POLÍTICA
21/05/2020 21:56 CEST | Actualizado 21/05/2020 22:21 CEST

En estado interno de alarma

Tensión entre el PSOE y Unidas Podemos por el pacto con Bildu sobre la reforma laboral.

EFE
Sánchez, Calvo e Iglesias

Tres puntos de acuerdo, tres membretes (PSOE, Unidas Podemos y Bildu) y tres firmas (Adriana Lastra, Pablo Echenique y Mertxe Aizpurua). Un mail con un documento de acuerdo a las 20.26 del miércoles después de prorrogar el estado de alarma. Y el tablero político se ha tambaleado totalmente en 24 horas: tensión y choque entre los miembros del Gobierno de coalición, malestar dentro del socialismo, enfado de los partidos más cercanos al Ejecutivo que le permiten hasta ahora ganar parlamentariamente, ira de los empresarios y durísimas críticas desde la derecha.

El Gobierno lograba tras días de negociaciones el miércoles por la tarde sacar adelante la prórroga del estado de alarma con 177 votos a favor y 152 en contra, tras días de nerviosismo y con la calculadora a punto de explotar. La mayoría la daba la suma del PSOE, Unidas Podemos, Ciudadanos, PNV, Más País, PRC, CC y Teruel Existe, frente a la negativa de PP, ERC, Vox, Compromís, CUP, Junts y Foro, en tanto que se abstenían Bildu, UPN, BNG y NC.

Y tras esta votación llegaba un titular que nadie esperaba: un acuerdo firmado a tres bandas por el PSOE, UP y EH Bildu, por el que esta formación se abstenía a cambio del compromiso de la derogación “íntegra” de la reforma laboral impulsada por el PP en 2012 (algo que debería hacerse antes de que finalicen las medidas extraordinarias tomadas por el Ejecutivo por el Covid-19).

Las alarmas saltaban desde ese momento, no solo entre la oposición, sino dentro del sector socialista del Gobierno. La mayoría de ministros no tenían ni idea, al igual que altos cargos socialistas. No obstante, durante el debate había sucedido un extraño pasaje que pasó desapercibido en el que el presidente, Pedro Sánchez, daba las gracias a la representante de Bildu por su abstención. Y ella le contestaba: “Se ha adelantado un poco, ha dado por hecho nuestra abstención. Me ha evitado tener que alargar este discurso y se lo agradezco. Esto es que entiendo que ha aceptado el acuerdo para la derogación íntegra de la reforma laboral”.

Calviño pidió una rectificación del pacto y vuelve el duelo de la vicepresidenta económica con Iglesias

 

El comunicado y los titulares empezaron a remover todos los cimientos de una parte del Gobierno y del PSOE. Tres horas más tarde llegaba una rectificación de Ferraz, en la que se eliminaba ese punto 1 del acuerdo y se limitaba a quitar los aspectos más lesivos de la reforma laboral, como se recoge en el acuerdo de Gobierno entre socialistas y UP. Detrás de ello había un movimiento de la propia vicepresidenta económica, Nadia Calviño, que no sabía nada del acuerdo hasta que lo vio en la prensa e intermedió ante Pedro Sánchez para echar para atrás.

Horas de nervios y de confusión. Y un consiguiente enfado y grieta con el socio de Gobierno. Pablo Iglesias no lo ha ocultado este mismo jueves a primera hora y en un tono contundente y taxativo ha advertido al PSOE: “Voy a ser cristiano, pacta sunt servanda (lo firmado obliga)”. La ministra de Igualdad, Irene Montero, insistía: “Lo firmado está firmado”. Discrepancias en público y en alto.

El desajuste dentro del Gobierno era más que evidente a lo largo del día, y a la misma hora que hablaba Iglesias, el ministro de Transportes, José Luis Ábalos, se ceñía a la rectificación y decía que prevalecía la “nota aclaratoria”. La puntilla final la ponía por la tarde Nadia Calviño durante una intervención online ante el poderoso Cercle de Economía: es “absurdo y contraproducente” abrir en estos momentos un debate sobre la reforma laboral y garantía de que cualquier cambio se haría de manera dialogada con los agentes sociales. Todos constantemente conectados esperando a ver lo que decían los otros 

Malestar dentro del PSOE por una abstención de Bildu que no fue necesaria, la dirección negoció a varias bandas por si fallaba algún partido

 

