POLÍTICA
31/03/2021 05:53 CEST

España-Kosovo, la diplomacia se pelea a balonazos

Los de Luis Enrique se enfrentan este miércoles en Sevilla a la selección de un país que el Gobierno no reconoce y del que no quería lucir ni la bandera.

MikhailMishchenko via Getty Images/iStockphoto
Un balón de fútbol, con la bandera de Kosovo.

Este miércoles, la Selección española de Fútbol masculino sale a jugar con una china en la bota. Se llama Kosovo, como su rival. Ambas escuadras tendrán que medirse en la fase de clasificación para el Mundial de Qatar 2022, protagonizando un duelo que va más allá de lo deportivo: el Gobierno de Madrid no reconoce la independencia de esta antigua provincia serbia y de ahí que venga precedido de peleas sobre banderas, himnos, denominaciones y recelos cada vez más viejos. 

Sobre el césped del Estadio de la Cartuja de Sevilla se desplegarán 22 jugadores y un conflicto diplomático de fondo que por poco pone en riesgo el partido. La Federación balcánica emitió un comunicado exigiendo que se retirase la denominación de “territorio de Kosovo” para referirse a su equipo nacional, evitando afirmar que es un país; también reclamaba igualdad de trato en el uso del himno y la bandera, siguiendo las directrices de la UEFA y la FIFA.

“El enfoque del Estado español hacia el Estado de Kosovo ha sido lamentablemente destructivo desde la declaración de Independencia el 17 de febrero de 2008, pero este enfoque y la estructura que las instituciones de este país intentan darle a la ciudadanía de Kosovo, no puede cambiar la historia y la realidad”, dijo la federación kosovar en un comunicado. 

Esta provincia declaró su independencia de Serbia en 2008 tras una guerra, de 1998 a 1999, entre las fuerzas de la República Federativa de Yugoslavia y el Ejército de Liberación de Kosovo, y aún hay división en el mundo sobre si es un estado de pleno derecho o no lo es. Vox, el partido de ultraderecha, hasta había preguntado en el Congreso por la necesidad de celebrar el partido en un campo neutral, por si hacerlo en Sevilla suponía algún tipo de reconocimiento o de paso en favor de Pristina.  

Al final, por vez primera, el Gobierno de España permitirá que Kosovo luzca todos sus símbolos nacionales. No es que le haga gracia, es que está obligado. “España evidentemente no reconoce a Kosovo como un Estado independiente, pero eso no significa que España no participe en torneos en los que participa Kosovo. Aquí estamos jugando con las reglas FIFA. Son sus reglas, no son las del derecho internacional en materia de reconocimiento de Estados. Por eso en la FIFA hay competidores como Islas Feroe, Gales, Escocia, Irlanda del Norte o Gibraltar, que no son Estados”, ha apuntado la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya.

Las normas de la competición lo indican claro, como dice la ministra, y hay precedentes de lo mal que puede ir contraviniéndolas. En noviembre de 2018, el Comité Olímpico Internacional amenazó a España con excluirla de las competiciones por imponer trabas a la participación de este país / no país. En 2019, la UEFA quitó a España el hospedaje de un torneo sub-17 de fútbol que se iba a celebrar en Benidorm por no permitir la bandera kosovar, y un año antes, en el Mundial de Kárate celebrado en Madrid, se impidió a los kosovares competir con su equipación, por llevar el azul, el amarillo y el blanco, los colores nacionales.

Kosovo, con apenas dos millones de habitantes, es miembro de la FIFA desde mayo de 2016. Se estrenó, amistosos aparte, con un encuentro oficial en la fase de clasificación para Rusia 2018 con un empate con Finlandia. Quedó tercera en su grupo para la Eurocopa 2020, superada por Inglaterra y República Checa.

Lo que dice España

La posición del Ejecutivo de Pedro Sánchez, como la de sus antecesores José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, está clara. “España no reconoce a Kosovo como Estado independiente y esa posición no cambia por que la selección española de fútbol juegue en un torneo internacional contra el equipo kosovar. Si nuestra posición cambia en algún momento, será por razones mucho más sustantivas”, afirman en Exteriores.

“Sin perjuicio de que la posición de España sobre ese territorio permanezca inalterada, se estudiarán fórmulas, compatibles con la normativa FIFA, para que, desde el estricto no reconocimiento de Kosovo, se puedan disputar los partidos de clasificación”, abundan.

La Unión Europea no tiene aún una posición clara respecto a Kosovo, 23 de los 28 países de la UE reconocen su independencia, aunque Serbia sigue considerando formalmente al territorio como la provincia autónoma de Kosovo y Metojia. Los cinco estados restantes, España, Eslovaquia, Grecia, Rumanía y Chipre, se niegan a dar su reconocimiento.

España es el único país de la Unión Europea que no admite el pasaporte kosovar para poder obtener un visado Schengen.

Cataluña, clave

¿Razones de esa negativa? Pues no tienen tanto que ver con Serbia y su litigio como con lo doméstico. El conflicto catalán es la razón principal, ya que el reconocimiento de Kosovo podría sentar precedente, pese a las diferencias de las dos reivindicaciones. Los independendistas catalanes siempre han mostrado su afinidad a la República de Kosovo, desde el momento que realizó la declaración unilateral de independencia, en febrero de 2008.

Los principales partidos representantes del movimiento independentista, como Esquerra Republicana de Catalunya y la entonces Convergència i Unió, felicitaron al primer ministro kosovar del momento, Hashim Thaçi, y presentaron mociones instando al Gobierno central para que reconociese a Kosovo.

