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24/10/2021 10:19 CEST | Actualizado 24/10/2021 10:19 CEST

El necesario triunfo de la verdad para una democracia plena

Es importante que seamos conscientes de que los únicos responsables de que esto ocurra somos nosotros.

Yuichiro Chino via Getty Images

Vivimos en la época de las fake news, de los trolls, de la posverdad… términos que nos resultan cercanos por la cantidad de veces que los escuchamos en los medios de comunicación, pero de los que la mayoría desconoce no sólo su verdadero significado sino (y esto es lo realmente  preocupante) la amenaza que suponen para el desarrollo de una democracia plena. 

Podemos considerar como uno de los elementos que definen a  una democracia plena, a aquella donde todos los ciudadanos en edad de votar pueden ejercer el derecho al voto y lo hacen en libertad y disponiendo de toda la información para tomar la mejor decisión. Es una paradoja que estemos en la época de la historia donde los ciudadanos tienen acceso a una mayor cantidad de datos e información, y que sea también la época en la que en más ocasiones los ciudadanos se dejan llevar por mensajes basados en informaciones falsas en su toma de decisiones. Informaciones que buscan impactar en sus sentimientos y emociones con objeto de subyugar el elemento racional a la hora de emitir su voto. 

Las redes sociales se han convertido en el mejor centro de investigaciones sociológicas para el que quiera conocer la percepción de los ciudadanos sobre los distintos temas y observar cómo impactan los mensajes en su comportamiento. De ello eran muy conscientes los defensores del Brexit en Reino Unido o Trump en EEUU, que utilizaron herramientas de Cambridge Analytica (todo un escándalo) para elaborar campañas y contenidos diseñados, para cambiar la forma de pensar de los votantes. Esto fue posible a través del análisis de los datos de los contenidos que millones de usuarios publicaban en sus redes sociales. 

Es importante que seamos conscientes de que los únicos responsables de que esto ocurra somos nosotros. Cedemos con gran alegría y sin ninguna precaución todos los nuestros datos, sentimientos, gustos y preferencias, a empresas privadas sin pararnos a pensar el uso que harán de ellos, a la vez que somos muy reacios a dar información a las administraciones públicas que lo van a utilizar en el bien común y que serán exquisitos en el cumplimiento de todas las condiciones de protección de datos. Una buena muestra de ello es la poca utilización que se ha hecho de herramientas como radar Covid, creada para combatir la propagación del Covid, en la que se ceden muchos menos datos de los que cedemos cada día a los responsables de las muchas redes sociales de las que somos miembros y en las que interactuamos permanentemente. 

Es importante que los gobiernos impulsen medidas que beneficien a la mayoría de los ciudadanos pero, para sobrevivir políticamente, un gobierno necesita que los ciudadanos las valoren de forma justa y equilibrada. Sin embargo, esto cada vez se vuelve más complicado debido a que  es más fácil colocar un titular, tweet o publicación con un mensaje falso que cale en los ciudadanos, que un mensaje que traslade información real sobre el impacto que tienen las medidas que toma un gobierno. Los ciudadanos a la hora de votar tendrán en cuenta, en muchos casos, el bombardeo de mensajes que han venido escuchando en los últimos años aunque estos sean poco veraces. Por ello la oposición dedica gran parte de su tiempo a instalar en el imaginario colectivo etiquetas a través de mensajes de ataque al Gobierno, aunque estas estén muy lejos de la realidad, ocultando las verdaderas políticas llevadas a cabo.

Un Gobierno como el actual, que está desplegando una gran cantidad de medidas para hacer frente a las consecuencias, tanto sanitarias como económicas provocadas por la Covid-19, que ha protegido a familias, trabajadores y empresas; un Gobierno que ha conseguido que Europa lance la mayor inversión de la historia para la reconstrucción económica y el cambio de modelo, no se puede permitir que no se valore su gestión de forma equilibrada y en toda su magnitud. 

Hay que ganar la partida a las mentiras, los mensajes populistas de aquellos que solo piensan y trabajan por sus intereses partidistas.