pa to, sin duda alguna. Cuando Sánchez ha entrado -pasadas las 19:15- la cuñada de Tomás ya sabía que el presidente del Gobierno y sus teloneros le iban a poner difícil lo del paso del Entierro, pero al final aseguraba que no le importaba. Se ha ido tan contenta de ver a su líder, que ha llegado rodeado de los nuevos fieles. Mil sillas verdes y 300 negras (más nobles y blanditas) más los que estaban de pie, suman esos 2.000 de los organizadores, y que el equipo que sigue a Sánchez admitía que podían ser algunas menos. “Pero esto es Santander, feudo conservador”, apuntaban. Santiago Abascal (Vox), el 28 de marzo en la Sala Argenta en el Palacio de Festivales cántabro, llevó a más de 1.600 personas, lo que hizo que Pablo Casado apostara por su mitin en la calle, para evitar comparaciones odiosas. 

“Pero si es Viernes Santo”, ha espetado el presidente del Gobierno al auditorio, convencido de que este es un país de buena gente. “La buena gente lo que no hace es robar, no miente, no insulta, no espía” y eso es lo que hace la derecha. El candidato socialista ha recorrido los temas fundamentales, “no vamos a aceptar la banalización de las agresiones sexuales. No es siempre no. Y la violencia de género es violencia de género”. Una vez más, se ha comprometido a blindar en la Constitución el carácter público de las pensiones. Además, el derecho a la eutanasia, la derogación de la ley mordaza y la esperanza de que “el color de la socialdemocracia cambie el rojo por el verde” en la lucha por el cambio climático han desfilado por el discurso. Hoy era su cuarto acto en la misma jornada. 

A las 17:00 de la tarde ya había gente a las puertas del palacio. Enfrente, el estadio de Racing (vacío por tanto se podía aparcar) y la carpa blanca del circo. “¿Llevas a los niños al mitin? Nooo, al circo, aunque a veces sea parecido”, respondían unos padres a una pareja mayor, que pensaba que los jóvenes y los infantes volvían a la política. No era el caso, aunque a entrada al circo costaba 60 euros y al mitin era gratis. 

"Quizá vote a Podemos, porque me temo que el PSOE pacte con C's, pero voy a escuchar", reconoce Lidia, de 20 años

Pilar, rondando los 50, gafas de sol, labios de rojo bien perfilado y melena caoba, lideraba un grupo de amigas que habían venido desde Maliaño y Astillero. Eran las primeras en las puertas. “Nosotras no tenemos nada que decidir, lo tenemos ya muy claro y nos gusta venir a verle”. No tan claro estaba para Pedro, pasados los 70, que “vengo porque no sé qué hacer con el voto. Hay mucho que pensar”. Todo lo contrario que Agustín, bastón y no garrota, camisa, chaqueta de punto y corbata, que “a mí no me importan lo colores. No quiero decirte lo que voto, pero lo que tienen que hacer todos estos, los de Madrid, es dejarse de colores y pensar en la familia. La familia es lo más importante”.

Pocos jóvenes y Lidia, 20 años, lo ha notado. “Se lo he dicho a mis padres, soy como una marciana, pero es pronto, falta más de una hora. Vengo a observar, quizá vote a Podemos, porque me temo que el PSOE pacte con Ciudadanos, pero voy a escuchar”. Es ella la que ha arrastrado a sus padres. Los jóvenes que había, como en cada mitin de los partidos, colocados a las espaldas de los oradores, que hay que dar imagen rejuvenecida ante las cámaras.

Sánchez llegó acompañado del nuevo equipo en Cantabria, con Pablo Zuloaga -candidato socialista a la presidencia de Cantabria- a la cabeza. No ha dejado títere con cabeza de los líderes socialistas que apostaron por Susana Díaz, pero allí estaba la presidenta del Parlamento, Lola Gorostiaga, una de las dirigentes históricas del socialismo cántabro, aguantando el tirón. El candidato Sánchez la ha saludado. Se ha quedado en cama, con gripe, la vicepresidenta del Gobierno cántabro, Eva Tezanos. La tabla rasa contra los rubalcabistas, aquí más que susanistas, ha tenido en Cantabria un ejemplo notable. Ferraz, y sobre todo Zuloaga, no han perdonado.

Faltan nueve días. Pueden ser eternos. O quizá no. 

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