POLÍTICA
07/07/2020 15:12 CEST | Actualizado 07/07/2020 15:27 CEST

El Supremo confirma que Hermann Tertsch vulneró el honor del padre y el abuelo de Pablo Iglesias en un artículo de prensa

La Audiencia de Zamora valoró que el artículo no era veraz y que la conducta del periodista no fue diligente.

EFE
Herman Tertsch

La Sala Primera del Tribunal Supremo ha desestimado los recursos interpuestos por el periodista Hermann Tertsch contra la sentencia de la Audiencia Provincial de Zamora que apreció la vulneración del derecho al honor del difunto abuelo de Pablo Iglesias y de sus familiares, y en particular de su hijo, que fue quien interpuso la demanda, por el contenido no veraz de un artículo publicado en el diario ABC.

En dicho artículo se imputaba a D. Manuel Iglesias Ramírez la participación en “sacas” durante la Guerra Civil, y más en concreto en la del marqués de San Fernando y su cuñado, que terminó con la muerte de ambos por una milicia del bando republicano.

La Audiencia de Zamora valoró que el artículo no era veraz y que la conducta del periodista no fue diligente, porque prescindió de contrastar una información previamente publicada con otras fuentes a su alcance (principalmente, las causas sumariales), cuya consulta no podía considerarse una carga exorbitante o excesiva en función de la gravedad de las imputaciones.

“Imputaciones tan graves exigían extremar su diligencia”

La Sala considera que unas imputaciones tan graves exigían al periodista extremar su diligencia a la hora de contrastar los hechos, mediante la consulta de fuentes accesibles e inequívocamente más objetivas, como los archivos históricos, en particular los expedientes penales referidos a D. Manuel Iglesias.
A ello se une que ni siquiera las fuentes informativas que el recurrente tomó en
consideración justificaban que este se expresara públicamente con tal grado de certeza acerca de la participación de D. Manuel Iglesias Ramírez en la detención y fusilamiento del referido marqués y su cuñado.

Las imputaciones del periodista tampoco podían ampararse en la libertad de expresión, porque la legitimidad de la crítica a determinadas ideologías por alinearse con interpretaciones sesgadas de hechos históricos (en particular, relativos al comportamiento de los dos bandos durante la Guerra Civil), no justificaba que para sustentar o argumentar esa crítica se hicieran, sin respetar el deber de veracidad, imputaciones tan graves y de tanta intensidad ofensiva como las dirigidas contra el padre del demandante.

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