El paripé como relato

Como en la publicidad, las letras grandes y los mensajes cortos, con personajes atractivos y superficiales, que en principio deberían de ser como el agua y el aceite, el cuento se ha convertido en un fin en sí mismo.
Un hombre pronunciado un discurso, en una imagen de archivo.
Un hombre pronunciado un discurso, en una imagen de archivo.
Jasmin Merdan via Getty Images

Me equivoqué. Hace cuatro años le dije a una alta funcionaria de Bruselas en el tentempié de una jornada organizada por la Asociación de Periodistas Europeos (APE) en la Fundación Carlos de Amberes, en Madrid, que en política, y en general en la vida, lo importante no debe de ser el famoso ‘relato’ sino los hechos, los datos, la realidad… aunque haya que contar bien estas cosas. Pero el relato como publicidad, con todos sus elementos de idealización, es solo una forma más o menos sofisticada de engañar.

Como en la publicidad, las letras grandes y los mensajes cortos, con personajes atractivos y superficiales, que en principio deberían de ser como el agua y el aceite, el cuento se ha convertido en un fin en sí mismo. ¿Para qué van a comprometerse las almas ligeras de coco vacío si Trump, el pionero moderno, o Bolsonaro, o Putin ya han demostrado el gran poder de atontamiento colectivo mediante la conversión de la mentira de toda la vida en verdad alternativa, una palanca que ya están empleando las tropas internacionales de zapadores de los cimientos de la democracia?

“Gritar libertad en un país libre hasta la excentricidad, adelantado en los derechos sociales, no es solamente una estupidez, es algo más peligroso”

La verdad es que los relatos maliciosos están, espero que por corto periodo por el bien de todos, tapando las verdades del barquero, y de ahí para arriba. Es inevitable en este tiempo español, y europeo, y mundial, acordarnos de aquella heroína francesa, que refirió la muerte a abjurar de sus principios, y que para mí es un caso clarísimo de los peligros que encierra el oficio periodístico, en su sentido amplio. Madame Roland fue ajusticiada el 8 de noviembre de 1793 en la entonces Plaza de la Revolución, hoy Plaza de la Concordia, por sus críticas al Terror. Ella era una buena revolucionaria de la primera hora; pero estaba espantada por la violencia desatada. Cuando el verdugo le iba a colocar la cabeza en el cepo de la guillotina, ella pronunció esa frase que aún nos conmueve y llena de desazón, porque adaptada a las circunstancias aún sigue vigente. “¡Oh Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”.

Gritar libertad en un país libre hasta la excentricidad, adelantado en los derechos sociales, no es solamente una estupidez, es algo más peligroso. Conseguir que este grito hueco sustentado en planteamientos acientíficos cuando no paranormales (queda más fino este término que decir subnormales, palabra descriptiva compuesta por el prefijo latino ‘sub’, que significa debajo de, como submarino, subterráneo o subteniente, y normal, que todo el mundo sabe lo que es) consiga un ejército de adeptos… ya no se sabe si es consecuencia del fracaso de tantos planes educativos en el ‘top’ de la bobería pedagógica o del fracaso de la reforma psiquiátrica. O vaya usted a saber.

La verdad es que cada cierto tiempo una ola reaccionaria recorre las sociedades occidentales con esos elixires que, como en el oeste americano, vendían los charlatanes como mágicos crecepelos… que aceleraban la calvicie.

“Por qué será que muchos defensores de la libertad modelo conservador se inclinan por la libertad de los grandes conglomerados eléctricos”

Por lo general esta exaltación de la libertad, así, en general, sin concretar, porque una caña es a la libertad como un coro de ladridos nocturnos de perros solitarios a una orquesta sinfónica… suele tener truco; suele servir para distraer la atención o para tapar algo. Sea en Ucrania o en las chimbambas… que no tienen porqué estar en el extranjero. No es lo mismo la libertad moderna, amarrada a la democracia y a los derechos sociales, que la libertad que precisamente es un trampantojo para cercenar libertades o para ocultar otras intenciones más afines al oligarquismo. Por qué será que muchos defensores de la libertad modelo conservador se inclinan por la libertad de los grandes conglomerados eléctricos, que imponen precios especulativos que engordan sus cuentas de resultados hasta conseguir récord de beneficios mientras los españoles no llegan a final de mes precisamente por lo inflado del recibo.