Sin embargo, el propio Thaçi declaró en 2018 que “España no es Serbia y Cataluña no es Kosovo”. “Invito a España que nos reconozca, ya que sería la decisión correcta. El caso de Kosovo es especial. En Kosovo ha ocurrido limpieza étnica y genocidio por parte del Estado de Slobodan Milosevic. Hemos librado una batalla por existencia. La intervención de la OTAN ha sido una intervención humanitaria para proteger a la población civil. España no es Serbia, no está gobernada por un Slobodan Milosevic, y tampoco Cataluña es Kosovo”, argumentó.

Pese a ello, el eco de las conexiones entre los dos movimientos ahí sigue. El que fuera ministro de Asuntos Exteriores español, Josep Borrell, afirmó entonces que en caso de acuerdo entre Kosovo y Serbia sí que reconocerían la independencia del estado de balcánico. Borrell, un hombre que en 2019 salió de la sala donde se reunían los jefes de la diplomacia de los Veintisiete, al entrar en la sala el representante de Kosovo, siguiendo los pasos de Rajoy, que siendo presidente, un año antes, no acudió a una cumbre en Bulgaria por las mismas razones. Ya antes, Zapatero había retirado las tropas españolas en la región, sin escuchar las críticas de la OTAN. Y Borrell, un hombre que hoy es el jefe de la diplomacia comunitaria y cuya postura sobre Kosovo arrojó dudas en su proceso de selección.

No obstante, el exministro de Exteriores español ya dejó claro en 2018 que hay un pero, una excepción a esta posición de no reconocer al país, y es que Kosovo y Serbia pacten el reconocimiento de su independencia, con lo que dejaría de considerarse una declaración unilateral: “No somos más papistas que el Papa”, dijo gráficamente. 

España apuntala su postura, Cataluña o nacionalismos aparte, en la “coherencia”, como decía Rajoy,  de su estrategia política internacional de no reconocer declaraciones unilaterales de independencia. Defiende el Gobierno, del PP o del PSOE, que el reconocimiento internacional de un Estado se basa en el consenso y el multilateralismo. Lo mismo piensan los más de 90 países que no reconocen a Kosovo en todo el mundo.

Un problema para la UE

Esta posición de España y los otros cuatro países es uno de los principales obstáculos que enfrenta Serbia para alcanzar su adhesión a la Unión Europea, un proceso que comenzó en 2009 cuando el entonces presidente, Boris Tadić, presentó la solicitud de ingreso y entregó a la justicia al criminal de guerra Ratko Mladić, responsable de la masacre de Srebrenica durante la Guerra de Bosnia, que se ocultaba en territorio serbio. La adhesión a la UE es uno de los asuntos en los que la unanimidad es forzosa.

El Parlamento Europeo volvió a reclamar el jueves pasado a los cinco estados que todavía no reconocen Kosovo que lo hagan, apuntando que su independencia es “irreversible” y que apoyaría la política de Ampliación del bloque europeo. “La independencia de Kosovo es irreversible y su reconocimiento sería beneficioso para la normalización de relaciones entre Kosovo y Serbia y mejoraría y consolidaría la estabilidad en la región y facilitaría la integración europea de ambos”, sostiene un informe elaborado por la eurodiputada verde alemán, Viola von Cramon-Taubadel.

Dónde nace todo

En los años 90, los serbios gobernaron Kosovo y a los albaneses kosovares, que representaban 90% de la población, con una vara de hierro. Como denunciaban los independentistas, no podían tener ni un trabajo en la administración y hasta sus hijos fueron expulsados de las escuelas. Hablaban de un régimen “muy opresivo”, un “apartheid”.

Fue así como el movimiento separatista llamado Ejército de Liberación de Kosovo empezó a atacar a la policía serbia. La reacción de las autoridades serbias fue reprimir violentamente a los albaneses en Kosovo. 

En marzo de 1999, Estados Unidos y sus aliados occidentales intervinieron en el conflicto. Durante 78 días, bombardearon Serbia. Cientos de miles de serbios huyeron de Kosovo, dejando a la vista una tierra arrasada por las atrocidades de su gobierno, denuncian los kosovares. Belgrado se niega a reconocer la independencia proclamada en 2008, porque Kosovo es muy importante para los serbios nacionalistas: en 1389, sufrieron una derrota catastrófica a manos de los turcos otomanos, la llamada Batalla de Kosovo, y aquello, con el paso de los siglos, se ha convertido en memoria del país, que se niegan a olvidar y a perder de nuevo. 

Tras la guerra entre Kosovo y Serbia, el territorio que España no reconoce quedó formalmente como una provincia autónoma de Serbia, administrada por las Naciones Unidas de forma interina, si bien el Gobierno de Belgrado no intervenía en la práctica en la región. En febrero de 2008, el parlamento kosovar proclamó la independencia, de forma unilateral, que es lo que nuestro Gobierno le reprocha.

La Asamblea General de la ONU consultó a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que en 2010 dictaminó de forma no vinculante que la proclamación no había violado el derecho internacional.

La declaración de independencia, no reconocida por Serbia, dividió y divide a la comunidad internacional. Kosovo sigue sin ser reconocido como estado independiente no sólo por España, sino por países como China o Rusia, pero cuenta con el apoyo de otros en torno a 100 integrantes de la ONU, entre ellos Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Francia y Alemania. 

La mano inocente de Rafael Van der Vaart ha traído un dolor de cabeza añadido a los diplomáticos españoles, pero no son los únicos: en el grupo de clasificación, sólo un país, Suecia, reconoce diplomáticamente a todos sus rivales; Grecia y Georgia tampoco reconocen a Kosovo, por lo que se están enfrentando a problemas similares. 

De momento, no se ha pasado de los balonazos. 

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