INTERNACIONAL
03/10/2020 10:38 CEST

El mundo entero observa con preocupación las elecciones de Estados Unidos

Para millones de extranjeros, no se trata de Trump o Biden, sino de la supervivencia de la democracia estadounidense y lo que pueda significar para sus países.

ILLUSTRATION: DAMON DAHLEN/HUFFPOST; PHOTOS: GETTY

Cada cuatro años, millones de extranjeros observan con atención cómo Estados Unidos elige a su presidente, conscientes de que se trata de una decisión en la que no tienen voz ni voto pero que influirá en sus vidas. En 2020, ya no se trata de si gana la izquierda o la derecha, sino de si el país más poderoso del mundo será capaz de conservar su democracia.

Una victoria de Donald Trump sería un golpe al principio de garantizar una transferencia de poderes pacífica. Les daría legitimidad a sus métodos, como su interés por colocar a alguien de su confianza en el Tribunal Supremo antes de las elecciones para que sea más difícil votar y pueda rechazar prácticamente todo control legal y popular. También legitimaría tácticas autoritarias de Trump como tachar de antiamericana y criminal a la oposición y su afán por trasladar al pueblo la imagen de un sistema electoral demasiado corrupto como para ser fiable, algo que los expertos consideran más peligroso que apoyarse en la injerencia extranjera para ganar.

Este martes, Trump aprovechó el momento más importante de las elecciones hasta el momento ―el primer debate presidencial― para decirle al grupo violento de extrema derecha Proud Boys “retroceded y estad atentos” y se negó a condenarlos a ellos o a los supremacistas blancos que le han mostrado su apoyo.

Si Trump gana a Joe Biden, será una señal peligrosa de que las instituciones democráticas de Estados Unidos ya están maltrechas y en proceso de derrumbarse aún más. Y eso generaría un efecto dominó internacional. Si el país más poderoso del mundo sufre este golpe fatal a su democracia, el autoritarismo y los políticos que lo abrazan aprovecharán su turno.

“Pese a toda su hipocresía y todos sus defectos y problemas con el racismo, Estados Unidos es considerada una gran democracia que debate sobre sus problemas muy abiertamente”, comenta Oliver Stuenkel, profesor en la Fundação Getúlio Vargas de São Paulo. “Hasta la gente más crítica con la política exterior de Estados Unidos reconoce que estas cosas son muy importantes para la lucha por los derechos humanos y la democracia en todo el mundo”.

Brasil es un ejemplo de ello. La impactante victoria de Donald Trump impulsó la candidatura en 2018 del ahora presidente brasileño Jair Bolsonaro, asegura Stuenkel. Si Trump gana en 2020 utilizando métodos antidemocráticos, Bolsonaro podría actuar del mismo modo para lograr su reelección en 2022 sin miedo a las represalias de Estados Unidos.

Posibilidades como esa son las que hacen que las elecciones sean mucho más influyentes de lo que piensan los estadounidenses, sostiene Stuenkel.

Si Trump gana a Biden, será una señal de que las instituciones democráticas de Estados Unidos ya están maltrechas y en proceso de derrumbarse aún más

En India, el primer ministro Narendra Modi y sus aliados han replicado la estrategia de Trump aireando el temor a los musulmanes y atacando a los medios de comunicación independientes. Los ataques de Trump al estado de derecho sugieren que estos dos países podrían tomar nota, según asegura el activista Harsh Mander, que dirige el Center for Equity Studies de Nueva Delhi. El miedo a las represalias internacionales, especialmente las de Estados Unidos, es una de las restricciones que tiene el poder de Modi, pero es muy poco probable que Trump critique a sus “hermanos ideológicos”, señala Mander.

“El peligro que supone para Estados Unidos y para el mundo un líder como Trump es algo de lo que somos conscientes”, indica Mander, que describe como “muy tambaleante” el estado de las instituciones democráticas estadounidenses.

El desprecio de Trump por las alianzas y los valores estadounidenses y su brutal enfoque de los asuntos mundiales ha dañado la imagen histórica de Estados Unidos como un líder global. Además, su desastrosa respuesta a la pandemia debilitó todavía más la imagen internacional de Estados Unidos hasta mínimos históricos.

Ahora, incluso los países europeos, que solían ser los aliados más cercanos de Estados Unidos en el panorama internacional muestran una “gran preocupación” por el estado de la democracia estadounidense, informa Nathalie Tocci, directora del Instituto de Asuntos Internacionales de Roma y asesora de Josep Borrell, Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad.

“La democracia no solo consiste en celebrar elecciones”, comenta Tocci. “Lo verdaderamente importante de las democracias son los derechos, las leyes y las instituciones, y el daño que están sufriendo ahora es probablemente lo más peligroso”.

