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21/06/2021 10:14 CEST | Actualizado 21/06/2021 13:19 CEST

Héctor Salvador, el primer español en llegar a la zona más profunda del océano: "No tuve miedo"

"Hasta el 2019 12 personas habían caminado sobre la superficie lunar y solo tres habían llegado al fondo de la fosa de las Marianas".

Triton Submarines
Héctor Salvador, en el submarino durante la expedición.

“Es la primera vez en la historia que el ser humano puede bajar a cualquier punto de nuestros océanos”. Así de rotundo, feliz y orgulloso se muestra Héctor Salvador, un lucense de 38 años que el pasado 18 de abril se convirtió en el primer español en descender los 10,7 kilómetros de profundidad del abismo de la Sirena, uno de los puntos más profundos del mundo situado en la fosa de las Marianas.

Lo hizo casi de rebote, sin esperarlo ni contemplarlo al principio de la misión, pero logró escribir su nombre dentro de los avances de la ciencia española y mundial. 

Salvador, junto a la empresa en la que trabaja, Triton Submarines, recibió una llamada hace seis años del explorador estadounidense Victor Vescovo para diseñar un vehículo que pudiera bajar al punto más profundo de los cinco océanos. 

Tras años de investigación y desarrollo del vehículo, en el que una tercera parte se ha diseñado gracias a los avances logrados por empresas españolas, Vescobo realizó su expedición entre diciembre del 2018 y agosto del 2019. 

Una vez terminada y con un submarino que, por primera vez, podía operar a cualquier profundidad, continuaron con sus expediciones científicas. “Es como si fuera un alunizaje en la Luna, hasta el 2019 12 personas habían caminado sobre la superficie lunar y solo tres habían llegado al fondo de la fosa de las Marianas. Es un poco la perspectiva. Hay que aprovecharlo”, destaca este lucense, que lleva una década pilotando submarinos.

Así que el pasado mes de abril, en una expedición auspiciada por Larry Connor, se sumergieron en los tres abismos más profundos de la fosa de las Marianas. Pero Salvador no bajó, se quedó en la superficie. 

Sin embargo, cuando se encontraban en el fondo del abismo de la Sirena, un módulo científico que sirve para triangular la posición y guardar el material se quedó atascado. No conseguían traerlo a la superficie. Ahí entró en juego Salvador, que como especialista de misión tuvo que bajar al lecho marino, localizarlo, arreglarlo y devolverlo a la superficie. 

Triton Submarines
Héctor Salvador saliendo del submarino tras la expedición.

“Me llaman a las 23:00 para decirme que iba a bajar a las 4:00 como especialista de misión para operar el brazo robótico y localizar el módulo. Es del tamaño de una lavadora y estaba apagado. Además, como objetivo secundario, teníamos que intentar encontrar una comunidad de bacterias que se alimenta de las sustancias químicas y que es de gran intereses para la comunidad científica porque incluso hay quién cree que podría ser el origen de la vida en nuestro planeta”, recuerda.

Salvador, sin miedo alguno y cumpliendo casi un sueño de niño, no se lo pensó dos veces y se enfundó el mono de trabajo. “Fue una oportunidad” única, asegura feliz. Tanto él como su compañero Tim Macdonald llegaron al lecho marino tras más de cuatro horas de descenso. Tardaron unos 20 minutos en localizar el módulo y en una hora lo había enviado de nuevo a la superficie. 

“Entonces tomamos una pausa para comer un bocadillo. Recordaba la frase que nos dijo James Cameron, que había bajado en 2012, y que nos comentó que abajo reflexionáramos y tomáramos un momento para ver donde estábamos”, asegura.

“Te das cuenta que nosotros somos los dos únicos seres humanos a casi 11 kilómetros de profundidad con toda esa columna de agua sobre tu cabeza... Casi sientes que es un privilegio estar ahí y poder contemplar con tus propios ojos el fondo de la fosa de las Marianas”, describe. 

Un mundo por descubrir dentro de nuestro mundo

“En el siglo XXI hemos caminado sobre la Luna, hemos mandado robots a Marte, pero no podíamos llegar a cualquier punto de nuestro propio planeta”, compara Salvador para mostrar la relevancia de la hazaña. 

La expedición la hicieron a oscuras desde los 300 metros, profundidad a la que desaparece la luz solar. “Si enciendes las luces ves partículas pasar por delante de los ojos de buey del submarino, pero bajando a 100 metros por minutos ves cosas que pasan por delante sin ser capaz de identificar lo que es”, rememora.

Triton Submarines
Héctor Salvador y su compañero Tim Macdonald.

“Cuando enciendes los focos en el fondo es un momento muy emocionante”, señala. Ahí abajo incluso llegaron a localizar la zona de subducción donde una placa tectónica se introduce bajo la otra: “La placa Pacífica se introduce en la Filipina. Ves el cambio en la orografía, una baja con menos inclinación y la otra sube más inclinada. Puedes ver todo el material que está siendo arrancado por el deslizamiento de placas”. 

Además, consiguieron por primera vez en la historia obtener las comunidades de bacterias que viven a más de 10 kilómetros de profundidad.  

“Utilizar este ejemplo para motivar a las próximas generaciones”

Salvador espera que su ejemplo, igual que el de otros muchos científicos, sirva para motivar a los más jóvenes: “Que vean que un español es capaz de construir una parte de este vehículo y bajar a un sitio como este y a cualquier punto de nuestros océanos”.

Por ello, destaca el papel que está jugando la ciencia desde que empezó la crisis del coronavirus, ya que ha tenido una notoriedad y presencia en el día a día de la gente que antes no tenía.

“Hay que ser más orgullosos de lo que se está haciendo. En nuestro país la gente sigue preguntándose y esto para qué, pero en los últimos meses se han dado cuenta de que gracias a la ciencia se pueden afrontar grandes avances, como el desarrollo de la vacuna y control de la pandemia. Espero que poco a poco la mentalidad de la población reconozca el valor de la ciencia en todos sus ámbitos”, desea.

Además, concluye confesando que confía en que estas expediciones siembren la semilla de lo que ocurrió en 1907, cuando volaron por primera vez: “En aquel momento no se podrían imaginar que un siglo después millones de personas volarían en cualquier momento”.

Habrá que ver si en 2121, el ser humano ha sido capaz de cartografiar parte  del 80% que falta por explorar de los océanos. Lo que es seguro es que cualquier paso como este acerca a conocer un poco mejor (y aún queda mucho) a nuestro planeta.

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