POLÍTICA
31/05/2021 20:59 CEST

Cómo explicar los indultos

El Gobierno asume el coste político y tiene como objetivo que cale en estas semanas por qué lo hace.

FERNANDO VILLAR / EFE
Ribera, Calviño, Sánchez, Díaz, Laya y Reyes Maroto en la cumbre con Polonia en Alcalá de Henares

Cuando Pedro Sánchez toma una decisión, lo hace convencido y va a por todas. Y el presidente ya ha puesto la pista para que los indultos despeguen durante las próximas semanas. Los trámites siguen avanzando y llegarán al Consejo de Ministros previsiblemente antes de agosto. Supondrán un antes y un después.

En estos momentos se afina todo puertas adentro, revisando especialmente los aspectos más jurídicos para evitar un posterior varapalo ante los anunciados recursos de la oposición. Pero también se prepara ya el terreno de la opinión pública ante un tema muy delicado que provoca rechazo en una parte de su propio electorado más moderado. En el Gobierno y en el partido saben que hay que hacer mucha pedagogía durante este tiempo y son conscientes de que no es una decisión fácilmente asumible para muchos españoles.

Tendrá coste político, señalan tanto fuentes del Gobierno como del PSOE, pero es necesario ese paso. Y así lo han empezado a explicar ya, aunque no hay confirmación oficial todavía de la aprobación de los indultos ni de su fecha. La idea que traslada el propio presidente del Gobierno es que hay que abrir tiempos de concordia y no de venganza. Lo decía el líder socialista tras la cumbre de este lunes con Polonia en Alcalá de Henares: hay que pasar página del “mal pasado” y pensar en un “futuro mejor”.

Por eso, también estos días se arma bien ese relato. Por una parte, Sánchez ha introducido la idea de que no se hace pensando “en los afectados”, sino en los millones de catalanes y españoles que quieren “vivir en convivencia”. Este es el punto central que el Ejecutivo lleva varios días planteando ante las cámaras: cohesión, paz, conciliación. La idea que quiere explicar el presidente es que esto va a servir para abrir una “nueva etapa” y superar un “desgarro emocional”.

Los suyos le secundan también hablando de que es una medida “valiente”. No pasa desapercibido ese arropamiento con unas palabras similares por dos de sus pilares en La Moncloa: la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, y su jefe de gabinete, Iván Redondo. Uno de los convencimientos que existe entre el núcleo duro de Sánchez es que, a pesar de la polémica, se trata de una medida para el reencuentro entre Cataluña y España y que se valorará mucho más con el tiempo.

El presidente del Gobierno está dispuesto a asumir ese desgaste político, consciente de lo que le viene encima con la oposición -que prepara una gran manifestación en Colón para el día 13- y de la derecha mediática. Pero ya ha dejado claro que piensa asumirlo en primera persona y, dentro de sus argumentos, no hay que verlo como un coste. “Ayudar a resolver un problema no supone un coste”, ha explicado, con la idea de que lo negativo es dejar las cosas “enquistadas”.

Sánchez está dispuesto a intentarlo, pero también espera que haya agua en la piscina del otro lado. En Ferraz y La Moncloa saben que muchos ciudadanos lo pueden ver como el precio a pagar por la estabilidad parlamentaria (una de las principales críticas de la oposición), y encima con los propios afectados rechazando la medida en favor de una amnistía. Esa vertiente la apuntaba hasta el propio Tribunal Supremo. Por ello, coincidiendo con el nuevo Govern, se confía en que haya algún gesto por parte de Esquerra que ayude a entender que las cosas han cambiado y que todos reman en favor de esa convivencia. Por eso se mira directamente al nuevo president, Pere Aragonès. Como apuntaba el ministro José Luis Ábalos: “Un liderazgo claro, que se arriesgue y asuma el coste de decirle a la ciudadanía las cosas realmente como son, no como le gustaría que fueran. Hace falta que alguien ejerza ese liderazgo en Cataluña. Aragonès tiene ahora ese desafío”.

Si alguien espera grietas dentro del actual Ejecutivo o de la dirección del PSOE, puede esperar sentado. El ruido llega de las viejas glorias o de algunos barones, pero el resto escolta al presidente. Nadia Calviño, con la mejor puntuación entre los ciudadanos según el CIS, ha sido también muy elocuente este lunes: el Ejecutivo se guía “por el interés general” y por hacer lo mejor para la sociedad española, aunque sea “impopular”.

Paso a paso. El trámite de los indultos ahora mismo está en el Ministerio de Justicia, donde se están estudiando los informes de los afectados para enviar al Consejo de Ministros la propuesta. Sánchez no le ha querido poner fecha, como tampoco a la Mesa de Diálogo (con el roce que hay entre ERC y el PSC en estos momentos por la intención de los republicanos que vaya Oriol Junqueras). Pero previamente a este órgano habrá una reunión entre el propio Sánchez y el nuevo presidente, Pere Aragonés, como es costumbre. Y también se dará cita a Isabel Díaz Ayuso cuando sea investida en la Asamblea en junio.

De manera paralela, el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, está trabajando en la reforma del Código Penal sobre el delito de sedición, que también podría llegar al Consejo de Ministros en las próximas fechas, aunque no se han concretado tampoco los tiempos. Semanas de decisiones de calado que cambiarán el panorama político. Y de que el Gobierno explique por qué lo hace.

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