Días oscuros en el horizonte

El resultado de las elecciones provocará aún más ansiedad internacional. El escenario más previsible apunta a una pérdida del voto popular de Trump, batallas legales por el recuento de votos que durarán días o semanas, incertidumbre por el resultado final y un país dividido que se alejará aún más de su imagen de república madura y segura.

“Estados Unidos es el país líder en el orden liberal, en balances, controles y contrapesos, y en una época en la que la autocracia trata de coger impulso, el simple hecho de que existan dudas en las elecciones del país y que se especule con el uso del Tribunal Supremo para decidir al vencedor es una preocupación enorme”, expone Paolo Magri, vicepresidente ejecutivo del Instituto de Estudios Políticos Internacionales de Milán.

Si Trump consigue un segundo mandato, tanto él como el Partido Republicano se sentirán legitimados para seguir asentándose en el poder, algo que ya ha sucedido en otros lugares. Desde que fue reelegido el año pasado, la India de Modi ha revocado la cuasindependencia de la región de Cachemira, ha batido récords mundiales de cierres de internet para evitar manifestaciones, ha dejado sin nacionalidad a dos millones de ciudadanos, ha modificado los requisitos para obtener la nacionalidad con el fin de discriminar a los musulmanes y ha arremetido contra algunos grupos de vigilancia de los derechos humanos, como Amnistía Internacional.

“Estados Unidos bajo un segundo mandato de Donald Trump sufrirá lo que estamos sufriendo en India con Modi, que está destrozando todas las instituciones democráticas”, lamenta Mander.

FRANCIS MASCARENHAS / REUTERS
Narendra Modi, el primer ministro de la India, comparte el instinto autoritario de Donald Trump y saldrá reforzado si este gana las elecciones contra Biden.

Pero la victoria de Trump también podría inspirar a más líderes de ideología similar. Chamila Liyanage, investigadora especializada en la extrema derecha, asegura que una victoria de Trump alentaría a otros líderes de extrema derecha de Europa y a otros grupos extremistas, como la secta QAnon, cuyas redes se están extendiendo rápidamente por el continente. Asimismo, otros líderes europeos más moderados podrían ver que incidir en el nativismo y en posturas extremistas en materias como el aborto son decisiones políticamente rentables, advierte Magri.

A los activistas de todo el mundo les interesará aprender de los rivales de Trump si logran frenarle

Junto con la emergencia sanitaria por la pandemia, una victoria para Trump sería un regalo para los extremistas: “La derecha radical siempre busca crisis para degradar las democracias”, escribe Liyanage en un correo al HuffPost.

“Aunque su grado de lealtad a Trump puede variar, aceptan de buen grado su ataque a los ideales democráticos liberales”, añade, haciendo referencia al ecosistema de extrema derecha de Europa. “Esos grupos son más peligrosos que el propio presidente Trump”.

El efecto Biden

Existe un escenario alternativo que los observadores internacionales están deseando que se cumpla. Si Biden obtiene una victoria rotunda y Trump deja el cargo de forma relativamente pacífica, Estados Unidos podría mostrarle al mundo que su sistema democrático es capaz de sobrevivir incluso a los mayores desafíos.

“Estados Unidos enviaría a Bolsonaro y a otros autócratas de Latinoamércia y de todo el mundo el mensaje de que el populismo y las amenazas a la democracia y a la integridad de las instituciones democráticas tienen poco recorrido”, comenta Orlando Pérez, decano de la Facultad de Artes Liberales y Ciencias de la Universidad del Norte de Texas.

Un Gobierno encabezado por Biden probablemente pondría en marcha políticas que harían recuperar la fe en Estados Unidos y volver a conectar con la comunidad internacional, como ofrecer el estatus de refugiados protegidos a los venezolanos que huyen de la crisis de su país o afrontar el desafío de llevar la vacuna del coronavirus a los países más pobres.

Pero tampoco hay que creer que Biden sería la panacea para todos los males democráticos del país.

“A un presidente estadounidense lo eligen para tener a Estados Unidos como prioridad, así que tampoco espero que Biden solucione los problemas del resto del mundo ni ayude a Europa ni a Italia”, avisa Magri. “Dicho eso, creo que Trump ha sido una amenaza para la unidad de Europa, así que es positivo que venga alguien que no busca la desintegración europea”.

Trump aplaudió la retirada del Reino Unido de la Unión Europea y apoya a los nacionalistas europeos que miran con recelo toda cooperación en Europa. Por ello, a los activistas de todo el mundo les interesará aprender de los rivales de Trump si logran frenarle. 