“Tranquilidad” de Podemos por la situación del Gobierno

¿Supone esto una crisis de Gobierno? ¿Pueden romper PSOE y Unidas Podemos? Los socialistas, según fuentes consultadas, indican que este tipo de roces son habituales en los Gobiernos de coalición, y más en una primera experiencia. No obstante, siempre se defiende que la fórmula está funcionando. Además, todos son conscientes de que ahora mismo no hay alternativa y que romper sería ir a elecciones a un momento en el que se está viviendo la peor pandemia en décadas. En Ferraz también se quejan de que estas negociaciones a varias bandas que han provocado el episodio con Bildu se deben a la “irresponsabilidad” del PP de no pactar la prórroga. Mientras, a pesar del enfado, en UP, comentan fuentes parlamentarias moradas, se espera que este careo no erosione la relación. Desde Podemos, se dice que hay “cero” preocupación y que hay absoluta tranquilidad sobre la situación dentro del Gobierno.

Pero vuelve ese choque latente desde que antes que naciera el Gobierno: Calviño vs. Iglesias. Dos visiones totalmente diferentes, la ortodoxia bruseliense frente al endeudamiento para un escudo social. A pesar de que sectores del Gobierno quieren enmarcar este rifirrafe en el ámbito parlamentario, va mucho más allá y afecta al seno del Ejecutivo de coalición. Ya se habían visto grietas durante el Consejo de Ministros que aprobó el estado de alarma entre estas dos facciones y posteriores choques con temas como el alquiler y el ingreso mínimo vital.

EFE
Iglesias y Calviño

Lo cierto es que ese acuerdo se guardó en silencio hasta después de la votación, pero se negociaba desde antes. El martes ya estaban de lleno armándolo Lastra, Echenique y la diputada de Bildu, según fuentes parlamentarias. Tanto socialistas y los morados dicen que se refieren al acuerdo de Gobierno firmado y desde Unidas Podemos en el Congreso dicen que se trata solo de una polémica “mediática” por la “terminología” empleada.

Tanto en el PSOE como en Unidas Podemos reconocen internamente que no se puede eliminar tal cual la reforma porque crearía un vacío legal en estos momentos. Además, una de las cosas que parecen imposibles es hacer ese cambio en el tiempo que se presupone en el acuerdo, pues las medidas del estado de alarma sólo se alargan hasta el 7 de junio si no se consigue otra prórroga.

El malestar dentro del PSOE ha recorrido durante todo el día, especialmente entre las federaciones del partido. No entienden muchos parlamentarios y cargos que se firmara cuando ni siquiera fueron decisivas las abstenciones de Bildu. Lo que se interpreta en ámbitos del partido es que era una de las bandas en las que se negociaba ante sorpresas de última hora por si fallaba, por ejemplo, el PNV.

Enfado de PNV y ERC al ver que sí hubo una negociación que Bildu puede vender

Pero esa negociación y acuerdo ha sentado también muy mal entre apoyos del Gobierno durante la investidura. Empezando por ERC, que votó ‘no’ al no acceder el PSOE a sus condiciones y ahora se encuentra con que EH Bildu, con quien siempre va de la mano en las votaciones, se puede apuntar este tanto social. También se han quedado descolocados en Compromís, al ver que ellos dijeron ‘no’ al no poder vender nada en la Comunidad Valenciana. 

Pero no sólo en el ‘no’. En el PNV se han quedado también a cuadros, ya que ellos apoyaron abiertamente a Pedro Sánchez y se han encontrado con la supuesta contrapartida a EH Bildu por una mera abstención innecesaria a las puertas de unas elecciones vascas el próximo 12 de julio. Tampoco lo comprenden los socialistas vascos, todavía dolidos por los ataques radicales a la casa de la líder del PSE, Idoia Mendia. Otro de los ‘síes’ fue el PRC de Revilla, que ha rechazado de lleno también el pacto con Bildu.

El tablero político está extremadamente sensible en una situación muy complicada. El Gobierno logró acordar con Cs limitando a 15 días la actual prórroga del estado de alarma, pero no descarta pedir otra para llevar a cabo su intención de que dure todo el proceso de desescalada. Los ‘naranjas’ se han mostrado abiertos a seguir llegando a consensos, pero no garantizan nada y rechazan convertirse en un socio estable de Sánchez. El acuerdo con EH Bildu pone más piedras y, además, Cs no está por una derogación íntegra de la reforma laboral.

Todo ello con una mayoría de investidura tambaleante, peligrando por la mala relación que hay ahora con ERC y Compromís. Con un PNV molesto, que siempre se mueve de manera pragmática y tiene activada la maquinaria electoral para su principal objetivo: ganar en Euskadi y que EH Bildu no le haga sombra.

El Gobierno, en estado de alarma... interna. 

 

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