Y hay tertulianos o tertuliantes tan ‘comprometidos’ con estas verdades más falsas que un euro de chocolate que encima consideran un intolerable ataque las críticas a ese engolado capitoste que llamó tontos a los usuarios que se acogen a la tarifa regulada. Esto me lleva a ese empresariado de doble o triple moral que abomina del intervencionismo del Estado en el mercado pero que cuando ese mismo mercado le es contrario precisamente por la distorsión que en el mecanismo causa la avaricia, ponen la mano y usan las influencias y hasta el chantaje para ser rescatados…con los impuestos de los explotados y tantas veces, sentencias por medio, de los estafados.

A su vez esto conduce a algo preocupante a esas alturas del siglo XXI, sobre todo tras dos siglos de revoluciones: una de las frases modelo perla de plástico de la presidenta madrileña es la de que en Madrid no hay clases sociales. Ñooosss, mi niña. Va a ser que la baronesa Esperanza Aguirre es de la misma clase social que su empleada de hogar. Ignacio Sánchez Galán, el presidente de Iberdrola, 13,2 millones de euros de sueldo el año pasado, ese que llama tontos a los usuarios ‘regulados’ es de la misma clase social que su chófer… No son de la misma clase social quienes no tienen vivienda y quienes venden las promociones de viviendas sociales a fondos buitre, elementos políticos que aún no han entrado en el área compasiva del capitalismo. Siguen en fase salvaje.

“No son de la misma clase social quienes no tienen vivienda y quienes venden las promociones de viviendas sociales a fondos buitre”

En ese submundo de efectos especiales de los que gritan libertad con ánimo de cortina de humo se producen los más sonados episodios de corrupción sistémica caracterizados por la negación constante de la infección. Y por la caducidad política de los hechos, como si la caducidad judicial, equivaliera a la caducidad moral. Muy cristianos de apariencia, amigos de las sotanas y las mitras, confían en que el tiempo cure las heridas. Cuentan de Franco que muchas veces, cuando le interesaba, claro, porque afectaba a las ‘familias’ del Régimen, ponía los expedientes en lista de espera en un archivador. Eso lo podía hacer el dictador y general superlativo; pero esas ‘libertades’ no funcionan bajo una Constitución democrática. Que lo es a pesar de las imperfecciones en su aplicación y de las trampas de los sin-vergüenzas.

Otra vez han saltado a las primeras y a las ‘prime-time’ las grabaciones del ex comisario Villarejo. Hay que quedarse con este titular, para entender muchos comportamientos que nos parecían ininteligibles. ‘Villarejo: “Vamos a hacer un paripé de investigación”. Unos audios en poder judicial revelan, ya veremos las liebres y los zorros que saltan en el camino, que el Ministerio del Interior bajo el mando del ‘beato’ Fernández Díaz protegió al policía cuando se averiguó que tenía un patrimonio de 16 millos de euros. Y más cosas sobre Aguirre y Cospedal. De Aguirre asombra que acudiera a Villarejo para que le quitara la multa que le pusieron unos policías municipales por aparcar en zona prohibida al común de los mortales. Ah, claro, debe ser porque la prohibición atenta contra esa libertad de hacer lo que le da la gana. Como por ejemplo que su marido y ella estén en el juzgado por, según denuncia de un cuñado, vender un Goya simulando una donación y al parecer saltándose los trámites que controlan los bienes protegidos. Lástima que la libertad ‘tabernaria’ no haya sentado doctrina.

“Siempre hay un argumento exculpatorio envueltito en arengas patrióticas y banderas españolas. Muchas banderas españolas, a las que embarran y manchan sin ningún pudor”

Todo este enredo inacabable, que tiene más operaciones que un hospital, todas con nombres policíacos ¿no tendrá nada que ver con los manejos de los populares para ‘congelar’ la renovación del Consejo General del Poder Judicial con absurdas y estéricas razones plenas de sinrazón constitucional?. Siempre hay un argumento exculpatorio envueltito en arengas patrióticas y banderas españolas. Muchas banderas españolas, a las que embarran y manchan sin ningún pudor. El alzhéimer político se llama de otra forma.

Eso sí, como cada año, hay dos temas que salen a ‘rular’ como señuelos antimisiles en los medios conservadores: noticias de sentencias recurridas de los ERTE socialistas como si fueran actuales y distintas; y el consabido aniversario de periódicos derechistas de las crueles ejecuciones republicanas de Paracuellos en noviembre y diciembre de 1936. Claro que, por otra parte, funciona la querencia: las crueles ejecuciones llevadas a cabo por las tropas franquistas de Yagüe en la Plaza de Toros y calles de Badajoz el 14 y el 15 de agosto de 1936… no gozan de igual memoria. En las víctimas sí parece que hay clases.

Conviene estar muy atentos y tener presente la advertencia de Madame Roland. Más que nada, para no perder la cabeza.