A un presidente estadounidense lo eligen para tener a Estados Unidos como prioridad, así que tampoco espero que Biden solucione los problemas del resto del mundoPaolo Magri, vicepresidente ejecutivo del Instituto de Estudios Políticos Internacionales de Milán
 

En Brasil, el interés en estas elecciones estadounidenses va más allá del acostumbrado, ya que los detractores de Bolsonaro están analizando la oposición de los demócratas a Trump y estudiando si son capaces de ganar para Biden el apoyo de los votantes más progresistas de Bernie Sanders.

Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, es otro líder que ha aplaudido la violencia y ha cargado contra los periodistas. Su ascenso en 2016, junto con el de Trump, fue “una llamada de atención a nuestra gente para ponernos en marcha y defender nuestra democracia”, recuerda Naomi Fontanos, directora ejecutiva del grupo filipino GANDA de defensa de los derechos de los transexuales.

Para ella, las manifestaciones antirracistas que se han producido en Estados Unidos durante el verano crearon expectativas de “una renovación nacional hacia una mayor justicia”, escribe. “Tengo la esperanza de que los estadounidenses superen este desafío. Ha habido mucha división en la sociedad durante el mandato de Trump y Duterte, pero no debemos perder la esperanza en un futuro mejor y no debemos tratarnos los unos a los otros como enemigos. Eso es justo lo que quieren los líderes autoritarios y los tiranos: enfrentar a los ciudadanos”.

Trump no es el único problema

La tarea de convertir a Estados Unidos en una democracia más fuerte no podrá llevarse a cabo en 2020. Los países extranjeros ven problemas muy graves más allá de Trump con el beneficio de la distancia.

El movimiento republicano para limitar el acceso al voto y debilitar las instituciones y leyes no es algo que haya nacido con Trump. Por eso no se trata de una novedad realmente sorprendente, sino más bien de una evolución, valora Tocci.

“Estamos yendo un paso más allá en la agenda republicana, cuyo objetivo es acabar con la democracia. En realidad no es más que la gota que colma el vaso”, explica.

Un informe publicado esta semana por el grupo progresista Take Back The Court (Recuperemos el Tribunal Supremo) desvela que aunque gane Biden, la mayoría conservadora del Tribunal Supremo podría rechazar los intentos de los demócratas de evitar la purga de votos y la práctica de gestionar los distritos legislativos según los intereses de los partidos, una tendencia creciente con el aumento de jueces electos que abrazan el extremismo.

Tampoco está claro hasta dónde están dispuestos a llegar los rivales de Trump para frenar las políticas exteriores de Estados Unidos que derivan en problemas internos, como la xenofobia, el desprecio de los derechos humanos y las extralimitaciones del poder ejecutivo.

Con Barack Obama, Estados Unidos expandió su programa de defensa a Filipinas, y con la llegada de Trump y Duterte en 2016, la relación entre ambos países se fortaleció, pese a que la “guerra contra las drogas” del presidente filipino se ha cobrado más de 10.000 vidas, indica Fontanos. Obama puso en marcha el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, un acuerdo comercial que muchos activistas catalogaron de “ir contra el medio ambiente, contra los pobres y contra los obreros” y Fontanos cree que Biden reviviría el programa. (Lo cierto es que Biden defendió el acuerdo durante los mandatos de Obama, pero ahora asegura que antes de reactivarlo tal y como se creó, lo renegociaría).

“Lo que necesitamos que entiendan los líderes de Filipinas y Estados Unidos es que acuerdos como el que les autoriza a mantener a soldados estadounidenses en suelo filipino permiten que el imperialismo norteamericano se perpetúe”, resume Fontanos.

Si el país más poderoso del mundo sufre este golpe fatal a su democracia, el autoritarismo y los políticos que lo abrazan aprovecharán su turno

Además, derrotar a Trump no implica derrotar a todas las fuerzas que están interesadas en promover una corriente autoritaria en la política global.

“Si gana Biden, la derecha radical argumentará que los progresistas y los globalistas solo buscan el poder por el poder”, escribe Layanage. “Teniendo en cuenta la facilidad con la que circulan estas ideas, la victoria de Biden supondrá para él los desafíos añadidos de ejercer de presidente en una democracia en guerra”.

En lugares en los que el coronavirus ya se ha usado como cortina de humo para instaurar medidas más dictatoriales para controlar a la población, como ha sucedido en Latinoamérica, la victoria de Biden no será más que el inicio del camino hacia la libertad.

“Tener a Biden como presidente y derrotar a Trump mandará al mundo un mensaje positivo en la guerra contra los peligros del populismo y contra quienes desean debilitar las instituciones democráticas, pero no garantiza que todos vayan a darse por aludidos”, concluye Pérez.

 

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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