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16/02/2020 20:15 CET | Actualizado 16/02/2020 22:32 CET

El Real Madrid arrolla al Unicaja en la final de la Copa del Rey de baloncesto (68-95)

Facu Campazzo, elegido mejor jugador de la final.

EFE
Campazo

El Real Madrid conquistó este domingo la Copa del Rey de Málaga tras ganar, en la final disputada en el Pabellón Martín Carpena, al Unicaja por 68-95.

Se trata del vigésimo octavo título en esta competición del equipo madrileño, que ganó su última Copa en Vitoria en 2017 y aumenta su ventaja respecto al Barcelona, que le sigue en el palmarés del torneo con 25.

Facu Campazzo, base argentino del Madrid, ha sido elegido MVP con 13 puntos, 4 rebotes, 13 asistencias y 29 de valoración. Él y el escolta estadounidense Jaycee Carroll, que acabó con 20 puntos, destacaron en un triunfo coral al que contribuyó la mala tarde de los tiradores rivales, negados ante el aro y que solo acertaron con cuatro de sus veinte lanzamientos triples.

Los malagueños, espesos de principio a fin, no comparecieron en su gran cita. Con un baloncesto que nada tuvo que ver con el que exhibieron en semifinales, fueron barridos de principio a fin por un rival hambriento de triunfos y que, en su séptima final consecutiva, se tomó la venganza de la jugada en 2005.

El partido tuvo poca historia y se empezó a resolver demasiado pronto porque, mientras el Real Madrid se mostraba infalible desde el arco y contaba con un Campazzo a la altura de sus últimas exhibiciones, el Unicaja se empeñaba en lanzar triples como única solución a sus ataques, aunque no acertaba con ninguno.

Solo la aparición en ataque de su mejor hombre de la final, Dario Brizuela, hizo albergar esperanzas a la afición verde. El Real Madrid tuvo algunas dudas al ver que su renta menguaba, pero, como todos sus hombres la metían desde fuera, siguió sumando de tres en tres para irse al descanso con medio título en el bolsillo. 

El tercer acto arrancó por los mismos derroteros. Los locales seguían empeñados en apostar por los triples en vez de elaborar mejor sus ataques, lo que volvió a abrir el colchón a favor de los hombres de Pablo Laso, que, sin grandes alardes, ponían en práctica un baloncesto más lógico y efectivo, favorecidos por la tranquilidad que les transmitía el marcador.

Para colmo de males del Unicaja, Edy Tavares empezó a entrar en acción y a dominar bajo aros y Carroll siguió destrozando con su buena muñeca las ilusiones cajistas, que ya se habían difuminado del todo al término del tercer cuarto.

El último cuarto sobró. El Real Madrid siguió exhibiéndose hasta el final y el Unicaja, que a pesar de todo completó un gran torneo, continuó impotente hasta confirmar que la maldición del anfitrión -por la que solo dos organizadores han ganado el título ante su afición en 36 años de la era ACB- se prolongaba un año más, y ya van 18.

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